Senaquerib, la máxima representación del despotismo asirio

Senaquerib
Senaquerib

El sucesor de Sargón fue Sin-akhe-eriba, su hijo menor, el cual asumió el mismo año de la muerte de su padre, es decir en el 705 a.n.e. Sin embargo es más conocido por su nombre bíblico: Senaquerib. Al igual que su padre, orgullo y presunción, era algo que le sobraba. Además era el rey del imperio más poderoso del mundo conocido, así que como tal, podía hacer lo que se le venga en gana. En efecto, desdeñó la capital nueva de su padre, y no están bien claras las razones Assur también fue relegada como capital. Se cree que al igual que su progenitor Senaquerib quería algo que lo distinguiese. Por tanto la nueva urbe principal la instituyó sobre la célebre Nínive, la cual había alcanzado ya gran progreso. Obviamente, si iba a ser su ciudad, merecía que se lleven a cabo grandes y ambiciosos proyectos arquitectónicos. Antes que nada, era necesario que se nutra de agua y para ello hizo construir un gigantesco canal desde las colinas al norte. Su palacio obviamente debía ser mucho más grandioso que el de su padre, y desde luego, así fue. Tenía alrededor de 200 metros de ancho y 210 de largo. En sus puertas se encontraban toros alados con veinte toneladas de peso y cabezas barbudas. Eran monstruos temerarios que intimidaban a cualquier y sólo pretendían demostrar el poder de Senaquerib. En realidad la adoración al toro no era nuevo en la zona de Mesopotamia, pero es algo bastante característico y representativo de la cultura asiria.

En los primeros meses del hacia el año 703 a.n.e., el gobierno de este monarca se debió hacer frente a una amenaza otra vez en Babilonia, contra Marduk-aplaiddina II. Éste ahora volvía con una alianza hecha con caldeos, arameos y elamitas. Senaquerib dividió su ejército para hacer frente a los sublevados, y obtuvo grandes resultados. Una vez más Marduk-aplaiddina II volvió a huir y Babilonia fue reconquistada. Gran parte de sus ciudadanos fueron desarmados y la urbe sometida al saqueo. Este rey babilonio volvió al poder hacia el año 700 a.n.e. tras una nueva revuelta pero fue otra vez derrotado, por última ocasión. Huyó de nuevo y murió en tierra elamita. Fue entonces colocado en el trono babilonio un rey títere, llamado Bel-ibni, el cual fue castigado por su aparente deslealtad.

La guerra contra Judea 

Probablemente sea el pueblo hebreo el que se lleve uno de los peores recuerdos de Asiria. Como recordaremos, el padre y antecesor de Senaquerib había conseguido tomar el reino israelita del norte y su capital Samaria. Pero aún quedaba el reino del sur y su célebre capital Jerusalén. Hemos podido ver que Senaquerib no tenía descanso ante las guerras y era más cruel y despótico que cualquiera de los que se hayan sentado antes en el trono. Por aquel entonces, los numerosos pueblos vecinos de los asirios, se habían percatado que la mejor fórmula para mantener sus tierras seguras, era mediante la guerra constante. En efecto, la agresividad asiria sólo podía ser contrarrestada con más violencia y presión en sus fronteras que si bien no necesariamente los derrotaría en corto plazo, al menos los mantendría neutralizados. En la frontera oriental estaban Elam y los elamitas, los cuales incitaban a los caldeos, en especial los babilonios, para rebelarse ante la autoridad de los asirios. Una segunda amenaza venía de las fronteras occidentales donde estaban los egipcios y varios reinos vasallos en la zona de Palestina. Allí estaba el reino israelita del sur, Judá con su capital en Jerusalén, gobernado por Ezequías, el cual se negó totalmente a pagar tributo a Asiria gracias a los consejos del faraón egipcio, el cual quería disminuir el poder de Senaquerib. Obviamente, al ser el judío un rey vasallo, y ya teniendo en cuenta que los asirios no habían destruido sus dominios, Senaquerib estalló y lo tomó como una clara declaración de guerra.

No sólo Judá sino probablemente hasta Egipto, entendería el poder cruel de los asirios en su máximo esplendor. Pero inesperadamente sucedería algo que genera discrepancias entre los historiadores. Antes que nada hay que tener en cuenta que Ezequías era un gran legislador, reformador y buscaba devolver el culto a Iahvé a como dé lugar, diferenciándose del imperio politeísta que los dominaba. Obviamente, entre esos aspectos, estaba el no someterse a la imposición religiosa y política de Asiria, y si los amigos egipcios ayudaban, ¿porqué no intentarlo? Finalmente en el año 701 a.n.e. Senaquerib dejó sus obligaciones en otros frentes de su imperio y marchó a acabar definitivamente con Judá y Jerusalén. Castigando ciudades a su paso y como un torrente de fuego, raudamente puso sitió a la capital del reino judío devastando sus alrededores para dejarla aislada. Sin embargo Senaquerib no pudo tomar la capital del reino hebreo pues, según la Biblia (2 Reyes 19:35, 36) el ángel de Dios aniquiló 185 mil soldados asirios en una sola noche y su rey, humillado, se vio obligado a retirarse sin más alternativa.

Herodoto también hace mención de una misteriosa e inexplicable derrota del invencible Ejército Asirio. Empero, algunos investigadores como Isaac Asimov, prefieren ser más cautos y estiman que refuerzos y suministros de Egipto llegaron a salvar a Jerusalén. Puede ser que los asirios ganasen la batalla, pero quedaron muy debilitados de todos modos. En las crónicas asirias rescatadas en un Prisma hexagonal, preservado en el Museo Británico, los asirios hacen mención a una retirada. Dice más o menos lo siguiente:

“En cuanto a Ezequías, el judío, no se sometió a mi yugo. Puse sitio a 46 de sus ciudades fuertes, baluartes e innumerables aldehuelas de sus inmediaciones, y las conquisté…a él mismo hice prisionero en Jerusalén, su residencia real, como a un pájaro en una jaula”. Tal parece que, intacta, de todas maneras Jerusalén debió pagar 30 talentos de oro, 800 talentos de plata, piedras preciosas, tesoros y otras cosas más. Si bien se hace mención a la dominación de Judá, no se habla de la destrucción de Jerusalén. Es obvio, que al ser escrito por los asirios, se intentó maquillar la verdad acerca de lo sucedido, y antes que admitir una derrota o retirada, Senaquerib prefiere alegar que los judíos vieron el poder de su enemigo como irresistible, y finalmente decidieron optar por una paz razonable. Por supuesto, todo suena muy jactancioso. Los historiadores e investigadores como Isaac Asimov, siguen siendo precavidos, y argumentan una retirada asiria debido a la presión en otras fronteras del imperio. Senaquerib, ante el peligro de verse aniquilado y de que bárbaros irrumpan en las fronteras de su imperio, se retira. Además Babilonia y las regiones de Caldea o Baja Mesopotamia, debieron haberse mostrado inquietas de nuevo, lo cual terminó por inclinar a Senaquerib a un retiro apresurado y prácticamente súbito. En el resto del reinado de este soberano asirio, los judíos no se rebelaron más contra él. El hijo y sucesor de Ezequías, Manasés es a menudo menospreciado por los feligreses judíos y cristianos como cobarde, pues se subyugó totalmente a la voluntad asiria. De todas maneras, su posición, siendo más objetivos, era razonable, pues no tenía el poder como para rebelarse.

Los últimos años del reinado

Pueblo Asirio
Pueblo Asirio

Después de su experiencia en Judá Senaquerib seguía teniendo como principales enemigos a los elamitas que se habían hecho fuertes en la región del Golfo Pérsico. Decidió emprender entonces una nueva campaña contra ellos, forzando y usando a sus aliados fenicios para construir una flota y dirigirla contra los elamitas, los cuales, desde la frontera oriental, no dejaban de incitar a los babilonios y habitantes de la antigua sumeria, a rebelarse contra el poder asirio. Tan seria era su ofensiva, que según Isaac Asimov, también se usaron navegantes griegos. Senaquerib enfrentó entonces a los caldeos, aliados de los elamitas, en el río Ulaya y ganó. Sin embargo al llegar a la altura del Golfo Pérsico, el rey asirio se enteró de que los elamitas habían abandonado su propio país para ir hasta Babilonia. Además el hijo de Senaquerib fue capturado. Era alrededor del año 693 a.n.e. y el rey asirio regresó desesperado hacia el norte para recuperar lo que era suyo. Pasaron entonces alrededor de dos años de guerra contra Nippur, el reino elamita y Babilonia. Asiria los fue debilitando progresivamente.

Tal vez lo que incitó a los asirios a combatir esforzadamente, lo que a la larga les dio la victoria, fue verse rodeados y aniquilados. Además Senaquerib estaba preso de furia por el tiempo perdido, y finamente se abre paso hasta la ciudad de Hamurabi, la cual hasta ese momento, pese a las sucesivas guerras y actos de rebeldía, se había salvado de la destrucción una vez tras otra. Era el corazón cultural de Mesopotamia, del Imperio Asirio, y posiblemente de casi todo el mundo en aquella época, y Senaquerib lo sabía. Sin embargo, después de su frustrado intento de tomar Jerusalén, no estaba dispuesto a volver a hacer el ridículo. Finalmente Babilonia cae en el 689 a.n.e. y es saqueada, siendo olvidada durante varios años. Citemos la descripción que da el escritor Isaac Asimov: “…se abrió camino hacia Babilonia e inició la completa destrucción de la ciudad. Destruyó su sistema de canales, echando abajo a los diques y rellenado las acequias con el barro de las casas que hizo abatir desviando la corriente del Éufrates. Hasta destruyó los templos y se llevó a Asiria la misma estatua de Marduk, Su propósito era arrasar totalmente la ciudad. Pero no lo consiguió. La ciudad sobrevivió, muy miserablemente al principio, pero sobrevivió.”

Los asirios eran buenos guerreros, de eso no cabía duda, pero también buenos saqueadores. En efecto, las murallas de la ciudad fueron derribadas, y todo dentro de ella, incluido sus diques y sistema de canales, fue arrasado. Ni siquiera los templos de uno de los dioses más respetados, Marduk, se salvaron de la ruina. La estatua de esta divinidad inclusive fue llevada a los territorios propios de Asiria. Obviamente tal golpe fue duro para los babilonios, pero sobrevivieron. Si bien la mayor parte de los centros urbanos y políticos estaban hechos añicos, los habitantes de la excelsa urbe pudieron reconstruirla con el pasar del tiempo y planear una exquisita venganza. Las otras ciudades rebeldes así como los elamitas fueron también castigados. En los años que le quedaron como gobernante, Senaquerib se dedicó a continuar su labor de gran arquitecto, y también mantuvo a raya a sus enemigos internos y externos. Su imagen siempre era sinónimo de crueldad y severidad. Sin embargo tuvo un mal final, pues en el año 681 a.n.e. haciendo ritos religiosos, murió, al parecer en una conspiración llevada a cabo por sus dos hijos mayores. Un logro por el cual es reconocido, fue la introducción del algodón al Cercano Oriente, gracias a sus contactos con la India

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