Mitología sumeria-babilónica

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Mitología sumeria-babilónica

Según el historiador Carl Grimberg, los babilonios eran gente sin esperanza. Para entender el porqué de tal comentario es necesario también conocer el sentido religioso que en la ciudad y sus vasallos se impartía. Empecemos por el principio. Cuando los amorreos invadieron Mesopotamia a diferencia de los acadios, no introdujeron gran cantidad de dioses. Su mayor divinidad era Amurru, el cual, curiosamente pasó a ser un dios más. Entonces, como el  mayor centro de poder amorreo, se asentó en Babilonia, los extranjeros, para considerarse más sumerio-acadios, decidieron adoptar el dios de la ciudad, cuyo nombre era Marduk, considerado el representante del sol. La ciudad de Borsippa, no muy lejos de allí, tenía como dios a Nabu, el cual también fue adoptado por la dinastía, y era considerado asimismo como hijo de Marduk. Éste y casi todos los dioses, pasaron sin pena ni gloria hasta la llegada de Hamurabi, el cual, con Babilonia ya convertida en la capital del Primer Imperio Babilónico, hizo de Marduk, la divinidad principal de todos sus territorios.

Esto obviamente obedeció a cuestiones políticas que ni siquiera hace falta explicar si recordamos la importancia que para los mesopotámicos tenía la religión. Lo que intentó hacer Hamurabi sencillamente fue unificar a las naciones mediante una sola fe, la cual si bien seguía siendo politeísta, mantendría a Marduk como el máximo dios durante casi todo el tiempo en que los babilonios dominaron Mesopotamia. La única región que no se subyugó a esta orden de carácter religioso fue Asur, donde su dios de nombre homónimo, continuó siendo reverenciado como la máxima deidad. En realidad los babilonios, llevaron el ámbito religioso a una máxima expresión. Los mitos sumerios reflejaban que la vida religiosa era fundamental para este pueblo, y también debemos destacar la devoción y la disciplina religiosa acadia. Pero los babilonios llevaron a cabo toda una vasta obra literaria y mítica que en efecto, corroborara lo antes dicho. Si bien se especula que los mitos elaborados por los babilónicos, tienen un origen sumerio, se debe a los primeros la tarea de traspasarlos a tablillas cuneiformes, lo que permitió su posterior hallazgo y conservación. Obviamente estos relatos míticos y legendarios fueron hechos por los sacerdotes, los cuales empezaron a reconfigurar la historia desde una óptica muy babilónica. La semejanza con mitos sumerios, acadios o de otras naciones como los hebreos, no debe sorprendernos, pues fueron antepasados in situ, vecinos o elementos que junto con los babilonios dieron origen a culturas híbridas.

En efecto, por aquel entones los babilonios creían en el Infierno y en un tribunal que allí debía juzgar en base a los pecados. Como el difunto tenía un viaje al más allá, se llevaban a cabo sofisticados embalsamientos, utilizando manteca, acetite, sal, miel y otros recursos. Obviamente antes de la despedida final, se le daba al muerto algunos obsequios que debía llevar al más allá, y finalmente se pronunciaban algunos cantos fúnebres. Al parecer los parientes se infringían daño y dolor físico como arrancarse el cabello y golpearse en señal de duelo. Pero luego de esto venían las fiestas donde se terminaban por consumir los alimentos. Generalmente el difunto se llevaba consigo sus viandas preferidas así como vino en gran cantidad, de este modo su estadía en el infierno sería agradable y evitaría volver al mundo terrenal. Con todo esto que hemos dicho, se entiende a la perfección que además de un infierno, los babilonios creían en un alma inmortal, como muchas culturas antiguas, cientos de años antes que Platón. Respecto a los mitos relacionados con los dioses, y religión, hay que aclarar que algunos de ellos pertenecen a la era babilónica de Hamurabi o pocos años después, y otros a la era del Segundo Imperio Babilónico, varios siglos después. Sin embargo en este caso tratándose de la cosmovisión de una nación enraizada en una ciudad, omitiremos las diferencias de uno u otro período para hablar de los babilónicos en sí.

La creación según Babilonia

Existen varios relatos referentes al origen del mundo. Dos de ellos son considerados importantes, uno que se halló en la biblioteca de Asurbanipal, que es muy antiguo y habla acerca de la época de la creación de los dioses, mientras que el otro, encaja más dentro del período del Primer Imperio. En él se habla de Marduk como aquel que “cubrió las aguas con un lecho de cañas, después creó la Tierra y la llenó de estas cañas”. Posteriormente creó a los hombres, y gracias a la diosa de la fertilidad Aruru, les dio a estos el don de reproducirse. ¿Y cómo se creó a la humanidad?; pues los dioses tomaron barro, lo mezclaron con sangre de otra divinidad a la cual habían asesinado, y crearon un nuevo ser, similar a ellos, pues estaba hecho a “imagen y semejanza de los dioses”. También se creó a los animales y a todos los seres vivos. Todos ellos, por supuesto, debían, además de poblar la tierra y vivir del mejor modo posible, servir a sus creadores.

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Ekiria

El primer humano

Según la Biblia, Iahvé puso a Adán y a Eva en el Jardín del Edén, el cual esta bañado por varios ríos, siendo ellos el Éufrates y el Tigris. Obviamente, entendemos que esta leve mención a la tradición judeo-cristiana acerca de la creación, se ubica en Mesopotamia. Pero si los hebreos, pueblo ubicado en Medio oriente, tenían un relato como ese, no debe sorprendernos que también los babilonios. Según los archivos de El-Amarna y los hallazgos hechos en la biblioteca de Asurbanipal, se ha encontrado el reato de “Adapa, semilla de la humanidad”. Al parecer, él cometió un error pues perdió la oportunidad de ser inmortal. Hijo de dioses, se dedicaba a la pesca y habitaba cerca a Eridu donde gracias a su trabajo, podía hacer sacrificios. Un día de vientos fuertes, cuando se hallaba en su barca, se cogió de las alas de un demonio y se las arrancó. El padre de la criatura alada era Anu, el dios del cielo, se enfureció. Ea, padre divino de Adapa, le advirtió a su hijo que nunca comiese nada de lo que le diese el dios del cielo. Sin embargo el humano consigue ascender y se amista con Anu, el cual, para celebrar la reconciliación, le da pan y agua, los cuales, de comerse, otorgarían la inmortalidad, pero Adapa, lo rechazó, pues aún no había olvidado los consejos de Ea. Como era de suponerse el dios del cielo volvió a enfurecerse y lo regresó de nuevo a la tierra. Allí Adapa aprendió que todo su mundo y sus acciones debían centrarse en lo terrenal, a pesar de que los dioses nunca se alejarían de él totalmente.

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Mitología sumeria-babilónica

Sobre el Diluvio

Obviamente, aquí no podía faltar el relato acerca del Diluvio, donde el protagonista es Ziusutra o Utnapishtim, el cual vendría a ser el equivalente al Noé bíblico. Según los babilonios, el lugar donde acaeció la catástrofe fue alrededor de la ciudad de Suripak cerca del Éufrates y su desembocadura en el Golfo Pérsico. La gran inundación fue enviada, como ya todos sabemos, por los mismos dioses con el fin de castigar a los seres humanos por sus pecados. Sin embargo el protagonista era bien visto ante los ojos de Ea, el dios del mar y la sabiduría, y otras divinidades. Para ello, ante la advertencia de que se eliminaría a la humanidad, se le dio a Ziusutra la oportunidad de salvarse, construyendo un gran navío para que con su familia, mujer y cercanos, así como todos los animales que habitan la tierra, sean embarcados y salvados. Entonces empezó la gran tormenta la cual hizo que todos los océanos y ríos se desbordaran y quede cubierta toda la tierra, en un período de seis días y seis noches. Luego el barco, al retroceder las aguas, se quedó varado en el monte Nisir. Según nos cuenta el historiador Carl Grimberg, el primer hallazgo cuneiforme de este relato fue encontrado por George Smith en 1872. En total eran unas doce tablillas de arcilla. Pero no serían las últimas pues varias versiones, al menos seis, se han hallado desde entonces, con distintas fechas desde luego; el más antiquísimo es el encontrado en Nipur. Se determinó también que el relato babilónico era más antiguo que el hebreo, y por tanto algunos han afirmado que este pueblo lo tomó de otros.

El panteón babilonio tras la llegada de Marduk

Marduk
Marduk

Obviamente cuando Hamurabi y sus sacerdotes decidieron “reescribir el panteón y la mitología” mesopotámica, debían hacerlo del modo más coherentemente posible. Como ya hemos visto, la mayoría de divinidades presentes en los relatos y mitos más antiguos, eran indiferentes al dolor de los humanos, se podría decir que hasta crueles. Por ello, Babilonia desarrolló en Marduk una nueva imagen de las divinidades, ciertamente benévola y más cercana a la humanidad desde tiempos del Diluvio; obviamente, la idea de un dios, si bien no único, pero importante por sobre los demás, significó los primeros indicios de monoteísmo, aunque para ello aún faltaban siglos. En cuanto a los dioses antiguos y tradicionales como Enlil, fue relegado, al igual que Ea, y otros de sus compañeros de relatos.

Poema de Gilgamesh

Probablemente sea la narración épica de la antigüedad más famosa del Cercano Oriente y es, hasta el momento, también la más antigua. Hecha en base a tabillas de arcilla y en escritura cuneiforme, pertenece a la cultura sumeria. Sin embargo, el material que se conserva no es el original, sino más bien una transcripción rescatada  del olvido, gracias a la iniciativa del rey asirio Asurbanipal de Nínive. Este monarca, tenía la particularidad de estar interesado en la cultura sumeria-acadia organizando una biblioteca y es gracias a él, por el cual hoy en día podemos conocerlo. La versión más completa de toda la epopeya consta de doce tablillas, y según los investigadores llegaría a ser algo así como una suma de varias leyendas y poemas acerca del héroe y/o rey protagonista mitológico Gilgamesh. Once en total están dedicadas a la epopeya en sí y la última es otra independiente y de origen más reciente que habla acerca del origen del mismo rey. Se sabe que es sumerio, pues un monarca con dicho nombre es mencionado en otras tablillas como miembro de una de las dinastías que este pueblo tuvo alrededor del siglo XXVII a.n.e. Entonces se entiende que hoy en día es motivo de discusión entre la comunidad científica acerca de si Gilgamesh fue un personaje mítico o verdadero, o más bien se trata del mismo. Las tablillas no fueron encontradas sino hasta 1845 gracias al británico Austen Henry Layard en Irak.

¿De qué hablan las doce tablillas? Pues bien el protagonista desde luego es Gilgamesh y el tema de la obra está dividido en dos partes. Las primeras seis abarcan la búsqueda de la gloria y narran numerosos aventuras del héroe y su compañero Enkidu. La segunda parte da inicio con el sueño de éste último, y el tema abarcado es la búsqueda de la inmortalidad. Enkidu, en efecto, mientras dormía, había visto su muerte, por ello, su querido amigo semi dios Gilgamesh va en busca de una solución. Durante su viaje, se menciona la “Gran Inundación” o Diluvio en especial en la tablilla XI. El viaje del héroe lo hace llegar donde Utnapishtim, el último sobreviviente de la inundación y que había recibido la inmortalidad de los dioses. Pero éste tampoco le puede dar la clave de la vida eterna a Gilgamesh, quién regresada desilusionado a Uruk. La última tablilla no es muy clara que digamos, pero el hecho es sencillo: Enkidu muere y el desesperado amigo le ruega a los dioses. Enki y Shamash lo escuchan y finalmente haciendo un hoyo en la Tierra, Enkidu sale por allí, si bien el poema, al terminar, no especifica si volvió en forma espiritual o como humano. El tema de la epopeya es la tristeza y frustración ante la inevitable muerte. El mensaje que nos lega, sin embargo es distinto, pues nos reflejan aventuras místicas bienintencionadas y el significado de una amistad leal.

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