La batalla de Pavía: Carlos V, emperador del mundo

Batalla de Pavía

Escrito por Joaquín Toledo, especialista en historia del mundo, historia antigua y  con amplia experiencia en investigaciones sobre conflictos bélicos.

El rey Carlos V probablemente haya sido uno de aquellos a los que le tocó heredar un enorme territorio. Desde América, hasta sus dominios españoles en el Viejo Continente, y como heredero del Sacro Imperio Romano Germánico, se había convertido, desde cualquier perspectiva en el soberano más poderoso del continente, sino del mundo. Las buenas relaciones con Inglaterra, el sometimiento de Italia así como al Vaticano, habían puesto a España, en especial, en una posición indiscutible: era la primera potencia mundial. Pero en toda historia siempre debe haber una contraparte, un protagonista al cual no le gustan los progresos de su vecino. Y en efecto, Francia, se mostraba muy celosa de los progresos de España, además que, prácticamente, se veía rodeada, pues el Imperio Germánico y los dominios en Italia y Austria (y hasta algunos puertos en África) de Carlos completaban un cerco que Francisco I, soberano francés, no estaba dispuesto a tolerar.

Las rencillas entre ambos países tienen antecedentes concretos y cercanos a la veracidad histórica. Es decir, más allá de los celos y la envidia de contar con una herencia territorial envidiable, Fernando I estaba claramente humillado. Había postulado al puesto de emperador, que finalmente recayó sobre las manos de Carlos. Toda esta acumulación de poder sobre este soberano creaba claramente un desequilibrio continental, sólo limitado por Inglaterra, que prefirió mantenerse neutral.

El Vaticano, conforme al menos con que España fuese fiel al catolicismo, tuvo una que otra riña con Carlos, sin embargo, nunca representó una gran amenaza inclusive cuando acaeció su posterior alianza con Francia. A propósito de este estado, se entiende claramente que, si quería algo, debía obtenerla sola. No se mantuvo mucho tiempo la paz, y pronto, era cuestión de tiempo, estallaría la guerra. Carlos, un soberano muy devoto y pacífico, sólo respondió a las agresiones, ya que desde su posición no tenía porque sentirse amenazado. Además, para él las prioridades de su gobierno eran los turcos otomanos y los protestantes, por lo cual nunca vio con agrado la enemistad que se generó con Francia. Pese a ello, el ejército imperial siempre estuvo dispuesto a defender sus territorios.

Estalla la guerra
El territorio en cuestión fue el ducado de Milán, que Francisco I vio como una alternativa a anexar compensando otras pérdidas. Pero era un territorio en litigio, por el cual se encontraría el pretexto para hacer estallar el conflicto, que como hemos mencionado tenía otros orígenes y fines. Francisco I tampoco escondió sus intenciones de anexarse Borgoña para sí, otra vez un territorio que Carlos, su mortal enemigo, había heredado también. Como resultado de esta provocación se dio un primer enfrentamiento en Bicoca en la que los españoles triunfaron decisivamente. Sus tropas parecían invencibles y hasta la palabra bicoca pasó a formar parte de la leyenda, pues se convirtió en un sinónimo de algo fácil o barato, y de hecho sigue siendo usado hasta ahora.

La batalla de Sesia tuvo análogos resultados para los castellanos y una vez más los franceses mordieron el polvo humillados pues rechazados del Milanesado o ducado de Milán. Ahora bien, Francisco I contraatacó y dirigió su ejército hacia Avignon. Era ya un 25 de octubre de 1524 cuando el ejército de Francisco cruza los Alpes, y en noviembre entra en Milán colocando un gobernador bajo su beneplácito. Para ello el soberano francés ya había arrollado un par de plazas fuertes. Los españoles se vieron obligados a replegarse y habiendo evacuado apresuradamente Milán huyeron hacia Lodi, de igual modo hacia la cercana Pavía, donde había cerca de dos mil españoles y cinco mil alemanes. Sin perder tiempo, los franceses no quisieron dar tregua a sus adversarios y sitiaron la ciudad.

Comienza el sitio
Las tropas de Carlos V estaban bajo el mando de Antonio de Leyva, un militar experimentado pues en su currículo figuraba el haber participado en la Guerra de Granada. Valiente, se mostró firme en su decisión de resistir con sus 9 mil soldados, eso sin contar las dificultades que representaba mantener un ejército de esa magnitud para rechazar el sitio que los franceses le propinarían. Francisco, sabiendo que acabar con los sitiados representaría un golpe demoledor para las tropas de Carlos, envía refuerzos a Pavía. De ahí en más, los franceses sólo se dedicaron a esperar la rendición de Leyva y los suyos. El hecho es que estas esperanzas se esfumaron cuando 15 mil alemanes y austríacos se dirigieron a levantar el sitio al mando de Frundsberg, además se pretendía acabar con toda esperanza de los franceses de hacerse con Milán. Francisco decidió hacer frente al reto.

Dividió sus tropas, una parte de ellas marchó a Génova y otra a Nápoles para fortalecer sus posiciones. En Pavía los sitiados continuaron resistiendo mientras que algunos, como los alemanes reclamaban sus pagas, por lo cual se tuvo que sacrificar alguna que otra fortuna castellana para cancelar la deuda. Muchos españoles, sin embargo, decidieron pelear por amor a su patria y a su rey hasta el final sin cobrar un centavo.

Era mediados de enero de 1525 cuando llegaron los refuerzos para los sitiados. Fernando de Avalos, virrey de Nápoles, consiguió cortar las líneas de comunicación entre Pavía y Milán además de arrebatarle a los franceses el castillo de Mirabello. Los refuerzos llegaron y los franceses sabían que debían acelerar su ataque si querían salir victoriosos. Devastaron Pavía a punta de cañonazos y esperaron que el hambre mine la moral de los imperiales. Sin embargo estos se defendieron con ahínco, a sabiendas de que era posible aún un contraataque que se apoderara de las provisiones francesas, y darle la vuelta a la batalla en un santiamén.

El ataque se produjo con la aprobación de Leyva y se abrieron brechas entre las filas francesas por donde penetraron los imperiales. La caballería, la infantería, todos colaboraron. Los piqueros y tercios atacaron con éxito la caballería francesa haciendo estragos en sus filas pues ni siquiera podían acercarse antes de ser incrustados. Los franceses a pesar de lo apremiante de su situación, seguían teniendo ventaja en cuanto a artillería. Francisco I, además, ordenó un ataque total de su caballería que le diese la victoria final, sin embargo para ello, debía detener el ataque artillero. Se produce así un violento choque entre la infantería y caballería de ambos bandos. Pero en una excelente participación, los arcabuceros imperiales causaron gran mortandad entre los franceses, de ahí en más la infantería demostraría ser lo más importante en las batallas.

Leyva decidió que era el momento para sacar a todas las tropas de la ciudad y los refuerzos, y dar el golpe final a los franceses. Esta vez, estos últimos se vieron superados en número y pronto sus tropas empezaron a ser mermadas poco a poco. Astutamente, Leyva hizo que las tropas salidas de la ciudad formen un nuevo frente que ataque a los franceses desde dos puntos, generando así un ofensiva por la retaguardia que les impidió la retirada. Los franceses lucharon heroicamente por sus vidas y su rey. Pronto hubo gran mortandad entre sus filas, las bajas llegaron a cerca de 8 mil, algunos comandantes franceses optaron por el suicidio, como Bonnivet, otros murieron. El mismo rey francés y la escolta peleaban para poder abrir una brecha que los libere del cerco. Francisco luchó vehementemente por su vida hasta que cayó y fue hecho preso por el vasco Juan de Urbieta, quién tuvo la osadía de apuntar a su cuello con la espada.

Pronto se informó a sus superiores, en un principio no se sabía a quién se había apresado, por la vestimenta y la escolta supusieron que era noble y eso fue lo único que les impulsó a llevar a cabo semejante acción, pero en el momento nadie imaginó que se trataba del mismo Francisco. Luego de la derrota, el soberano es llevado a Madrid como prisionero, firma el Tratado de Madrid al año siguiente con la cual anunciaba su renuncia a hacerse con Nápoles, Flandes, Borgoña y por sobre todo, Milán. Se dice que Francisco I utilizó el idioma español en aquella reunión. Carlos, quién no veía con agrado la guerra contra su hermana Francia le perdonó la vida al rey, ¡craso error!, era el inicio de otra contienda. A Francisco I aún le faltaba mucho para aprender la lección, a pesar de haber perdido 15 mil de los suyos, frente a 500 españoles.

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pensamientos de 3 \"La batalla de Pavía: Carlos V, emperador del mundo\"

  1. hoy estuve leyendo sobre la batalla de Pavia y las demas batallas de la campaña que emprendio Francisco I y me intereso mucho.

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