Héroes de la Guerra del Pacífico 3

leoncio-prado-1Leoncio Prado
Leoncio Prado nació en Huánuco el 24 de agosto del año 1853. Era hijo del dos veces presidente del Perú, general Mariano Ignacio Prado, y de María Avelina Gutiérrez. Durante sus primeros años, vivió con su madre en Huánuco. Su padre, quién era coronel en el Ejército Peruano, los hizo llamar desde Lima en el año 1859. Al parecer este acercamiento entre padre e hijo sirvió para que Leoncio se entusiasme con el ámbito castrense y aparentemente le pidió a su padre convertirlo en un militar y estar cerca a él en las paradas. A los 8 años se le pasó revista por primera vez. Ingresó al Colegio Guadalupe a la edad de nueve años y a los doce ya pertenecía al regimiento de lanceros de la Unión. Dejó sus estudios a los trece años para combatir a los españoles en la guerra hispano-sudamericana, participando en el combate de Abtao. Gracias a su valentía y pericia se le ascendió al rango de guardiamarina. También estuvo en el célebre combate de 2 de mayo en el Callao y ascendió al grado de alférez.

Tras ello el joven regresa a su casa y reinicia sus actividades militares como oficial de la marina y ya con una espada en la cintura. Su padre, empero, le convenció de volver a estudiar en el Colegio Guadalupe para culminar sus estudios. A los catorce años de edad participó de una protesta estudiantil pues los alumnos exigían mejores profesores y menos rigurosidad disciplinaria dentro del plantel. Leoncio Prado llegó tarde el día de los hechos pero se colocó a la vanguardia de los que reclamaban. El gobierno hizo intervenir a la policía y permitió que se reanuden las clases, no obstante se pidió la expulsión de los alumnos participantes. El padre de Leoncio, presidente del Perú, dispuso que su hijo salga en un viaje de exploración a la selva amazónica peruana. Allí se perdió pero fue encontrado por un grupo de indios Campas que le rescataron y le ayudaron a sobrevivir ante la inclemencia de los mosquitos. Después no quiso regresar a Lima y llegó a Iquitos donde se le incorporó al personal de la flotilla fluvial del Amazonas de la Marina de Guerra del Perú. Permaneció en aquella región hasta el año 1868 debido a que su padre fue obligado a dimitir en el gobierno. Regresó a Lima e ingresa a un colegio para terminar su educación básica. El presidente Pardo, posteriormente, decidió pagarle sus estudios para enviarlo a un colegio de Estados Unidos en la ciudad de Richmond. Sin embargo, el joven, prefirió marchar a la guerra de independencia de Cuba. Partió para allá en el año 1874. Tras casi tres años de muchas aventuras fue nombrado por el gobierno cubano como héroe y se le distinguió como coronel de su ejército. Es considerado uno de los próceres de la independencia de Cuba. Después marchó a Estados Unidos para poner marcha de regreso a su hogar, en Perú. Pero tras pasar poco tiempo en Lima decide regresar a Estados Unidos y allí surgió la idea de intervenir en la independencia de Filipinas, deseoso también de cooperar como lo había hecho en la isla centroamericana. La expedición quedó lista pero lamentablemente todos los que iban con él naufragaron en las costas de China. Se salvó y volvió a Europa donde era buscado, pues los españoles lo tenían en una lista de la muerte, debido a sus ideales libertarios. Después marchó otra vez a Estados Unidos a donde llegó en enero del año 1878. Finalmente, cuando estaba listo para emprender otra expedición para liberar Filipinas, estalló la Guerra del Pacífico entre Chile contra Bolivia y Perú. Leoncio Prado no lo pensó dos veces y decidió retornar a su patria.

189080

Ni bien llegó el gobierno peruano decide que él era el más idóneo para ir a Estados Unidos a comprar armamento. Después de este viaje se embarcó a Arica donde se encontraba el presidente Mariano Ignacio Prado, su padre. Si bien intentó estar en el frente es obligado a retornar al Callao para recibir a sus hermanos, quienes también volvían de Cuba. De vuelta a Arica fue destacado a un islote vigilando las costas peruanas. Después acaeció el bochornoso incidente que representaba ser el hijo de un desertor…Sin embargo cuando Nicolás de Piérola llegó al poder, Leoncio Prado fue destacado a tierra, para comandar un cuerpo de guerrilleros, el cual si bien actuaría independientemente, estaría bajo las ordenes de los ejércitos sureños. Participó en la Batalla del Alto de la Alianza y a pesar de la derrota, sus guerrilleros fueron un dolor de cabeza para los chilenos cubriendo parte de la retirada. Tanta preocupación causó en el enemigo, que los chilenos destacaron a una fuerza especial para capturar a los soldados de Prado. El 21 de julio de 1880 se libró un encontrón entre ambas fuerzas. Los peruanos resistieron pero al ser inferiores en armas y número fueron cayendo uno por uno. Finalmente Leoncio Prado, al borde del colapso siguió combatiendo. Un chileno se apiadó de él y evitó que lo maten. Fue hecho prisionero y trasladado a Chile, a la prisión de San Bernardo. Allí se le ofreció la libertad a cambio de no volver a empuñar las armas durante varias ocasiones. Si bien en un inicio no aceptó, ante la presión, finalmente cedió. Llegó al Callao en febrero del año 1882 y como no soportó el estado de la invasión chilena, se escapó a la sierra a reunirse con el general Andrés Avelino Cáceres para participar en la Campaña de la Breña. Entonces marchó a Huánuco para adherirse a las filas guerrilleras del capitán Justo Prado. Sin embargo este último murió de pulmonía ni bien llegó Leoncio y él mismo asumió el mando. Eran ochenta jóvenes que incluían además al mayor Heraclio Fernández y a Enrique Rubín, un médico. Todos marcharon rumbo a Cerro de Pasco. Al llegar allí más peruanos se unen a sus filas y todos sumaban ya ciento cincuenta. Las armas de fuego eran realmente escasas y la mayoría estaba armada de puñales, cuchillos y lanzas. Para Leoncio, un joven que apenas llegaba casi a las tres décadas, no era cosa nueva y fue el primero en animar a sus efectivos a continuar, y quienes depositaron todas sus esperanzas en la experiencia que él reflejaba. En primera instancia se establecieron en Vista Alegre y luego estuvieron en gran parte de la costa al norte de Lima.

Después de un par de enfrentamientos Leoncio y sus soldados se ubican en las serranías de Chancay. Gracias a la geografía que estaba a su favor consiguió repeler a los chilenos punitivos hasta abril del año 1883. Durante todo este tiempo los indios y lugareños intentaron hacerles llegar numerosas armas a los guerrilleros. Finalmente consiguió entablar contacto con algunos hombres de Cáceres para formar un nuevo ejército. Prado entregó parte de sus tropas y se quedó con una escolta con la cual se dirigió a Aguamiro y allí se le dio el puesto de jefe del Estado Mayor de la 1 División del Ejército Norte. Sin embargo esto fue una acción fatal pues muchos de los guerrilleros al servicio hasta entonces de Prado no les gustó el cambio de mando y desertaron. Finalmente, las fuerzas chilenas, deseosas con obtener un resultado final, buscan aniquilar a las fuerzas de Cáceres antes de reagruparse. El 8 de julio de 1883 los chilenos se hallaban en Huamachuco y piden refuerzos desesperados ante la llegada de las tropas de Cáceres. Cuando sonaron los cañonazos peruanos los chilenos se retiran al cerro Sazón donde habían preparado fortificaciones para resistir. El 9 de julio las tropas peruanas estaban en la plaza de la ciudad y al día siguiente comienza la batalla de Huamachuco propiamente dicha.

comisic3b3n-del-perc3ba-y-chile-encargada-del-traslado-de-restos1

La victoria estuvo a punto de alcanzarse pero una vez más ganaron los mejor armados, pues a los peruanos les empezó a faltar municiones y en un decisivo contraataque los chilenos derrotaron a las fuerzas de Cáceres, quién sobrevivió y huyó para seguir resistiendo. Durante el combate, Leoncio Prado cayó de su caballo y fue herido mortalmente por una granada. Algunos ayudantes lo sacaron del campo de batalla y estuvo en la retirada junto con Cáceres pero lamentablemente no se le pudo llevar mucho tiempo debido a que ralentizaba el escape y fue dejado en una cueva cerca a la laguna Cushuro. Cáceres envío al indio Julián Carrión para que lo rescate y lo auxilió en su casa. Sin embargo algunas personas empezaron a hacer comentarios acerca del herido en cuestión y la noticia llegó a oídos de los chilenos. Una vez como prisionero su suerte estaba echada. Se han tejido muchos relatos de su fin pero la más fiel nos dice que fue condenado a morir por fusilamiento en su propio dormitorio donde se le atendía como herido de cuatro disparos, en la cabeza y en el corazón, dos en cada parte del cuerpo. Así entonces, al parecer el 15 de julio de 1883, se produjo el homicidio a un alto oficial del Ejército Peruano, a quién le fue negada la posibilidad de morir en la plaza como un militar de alto rango y cuya acusación eran haber faltado a su palabra cuando prometió a Chile no volver a empuñar las armas contra este país. Se dice que el día de su muerte, se había hecho amigos de los oficiales chilenos que le resguardaban y todos lloraron antes de cumplir la sentencia, todos “menos Pradito”.

Related Posts with Thumbnails

Comments

comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


*