Herman Goering

A muchos tal vez les sorprendería saber que Goering fue un héroe de la 1era Guerra Mundial. Nacido en el año de 1893, provenía de una familia de clase media alta, casi aristocrática. Su padre fue un oficial de caballería, mientras que su madre era sencillamente una mujer nacida en un hogar bávaro de orígenes modestos, pero quién no tardó en relacionarse con personas poderosas, que se convirtieron en sus amantes, en especial, Ritter von Epenstein, médico judío-alemán. Gracias a él, Goering pudo disfrutar de una buena educación. Irónico teniendo en cuenta que luego no se opuso a la Solución Final, aunque de haberlo hecho lo más probable es que se le hubieses quitado todos sus cargos. Iniciada la 1er Guerra Mundial, Hermann tuvo el honor de formar parte de los primeros aviadores en combate de Alemania y la historia. Era muy hábil en el aire y fue nombrado jefe de la escuadrilla conocida como Círculo volante Richthofen. Su heroísmo en combate y sus nobles intensiones de aquella época, lo llevaron a convertirse en un héroe para el país. Sobrevivió y luego vino la rendición. Se dice que Goering regaló su cruz de Hierro a un australiano que él mismo derribó, ya que en esa época existía mucho respeto entre los caballeros del cielo, a pesar de estar enfrentados; por si fuera poco el mismo Barón Rojo llegó a estar bajo sus órdenes. A pesar de la derrota, Goering había hecho historia como un as de la aviación, pero de medallas no se vive, y terminado el conflicto se marchó con su madre a buscar una buena vida a Alemania, pues al iniciarse el conflicto ella había terminado la relación con su millonario amante.

Con su pasado trató de hacerse una vida civil digna y gracias a su experiencia de piloto ejerció en la aviación civil danesa y sueca, sin embargo, en Alemania el hambre se sentía y fueron momentos muy duros para él. En Estocolmo sin embargo conoció a Karin von Kantzow, quién casada con un aristócrata, se divorciaría para quedarse con Goering, a quién ciertamente amaba, es más lo ayudó mucho económicamente en la época en la que él, literalmente, se moría de hambre. En 1922, se unió al partido obrero alemán. Allí conoció a Hitler y se hizo una imagen idealizada de él, con quién creía, se llegaría muy lejos. No pasó mucho tiempo y ambos se hicieron buenos amigos, más que todo y debido a la casi devoción del aviador hacia Hitler. De hecho se convirtió en el consejero militar, ayudante de los grupos de asalto, las SA, y en un gran colaborador del partido. Durante el denominado Putsch de Munich, se hirió a muchos nazis, entre ellos Goering, quién por poco y es encarcelado, de no ser porque su esposa logró sacarlo hasta Austria gracias a sus influencias y unos amigos judíos; y así pudo curarlo pues la herida se había infectado alcanzando una gravedad considerable. Al final del incidente Goering tendría graves secuelas, pues durante su curación sus médicos le administraron generosas dosis de morfina, a la cual se haría adicto, hecho que desvío la atención con respecto a la salud de su mujer, quién ya se acercaba a su fin por cierto. Lamentablemente aquel suceso marcaría la vida de Goering, ahora era un drogadicto, su humor cambiaba constantemente, la situación económica no era buena, y lo único que le quedaba era el amor a su partido, y a su mujer, quién había permanecido a su lado por tanto tiempo en los momentos tan apremiantes por los que pasaba el piloto. Era de esperarse que ante tanta mala racha, Goering, al igual que millones de alemanes desocupados y decepcionados, dirijan su odio a los que el partido nazi dictaba. En efecto, Goering, había cambiado, ya no era el mismo sentimental romántico, ahora el tipo de fanático violento y para satisfacer esa necesidad, o mejor dicho ansiedad, ahí estaba Hitler y el partido.

Todo el tiempo de separación le sirvieron para que Hitler lo considerara un desertor y se alejara un tanto de él; empero el Führer sabía que delante tenía un gran aliado, así que sencillamente lo utilizó, pues no le era desconocido la gran cantidad de gente aristócrata y alta burguesa que entre sus contactos tenían Goering y su esposa. Era el “nazi de salón”, como citan algunos investigadores especialistas en nazismo de la talla de Manvell. Se topó con varios obstáculos, entre ellos Ernst Röhm el nuevo jefe de las SA, pero con el tiempo el futuro jefe de la Luftwaffe ganaría el favor del Führer y se convertiría en uno de sus “mimados”. Es así que recibe uno de los doce escaños que los nazis obtuvieron en las elecciones de 1928. Años más tarde conforme iba evolucionando la política interna alemana a favor del nazismo, Goering fue elegido como presidente del Reichstag trasladando su residencia al mismo palacio presidencial. Un año antes un nuevo suceso marcó su vida, su esposa Karin, falleció dejándolo en un gran vacío, aunque al final Emmy Sonnemann vino a aplacar dicha soledad no mucho tiempo después. No obstante Karin siempre fue la que más amó y la recordaría por siempre; y de hecho su personalidad, quizá ya desquiciada por tanto fracaso, se volvió aún más compleja y accesible a la cúpula hitleriana. Como presidente del Reichstag, Goering demostró ser más violento y megalómano de lo que se esperaba, de hecho todo lo que hizo, fue en pos del Führer. Pronto quiso igualar aquella devoción que Hitler inspiraba mediante la creación, y en efecto así surgió la concepción del estado nazi, como un país policíaco y represor, si bien no lo era ya, pues fundó la Gestapo y organizó los campos de concentración; además fue embestido como jefe máximo de la Luftwaffe, aún en pañales a inicios de los treinta, y que Goering se encargaría de convertir en una verdadera potencia. Luego colaboró para exterminar al molesto Ernst Röhm en la noche de los cuchillos largos, ya que sumado a Goebeels y Himmler, creía que con el líder de las SA se desequilibraba todo el poder de la cúpula nazi. Además Röhm, ponía en peligro las relaciones con los militares.

Luego de la exitosa “noche”, Goering recibió la responsabilidad de asumir el control de la campaña para el rearme, donde se hizo con varios millones como comisión, desplazando al banquero Hjalmar Schacht. Para esta altura su poder era increíblemente grande, ni hablar del dinero, tampoco le faltaban lujos; todo esto se vio reflejado cuando gracias a sus movimientos diplomáticos, prácticamente “anexó Austria por teléfono”. En 1938 nacería su hija, Edda, quién lo llenó de alegría y sería uno de sus últimas épocas como verdadero ser romántico, paterno y humano. Poco antes de la guerra, persuadió a Hitler de qué pensará más tiempo el inicio de un conflicto y del nuevo orden, pues Alemania aún no estaba totalmente preparada. Sin embargo fue desoído; quizá lo que en realidad pasaba es que temía la derrota y perder aquella vida de lujo, en especial su residencia llena de obras de arte y valorizada en millones. El único al que no podía hacer frente de ninguna forma, era a Hitler, ese era su límite, temblaba cuando se dirigía a él. Sin embargo ni el mayor de los reproches pudo cambiar su penosa participación en la segunda guerra, donde la Luftwaffe alcanzó poco potencial y luego no pudo evitar una inminente caída, quizá su derrota más grande fue en Inglaterra y luego en Rusia, sellando el destino del III Reich. Cuando la derrota era inevitable, en los últimos días del Imperio Nazi, envío un telegrama a Hitler fuera de Berlín, pues buscó salvarse antes que cualquiera, y le comunicó que en caso de que algo saliera mal, él asumiría el cargo de sucesor, de no recibir respuesta, daría como afirmativa la solicitud de todos modos. Esto llevó a los límites a Hitler, y lo llamó traidor, algo demasiado tardío. Luego el obeso líder de la Luftwaffe, cínicamente, intentó entrevistarse con Eisenhower, pero éste se negó, justo cuando Goering ya pensaba en cuál de sus “magníficos” uniformes usaría para la reunión. En los Juicios de Nuremberg, siendo el único de los cuatro grandes nazis sobrevivientes, fue condenado a muerte pero antes que verse humillado al morir en manos de los anglosajones, dos horas antes de su ejecución mordió una cápsula de cianuro y dejó este mundo el 15 de octubre de 1946. Se desconoce hasta ahora quién le alcanzó el veneno. Si bien se defendió espectacularmente bien en el juicio, los aliados no lo tolerarían como una figura viva en la Alemania de la pos-guerra, por lo demás su participación y complicidad en la Solución Final, terminarían por acabarlo.

 

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