El rey neo-babilonio Nabucodonosor II


Como ya habíamos dicho fue sucedido por su hijo Nebuchadnezzar II, más conocido en español como Nabucodonosor II. Este rey es muy conocido, debido a su aparición en las escrituras bíblicas. Además, tal parece que él dirigió la campaña final contra Asiria y los egipcios, y después de perseguir a estos últimos que huían derrotados a su país, fue en el frente cuando se enteró que su padre había exhalado su último suspiro.

Regresó a Babilonia y fue coronado formalmente. Sin embargo, no volvía con las manos vacías. En efecto tras la derrota de los egipcios y asirios en la Batalla de Carchemish librada en el año 605 a.n.e., los babilonios se hacían ahora con la zona de Siria y Palestina, adhiriendo además a las ciudades fenicias a sus territorios, con excepción de Tiro. Respecto a los medos, la paz se compró con estos aliados gracias a que Nabucodonosor II se casó con Amytis, la nieta de Ciaxares. El Imperio Medo, por cierto, se ubicaba por el norte, es decir había adherido parte de la Alta Mesopotamia, y los dominios más septentrionales que habían pertenecido a los asirios. En resumen los medos dominaban Irán, Urartu y la parte oriental de Asia Menor que había pertenecido a Mitani. De este modo la mayor porción de la región mesopotámica había quedado bajo el dominio babilónico.

Nabucodonosor II además derrotó a los cimerios y escitas. Sin embargo, los nuevos territorios babilonios no estuvieron en paz. Antes que nada, muchos pueblos de Siria y sobre todo Judá se negaban a rendirle tributo y a subyugarse a los designios del poder que venía desde Babilonia. Por otra parte intentó una invasión a Egipto en el año 601 a.n.e., la cual fue repelida. Esto hizo que se concentre específicamente en Siria y Palestina antes de marchar sobre la tierra de faraones otra vez. Finalmente, como los asirios antes, los babilonios ponen sitio a la ciudad de Jerusalén, pues los judíos demostraron ser el pueblo más rebelde y decidido a no subyugarse. La urbe cayó en el año 597 a.n.e. derrocando a su rey Jeconías. Nabucodonosor se conformó con mantenerlos a raya y no destruyó ni la ciudad ni el Templo sagrado del pueblo hebreo. Sólo se llevó a algunos líderes como a Joaquín y el profeta Daniel. A pesar de todo Judá siguió teniendo un rey (según la tradición Sedequías), un templo y un gobierno. Sin embargo los judíos volvieron a rebelarse y en el año 587 a.n.e. Nabucodonosor perdió la paciencia y finalmente lanzó su ejército aniquilando toda resistencia y barriendo la ciudad de Jerusalén y el Templo. Así llegó a su fin la dinastía davídica la cual había reinado en Judá por alrededor de cuatro siglos. En esta ocasión además de la matanza, los sobrevivientes no se salvaron pues fueron deportados. A continuación lo sucedido a Nabucodonosor fue realmente penoso. Resulta que la única ciudad que le quedaba por conquistar en la costa del Mediterráneo era la célebre Tiro, la principal que tenían los fenicios por entonces. Pero como esta se hallaba en una isla cercana a la costa, podían resistir por tiempo ilimitado. Y así fue, el sitio duró trece años y dejó debilitados a ambas naciones y sin un resultado concreto. Nabucodonosor se retiró derrotado, pero con la promesa de un gran tributo. Intentó compensar las pérdidas tomando Egipto, pero estos habían tenido el tiempo suficiente como para recuperarse desde la Batalla de Carchemish y frenaron a los babilonios.

Esto hizo que el rey decida volver a Babilonia y se concentre en embellecer su ciudad capital, algo en lo que tuvo más éxito, convirtiéndola en poco tiempo en un verdadero centro de peregrinación para estudiosos y sabios de todo el mundo. Según Herodoto quién visitó la urbe casi un siglo después de la existencia de Nabucodonosor, debía tener esta unos 88 km cuadrados aproximadamente. Además sus murallas medían cien metros de alto y veintisiete de ancho. Las pruebas arqueológicas demuestran que la urbe no era tan grande y el error del griego quizá se deba a las fuentes brindadas por los informantes babilonios, los cuales buscaron impresionar al extranjero. Tal parece que tanta gloria alcanzó que el número de sus habitantes llegó al millón, y de ser cierto, tal cifra no volvió a ser superada hasta la era de la Roma imperial.

Pero hemos hablado que durante el período de Nabucodonosor la ciudad gozó de gran esplendor. Pues bien, eso se tradujo en las construcciones arquitectónicas, siempre una referencia absoluta en el mundo mesopotámico, los cuales gustaban de ostentar grandezas. Uno de los grandes símbolos de esta era, es la “Puerta de Ishtar”. En la misma se ve un bello decorado de ladrillos azules con animales en los costados, al parecer toros y otros que se asemejan a un dragón o hasta a unicornios. La decoración además está acompañada de unos bordes de color amarillo cuya entrada tiene forma de “U” invertida. Esta “puerta” se halla en el Pergamon Museum, en Berlín, Alemania. El palacio de Nabucodonosor debió haber sido esplendoroso, y solamente la sala donde recibía a los extranjeros, tenía alrededor de unos 70 metros de largo. Obviamente el lujo, los decorados con relieves en las paredes, los deliciosos banquetes y la atención, era de primera calidad.

Ahora bien, allí no acaba todo, pues también tenemos a los famosos Jardines Colgantes de Babilonia, los cuales la tradición ha atribuido su construcción a Nabucodonosor II. No se precisa la fecha, pero tal parece que fue en el período posterior al año 600 d.n.e. Al parecer lo hizo como obsequio y complacencia para con su esposa Amytis de Media, la cual echaba de menos las plantas y árboles, así como las respectivas fragancias en las colinas de su tierra natal en oriente, pues aborrecía las tierras sin vida de Babilonia, es por eso que el esposo decidió engreírla construyendo tan bella obra. Jardines, los cuales estaban ubicados en una especie de mesetas y elevaciones artificiales, y como se contemplaban desde lejos entonces parecían estar suspendidos en el aire y por eso se le llama Jardines Colgantes de Babilonia, una de las siete maravillas del mundo antiguo. En la actualidad existe mucha controversia acerca de su ubicación, dada las poco confiables referencias, sobre todo griegas respecto de esta maravilla de la ingeniería combinada con la naturaleza. Lo que es más, otros investigadores alegan que en realidad estaban en Nínive. Ni siquiera su fin está claro y la mayoría de historiadores creen que desaparecieron abandonados y olvidados como Babilonia, o bien por causa de los terremotos, hacia el siglo II a.n.e.
Pero no sólo de obsequios llenó a su tierra Nabucodonosor. En efecto, construyó templos por doquier, y según algunas fuentes existían alrededor de mil cien de ellos sólo en Babilonia. El más grande de todos fue por supuesto, el que él mando a terminar, dedicado al culto a Marduk. Sus dimensiones tocaban los 100 metros por cada costado y tenía siete pisos de altura (que representaba a cada planeta), uno más pequeño que el otro al mejor estilo de zigurat. Además también se le atribuye la construcción del puente sobre el Éufrates, el cual unía la ciudad. Realmente es increíble todo lo que logró este rey en tan poco tiempo, y vaya que valió la pena pues Babilonia, luego de siglos y décadas, sumida en sublevaciones y guerras, había perdido su brillo de antaño, y quizá desde tiempos de Hamurabi, no se veía tal renacimiento.

El comercio florecía en aquella ciudad y gentes de todas las razas, orígenes, costumbres e idiomas convergían en ella. Además los centros de enseñanza, sobre todo astronómicos, de medicina y hasta literatura empezaron a levantarse primero poco a poco y después rápidamente. Esto hizo que Babilonia se convierta en el centro cultural por excelencia en el mundo conocido de entonces, y no nos referimos sólo al Cercano Oriente, pues muchos griegos marchaban hasta esta capital que había extendido su fama hasta inclusive Europa. La ciudad de Nabucodonosor pues, podía arrobarse de albergar una tradición científica y de investigación que se remontaba a casi 2500 años atrás. Tales de Mileto, el llamado primer filósofo de la historia fue otros de los que visitó esta célebre urbe, y gracias a los conocimientos y estudios que allí adquirió pudo desarrollar más tarde su teoría. En efecto fue uno de los que llevó los avances de la matemática a su Grecia natal. Así se introdujo en occidente el cálculo sexagesimal, aún presente en nuestra cultura debido al cálculo de la hora en sesenta minutos, por citar sólo un ejemplo. Pitágoras fue otro gran filósofo y matemático que visitó también Babilonia. Con el paso del tiempo, no sólo el comercio, sino también avances científicos y culturales era el lazo entre babilonios y griegos. Además de las matemáticas y algunos avances como los de la ciencia médica y la literatura en general, a los griegos les interesó mucho la astronomía, los cuales terminaron por diferenciarla totalmente de la astrología, si bien esta práctica tomó un propio camino y se esparció por el mundo occidental, pasando a ser sinónimo de mago y a adquirir la fama de que esa costumbre venía de oriente. Además con el paso del tiempo la palabra “caldeo” pasó a ser el equivalente de astrónomo en Grecia. Al parecer los helenos también tomaron la costumbre de llamar a los planetas con nombres de sus dioses.

Ahora, antes de pasar a hablar del sucesor de Nabucodonosor, debemos tocar el tema del pueblo hebreo durante su gobierno. Como recordaremos los babilonios los habían sometido y los castigaron destruyendo Jerusalén y su Templo. Resulta importante destacar este punto pues al parecer los judíos corrieron el riesgo de desaparecer de la historia sin embargo perduraron. Los babilonios, a pesar de ser severos, demostraron ser tolerantes y muchos judíos si bien ya no estaban en su patria, pudieron llegar a ser prósperos comerciantes, empresarios, académicos, agricultores, etc. Respecto a su culto al dio Iahvé, les fue permitido. Esto rompe el mito con respecto a la maldad con la que son pintados los babilonios por algunas sectas cristianas y el judaísmo. Durante la era de Nabucodonosor, corresponde los relatos bíblicos referentes al profeta Daniel, y a otros tres judíos, llamados Sidraj, Misaj y Abed-Nego. Además también la tradición judeo-cristiana nos dice que el rey babilonio reconoció al Dios de Daniel debido a este y otros hechos que a sus ojos resultaron irrefutables. Sin embargo el rey acabaría loco, comiendo pasto y comportándose como un animal. Sin embargo hay que hacer una importante aclaración: para gran parte de la comunidad científica el libro de Daniel fue escrito unos cuatro siglos después (si bien algunos otros y las sectas cristianas lo ubican coetáneamente a los sucesos acaecidos en Babilonia), en una época en la que los judíos luchaban por su libertad a causa de la persecución ejercida por Antíoco IV. Bajo este contexto, además de los sucesos acaecidos a Daniel, es coherente que Babilonia haya sido en cierto modo desprestigiada en siglos posteriores por el cristianismo. Por otro lado, su nombre se convirtió en sinónimo de paganismo, autoritarismo, hechicería, vicios, etc., palabras que fueron atribuidas por los cristianos también en su momento a Roma y actualmente a la potencia mundial anglo norteamericana, si necesitamos ejemplos más modernos.
Durante este período existió también otro profeta judío llamado Ezequiel, el cual lanzó algunas predicciones que no fueron cumplidas como la destrucción de Tiro y Egipto. Tenía una tendencia pro-babilónica, sin embargo no desconocía a su único Dios, y creía que el motivo por el cual Jerusalén había perecido se debía a la apostasía de los israelitas. Fue bajo la guía de Ezequiel que muchos judíos exiliados se hicieron escribas y en efecto fueron naciendo los primeros libros bíblicos en su forma actual. Esto da como origen una cultura híbrida, es decir mixta. En efecto, los judíos de aquella época que se volvieron escribas, necesitaron cultivarse de toda la producción cultural que los babilonios habían heredado de naciones antiquísimas, que nos hacían retroceder hasta la época de los sumerios. Así entonces mezclaron sus propias tradiciones referentes a Noé, Abraham, Isaac, Jacob y Moisés, junto con las mesopotámicas acerca del origen del mundo y el origen de la vida, el primer humano, los diez patriarcas hasta la llegada de Noé, la Torre de Babel, la inmigración de Abraham, entre otros temas. Después de todo es una actitud bastante coherente si debemos entender que los hebreos intentaron asemejarse en antigüedad con sus dominadores. Eso sí, quitaron de sus relatos todo indicio de idolatría o politeísmo. Obviamente para un ferviente feligrés estas aseveraciones son casi una blasfemia, empero, es lo más probable que haya sucedido debido al influjo cultural que los judíos percibieron durante su estancia en Babilonia y de eso existen pruebas irrefutables.
Además en la Biblia se hace mención a que Abraham y su familia emigraron a Harrán, desde la “Ur de los caldeos”, lo cual es inexacto pues en la era del patriarca ese pueblo no habitaba dichas tierras. Sin embargo, este error no es fortuito. Se deduce y suena mucho más coherente que los judíos escribas de la época de Nabucodonosor hayan decidido mezclar las historias y sin querer, se equivocaron al nombrar a “Ur” como de los caldeos unos 2 mil años a.n.e. Por si dudas quedan, tan marcados de influencia babilónica están los judíos, que hasta su calendario se basa en el de sus dominadores. Es más, hoy en día hasta se conservan algunos nombres de los meses. Lo anecdótico es que para muchos Ezequiel es llamado el Padre del judaísmo. Sea cual sea el destino o el modo en cómo transcurrieron los últimos años del famoso rey Nabucodonosor, los científicos creen que murió hacia el año 562 a.n.e. Lo sucedió su hijo conocido como Amel Marduk o Evil Merodak, quién no pudo igualar a su padre y así se daría inicio a una decadencia del II Imperio Babilónico que acabaría por caer frente a los persas.

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