El retroceso definitivo del Afrika Korps

 

 

Rommel aún albergaba una última esperanza de detener al enemigo cuando el 23 de octubre de 1942 comenzó la 2da Batalla de El Alamein. Analicemos dos cosas: primero que este pensamiento lo hizo desde una cama en Austria pues estaba convaleciente. En segundo lugar, el general Georg Stumme, quién lo había reemplazado, murió de un paro cardíaco a las pocas horas de iniciado el combate. Obviamente la situación era crítica. Esto hizo que el zorro del desierto se traslade inmediatamente al frente a pesar de que este hecho podría afectar su salud. El 30 de octubre, Rommel aceptó la realidad e informó a Roma que de no recibir los medios necesarios para la defensa, las reservas se agotarían y el frente se derrumbaría. Entre el 30 al 31 de octubre, Montgomery ordenó un ataque más fuerte en el sector Norte. Durante ese tiempo, los australianos consiguieron ubicarse entre las líneas alemanas y Rommel se vio en la necesidad de combatir en dos frentes. El zorro ordenó que la 21 y 15 Panzerdivision, además de la División Ariete, contraataque al sur de la carretera.

Se tuvo éxito pero a costa de graves pérdidas. Montgomery en cambio podía darse el lujo de invertir renovados efectivos. Entre el 1 y el 2 de noviembre lanzó un nuevo contraataque en el sector Norte, en la zona de Sidi Abd-el-Rahman. No tuvieron muchos problemas a la hora de rechazar a la División Acorazada italiana Littorio. El 2 de noviembre intentaban rechazar el ataque enemigo de Tell el-Aqqaquir, sin mucho éxito, pues su moral estaba por los suelos. El 3 de noviembre Hitler envía su famoso y trágico mensaje dirigido a Rommel, sugiriéndole resistir a ultranza y dándole a elegir entre “la victoria o la muerte”. Pero el zorro del desierto era prudente y jamás estaría dispuesto a sacrificar a sus fuerzas de ese modo.

 

Sin más vacilaciones decidió retirarse, si bien esto ya lo había hecho aún antes del mensaje de Hitler. Según las fuentes, los primeros movimientos de retirada del Eje, se hicieron con un orden bastante admirable para la situación. Sin embargo para esos momentos, había falta de vehículos y muchas veces uno sólo servía para transportar a varias unidades lo cual demoraba las cosas. Todo este movimiento se llevó a cabo durante el día 2. Como ya hemos dicho, se recibió el telegrama de Hitler al día siguiente. Cuando el zorro del desierto leyó lo que el Führer del Reich ordenaba, cayó en una gran duda. Aunque resulte increíble en primera instancia hizo caso y lanzó la orden de detener a todas las unidades que se replegaban hacia el Oeste de inmediato. Esto sólo generó una confusión enorme y también desamparo, pues muchos se vieron desprovistos de sus líneas de trinchera o puestos de defensa. Asimismo faltaban las municiones y el carburante. Todo era precario.

 

Sin descanso alguno, la noche entre el 3 al 4 de noviembre, los británicos desencadenaron un nuevo contraataque al sur de Tell el-Aqqaqir. Al parecer esto sentenció la victoria para el VIII Ejército Británico. Todo vestigio defensivo alemán fue quebrado por completo en el Alamein. El 4 de noviembre ordenar una retirada prolija era sólo una ilusión. Entre la tarde del 3 al 4 de noviembre, según el mismo Rommel, el Eje perdió 200 tanques y vehículos acorazados, así como el resto de poder que aún le quedaban a sus más experimentadas unidades italianas. Obviamente, a esta altura, el zorro del desierto se percató que hacer caso a la orden de Hitler sólo había sido algo descabellado y se preparó para replegarse de una vez por todas. El 5 de noviembre, Rommel intentó establecer su centro de mando en Fuka. No obstante los italianos en su mayoría continuaron con la retirada. La única División que se demoró en hacerlo fue la División Bolonia, por el solo hecho de que esta no había recibido el mensaje adecuadamente.

 

El repliegue de Fuka obviamente estaba a la vuelta de la esquina, pero sorprendió a los ingleses la resistencia que opusieron muchas unidades aisladas o pequeños grupos. El 5 de noviembre llegó la penetración en la línea de Fuka. Rommel ordena continuar el repliegue sin dilaciones a través de la carretera de la costa, lo cual haría de todo algo más ordenado, pero a la vez peligroso, pues la RAF los detectaría con suma facilidad y en efecto así fue. Las últimas fuerzas acorazadas y motorizadas del Eje habrían sido probablemente aniquiladas, pero el 6 de noviembre cayó, como nunca, una fuerte lluvia y los británicos tuvieron que frenarse. Al menos los del Eje tuvieron un respiro. Rommel aprovechó el tiempo como oro y consiguió ordenar a sus fuerzas en retirada. Colocó grandes carteles para así poder guiar a los grupos que habían quedado aislados. El 7 de noviembre colocó una línea defensiva provisional en Marsa Matruh.

 

No mucho después, la Brigada 20 del general Ramcke enlazó con el grueso de las unidades en retirada, cuando ya había sido considerada como perdida. Ramcke informó que los británicos no planeaban de momento una maniobra envolvente por el Sur. Ese mismo día, el entusiasmo se detuvo cuando Rommel fue informado por Hitler de que se esperaba un desembarco aliado entre Tobruk y Bengasi, por lo cual se debía defender la costa a ultranza. El 8 de noviembre, Rommel se percató que esto era una patraña.

 

Lo que si no era un dato falaz, era el informe de que un enorme Cuerpo Expedicionario aliado acaba de desembarcar en las costas de Marruecos y de Argelia, por lo cual se estaba formando un nuevo frente en el Norte de África. El zorro del desierto debió haberse sentido muy desanimado por entonces, cuando se percató que la Luftwaffe y los recursos ahora debían dividirse entre dos ejércitos. La suerte del Eje en el norte de África, estaba ya echada hacia fines de 1942. Rommel, si tenía pensando establecerse en algún punto defensivo, abandonó totalmente esa iniciativa. Su plan era establecer una línea para defenderse otra vez en Libia, pero que no más allá de El-Agheila. Si bien su intención había sido marchar ininterrumpidamente a través de toda la Cirenaica, era consciente de que primero debía desinstalar y/o desmantelar grandes localidades, en especial la de Bengasi, impendiéndole al enemigo utilizarlas para su beneficio. El 9 de noviembre algunos unidades alemanas pertenecientes a la División Ligera 90 dejaban Sidi el-Barrani. El grueso del ejército de Rommel pasaba en esos momentos por el paso de Halfaya a donde no volverían jamás. El 11 de noviembre esta posición también ya estaba evacuada. A propósito, y antes de pasar a narrar el retiro de las fuerzas del Eje de Libia, es necesario aclarar que a partir de octubre de 1942 hasta febrero de 1943 aproximadamente, su denominación oficial pasó de ser Panzerarmee Afrika a Deutsch-Italienische Panzerarmee. En buen español el nombre sería Ejército Panzer Germano-italiano.

 

La recuperación de la Cirenaica y la Batalla de El Agheila

Dos días después las fuerzas aliadas se hicieron con Tobruk y el día 15 tenían el aeródromo en Martuba. De todos modos lo que frustraba a Montgomery era la imposibilidad de cercar al enemigo y exterminarlo. Además, el zorro del desierto estaba decidido a trabar un combate en la zona de la defensa de El-Agheila donde existían buenos puntos fortificados. Allí las guarniciones estaban protegidas por las colinas que había en los alrededores. Este punto estaba ubicado en los límites entre la Cirenaica y la Tripolitana, regiones ambas de Libia. Además, Rommel tenía como ventaja los lagos que había en los alrededores y al sur una gran torrente del uadi el Faregh, que protegía un flanco de la posición alemana. Delante de las defensas, los campos minados se encargarían de retardar el avance aliado. Rommel ordenó también que en los lugares donde se hallasen minas, se coloquen cajas de hojalata para engañar a los británicos.

 

Los aliados tomaron Bengasi el 20 de noviembre. Tres días después los germanos retrocedieron sus posiciones hasta Agedabia. Después de ello, Montgomery decidió tomar un descanso entre los últimos diez días de noviembre y los primeros diez de diciembre, en la cual los aliados tuvieron tiempo para reorganizar y reabastecer sus tropas. A pesar de esta gran ventaja dada, las fuerzas del Eje ya estaban postradas y Rommel no pudo dar un contraataque pues sencillamente no contaba con los medios.

Pero como hablamos del Eje, no podemos referirnos a los alemanes únicamente. En efecto, tenemos que hablar también de los italianos. Y más aún cuando se había dejado Egipto atrás para volver a Libia, donde la Cirenaica ya estaba casi perdida aún antes de comenzada la Batalla de El Agheila. Cuando la crisis se presentó para los alemanes, los italianos, acaso los más débiles, no pudieron ser la excepción. En efecto, tras la derrota definitiva en El-Alamein y el continuo repliegue ordenado por Rommel a partir de entonces hacia el Oeste, el 21 de noviembre, el Mando Supremo de Libia, conocido como “Superlibia”, decretó que gran parte de las unidades italianas que se habían mantenido en el frente o que en el peor de los casos sólo tenían escasos sobrevivientes (como sucedía con Ariete por ejemplo), sean disueltas para que sus remanentes complementen otras unidades. Sólo se reconstituiría los mandos de los Ejércitos XX y XXI y de las Divisiones Trieste y Giovani Fasciti. Además estaban aquellas que no habían intervenido en combate: las divisiones La Spezia y Pistoia. A eso hay que agregarle la incompleta División Acorazada Centauro, pues una parte de ella aún estaba en Sicilia. Rommel, cabe aclarar, mantuvo sus unidades alemanas intactas.

 

En los días que Montgomery dio descanso, que sumaron casi veinte en total, Rommel intentó salvar la situación todo lo que pudo. Discutió con los italianos y con el propio Kesselring acerca del futuro de sus tropas. Bastico, gobernador de Libia, fue uno de los partidarios de que no se haga el repliegue, o al menos hasta la línea de Buerat el-Hsun en caso de perderse El-Agheila. Al final acordó que se exigirían los respectivos refuerzos. De esta conversación, Rommel marchó a otro coloquio con Cavallero, donde se volvió a discutir el asunto del repliegue. Kesselring intervino y alegó que era difícil para él admitir tal cosa y sobre todo teniendo en cuenta que ni Libia (zona de la Tripolitania) ni Túnez, se hallaban fortificadas para una gran defensa. Kesselring le insistió a Rommel que era fundamental mantener al enemigo lo más lejos posible de Trípoli y Túnez, y de ser necesario, para ello haría llegar las municiones y reservas de carburantes necesarias. Obviamente Rommel esta vez ya no le creyó. Sus muchachos y camaradas, tanto alemanes como italianos, habían sido vapuleados por el enemigo debido a las falsas promesas de abastecimientos casi durante toda la guerra del desierto, y por ello, lo mínimo que podía hacer era no mandarlos a una muerte segura resistiendo. Como ha quedado patente, todos, menos Rommel claro está, parecían vivir ilusiones, creyendo que el Eje podía resistir en la línea de Marsa el-Brega o en Buerat el-Hsun (Cirenaica y Tripolitana respectivamente) como máxima línea de repliegue en caso el enemigo sea demasiado poderoso. Obviamente Rommel, a pesar de ser un hombre de carácter no tan temperamental, sí era famoso por hacer valer siempre sus puntos de vista ante sus homólogos e inclusive superiores, por lo cual se le criticó de necio y testarudo. Sin embargo la historia, juzgándolo a la posteridad, demuestra que el único verdaderamente capacitado para dirigir aquella guerra del desierto y el que mejores decisiones tomó dándole al Eje grandes victorias, había sido Rommel. Lastimosamente, la suerte se había acabado ya para él.

 

Las peleas entre el zorro del desierto y sus colegas fueron en aumento. El 28 de noviembre, Rommel tomó una decisión: volar a Alemania para hablar personalmente con Hitler. Con gran valentía expuso ante el Führer que el daño hecho en el frente norteafricano era irreparable. Además le dijo que el interés en el frente debía cambiar radicalmente o la guerra en este continente se había perdido ya para siempre. Es más, apelando a la cordura, el mariscal de campo dijo con claridad que tal vez era necesario abandonar África antes que se produzca un mayor desastre. Días después, como ya veremos, lo único que se consiguió fue la autorización de retroceder hacia la zona de Buerat el-Hsun, como ya veremos.

 

El 12 de diciembre, los británicos comenzaron el bombardeo de artillería y de aviación alemana de Marsa el Brega dando inicio a la Batalla de El Agheila. El día 13, los alemanes se retiraron de Marsa el Brega. Los británicos los siguieron de cerca hasta con 300 vehículos blindados que fueron reconocidos al día siguiente y que se dirigían al sur de uadi el-Faregh y a unos 48 km al norte del oasis de Marada. En efecto, Montgomery había dado la orden a la División 2 neozelandesa de atacar la posición defensiva de El-Agheila por la espalda. Rommel no perdió ni un minuto y ni bien se dio cuenta de la treta, ordenó abandonar El-Agheila y retrocedió. Era una lástima pues cuando el 14 de diciembre comenzó la evacuación de esta localidad después del crepúsculo, las fuerzas del Eje no sólo debían abandonar una posición importante y bien fortificada en la que habían puesto sus esperanzas, sino que se despedían también para siempre de la Cirenaica, a donde no volverían jamás. La retirada no fue fácil pues la RAF estuvo presente para hostigarlos en todo momento. Para cubrir la marcha de su ejército, Rommel se vio en la necesidad de utilizar sus carros de combate italianos y alemanes para enfrentar a la División Acorazada 7 británica que estaba atacando con vehemencia a lo largo de la carretera costera. Fue un enfrentamiento desigual, para que negarlo, pero que alcanzó un gran nivel de brutalidad. Si bien el zorro del desierto logró su objetivo lo hizo a costa de casi una quinta parte de sus fuerzas acorazadas.

 

Al mismo tiempo, la División neozelandesa 2 ya estaba camino en el Norte muy cerca de Bir el-Merduma al oeste de El-Agheila. Entre el 15 y 16 de diciembre trabó serios combates contra las fuerzas alemanas, pero que en realidad eran grupos pequeños y desesperados. Para evitar el exterminio de sus fuerzas, Rommel sencillamente ordenó el repliegue. La División Ligera 90 logró cubrir muy bien la retirada e inclusive se adelantó después a la 21 Panzerdivision. En cuanto a la 15 Panzerdivision, se le confío la protección del flanco derecho, y en las horas siguientes tuvo que resistir todo el peso del ataque. Pronto la 15 Panzerdivision se quedó sin combustible y aislada. Por otro lado la División Ligera 90 fue alcanzada y siguió empeñada en el combate. Por fortuna y casi de milagro se les hizo llegar combustible y algo de municiones con lo cual consiguieron huir de la bolsa. Para cuando los británicos consiguieron cerrar el cerco, no encontraron prácticamente nada.  Una vez más la genialidad de Rommel para manejar la situación en momentos críticos, se había hecho presente. El 17 de diciembre, todas las fuerzas ítalo-germanas habían retrocedido de El-Agheila en un orden considerable, pero con pérdidas cuantiosas. Los últimos del Eje en retirarse fueron los que resistían en Marsa el-Brega, el día 18 de diciembre, después de haber soportado un violentísimo combate contra la División 2 neozelandesa. Los Aliados no podían estar más contentos, pues no habían conseguido ir más allá que El-Agheila nunca antes y ahora el enemigo perdía la posibilidad definitiva de recuperar Cirenaica.

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