Dictadores: Porfirio Díaz

Su vida antes de llegar a ser el dictador de México

El 15 de septiembre de 1830 vino  al mundo Porfirio Díaz, en la ciudad de Oaxaca, México. Era el sexto hijo de siete en total de un matrimonio acomodado, pues su padre, José Faustino Díaz,  tenía grandes inversiones en unas minas de su país. Su padre moriría en 1833, de una epidemia de cólera que azotó la ciudad.

Dejó todos sus bienes a sus hijos y a Petrona Mori. Si bien la familia no quedó en tan buena situación como antes, al menos se las arreglaron para sostenerse. Gracias a la parroquia de la zona, Porfirio pudo ingresar a estudiar allí donde aprendió a leer y escribir. Luego, gracias a un padrinazgo consiguió ingresar al seminario de Oaxaca completando así su educación en ciencias y artes. Como obtuvo buenas calificaciones, Porfirio se fue haciendo conocido entre sus profesores. Durante aquellos años cuando se produce la Primera Intervención estadounidense en México, Porfirio se ofreció lleno de patriotismo a un batallón, pero nunca fue destinado al combate, pues el conflicto terminó.

Al regresar, la inclinación del muchacho a lo laico, generaron en él deseos de postular al Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, por lo que su padrino, un obispo por entonces, le retiró su apoyo económico. Sin embargo,  Porfirio se abrió camino en la carrera de Derecho en dicha institución saliéndose con la suya. Pese a todo, los ingresos eran cortos y trabajó como profesor, limpia botas, carpintero, ayudante, limpiador, entre otros muchos empleos. Así,  al menos pudo costear sus estudios y ayudar a su familia. Poco a poco fue convirtiéndose en un profesor más reconocido especializándose  en Derecho Romano. Terminó sus estudios con buenas calificaciones. Sus hermanas se casaron e hicieron sus vidas, por lo que  Porfirio pudo ocuparse de la suya de ahí en más. A propósito, durante sus años como estudiante de Derecho, conoció a Benito Juárez.

El inicio de la carrera militar de Porfirio

Pero el país no vivía buenos tiempos y pronto hay un levantamiento contra el entonces presidente Antonio López de Santa Ana, conocido como el Plan de Ayutla. Uno de los disidentes se llamaba Marcos Pérez, el mismo padrino que había tenido Porfirio años antes y con quien se peleó debido a la decisión del joven de no seguir en el seminario. Díaz, sin querer comenzó su ingreso en la política. Visitó a su ex mentór en la cárcel y más tarde se hizo partidario de los que creían que México necesitaba una revolución.

Se atacó al gobierno federal y cuando figuras como Benito Juárez volvieron al país ya se había dado inicio a una nueva etapa en la historia de México. Estalló la Guerra de Reforma, entre conservadores y liberales, plegándose Díaz a este último grupo. Durante el conflicto, peleó en varias batallas y fue ascendido hasta teniente general. Cuando triunfaron los liberales, fue nombrado diputado por Oaxaca en el Congreso de la Unión.

Luego vino la segunda intervención francesa a México y Díaz se dedicó a combatirlos al igual que a los conservadores en numerosas batallas, salvando la independencia de su patria en incontables situaciones. Para 1864, sin embargo, la situación de desgaste lo había llevado a organizar solamente una guerra de guerrillas en Oaxaca, pero que al menos resultó exitosa.

Sin embargo,  la situación del país se tornó sombría cuando un grupo de conservadores ofrecieron a Maximiliano de Austria su propio país, el cual cambiaría su nombre al de Segundo Imperio Mexicano. Como en Europa se pensaba que era necesaria en América una presencia con el fin de evitar la continua extensión de los Estados Unidos, el noble europeo aceptó gustoso.

En 1865 las tropas realistas asediaron Oaxaca varios meses y Díaz se vio obligado a rendirse. Se le hubiese fusilado pero su pena fue cambiada a la de prisión perpetua. Ese mismo año consigue huir y marcha al sur del país. Pasaron dos años de grandes batallas como la de Miahuatlán y la de Carbonera. En 1866 el poder de Díaz era tan grande que se hace nombrar gobernador provisional. Por otro lado, al año siguiente Francia retira a sus últimas tropas, dejando solo al emperador Maximiliano.

Las últimas ciudades en manos francesas (como Puebla) cayeron y tanto soldados del emperador como los conservadores parecían tener los días contados. Finalmente,  la guerra terminó con triunfo de los republicanos-liberales, derrotando a franceses, conservadores y monárquicos. Como resultado y premio por sus acciones en nombre de su país, Porfirio Díaz se retiró a Oaxaca donde recibió una hacienda y vivió tranquilo alejado de la vida pública, haciéndose de muchas mujeres, aventuras y dinero. Finalmente,  se casó con una de sus sobrinas, llamada Delfina Ortega. Con ella tuvo varios hijos y fue su cónyuge formal hasta la muerte.

El Porfiriato

Postuló a la presidencia por el Partido Progresista pero fue derrotado por Juárez. Sin embargo,  tras la súbita muerta de éste, Porfirio se sublevó contra el sucesor, Lerdo de Tejada, con el Plan de Noria, el cual estaba en contra del reelecionismo y buscaba respetar la Constitución de 1857. En 1876 Lerdo es expulsado del poder y Porfirio accede  a la presidencia, dando inicio así al Porfiriato el cual duró hasta 1911, solamente interrumpido por el gobierno de Manuel González entre 1880 a 1884, aunque este presidente fue sólo un títere de los porfiristas. Durante este gobierno autócrata, Porfirio Díaz controló la vida de México en todos los sentidos.

Para justificar su poder, publicó una enmienda en 1890 a cual acreditaba siempre la reelección indefinida. El dictador se encargó primero de llevar a cabo la paz en el país con el fin de así poder atraer la inversión extranjera que genere empleo, lo que se fue dando de a pocos. El hecho es que si bien la economía y situación política de México se hizo con el tiempo más estable, las clases bajas no veían dicho beneficios. Por tanto, de este modo el gobierno pasó sencillamente a crear una oligarquía que dominaba todos los ámbitos del gobierno. Existía, pues, una mala distribución de la riqueza.

Pese a todo el régimen dio algunos buenos frutos como la creación de miles de kilómetros de vías férreas. Por otra parte,  la educación en ciencias y artes tuvo mayor difusión lo que permitió la creación de una burguesía económica y también intelectual que se fue gestando paulatinamente. Edificios, ministerios, introducción de la cultura mexicana pre-colombina al extranjero, mejoras en la salud, adelantos tecnológicos, fueron los principales puntos de su gobierno.

Empero el Porfiriato era un arma de doble filo, pues este gobierno no había apostado a una reforma económica y agraria, y México, a inicios del siglo XX seguía siendo un país eminentemente feudal con industrias en manos de capitales extranjeros, principalmente estadounidenses.

Retiro y muerte de Porifirio Díaz

Así entonces, México da inicio al siglo XX con el mismo presidente que tenía dos décadas antes. Para 1908, Porfirio Díaz, empezó a ser criticado por los sectores burgueses y democráticos de otros países y en una entrevista a un periodista yanqui, alega no ver con desagrado apartarse del poder. Sin embargo, postuló  a las elecciones de 1910, compitiendo con  Madero, haciéndolo prisionero y  derrotando a su partido en un juego político que olió a fraude.

Madero escapó a Estados Unidos y declaró el Plan de San Luis dando inicio a la Revolución Mexicana cuando se levantó en armas el 10 de noviembre de 1910 contra el dictador.  Habiéndose ganado a las masas, bastaron seis meses para que el ejército federal sea derrotado, el cual no pudo evitar la toma de la ciudad de Juárez y del distrito federal. Porfirio Díaz admitió su derrota política y firmó la paz con los maderistas, huyendo a Francia. En sus últimos años de vida rechazó cualquier intento de regresar a su país que estaba en momentos revolucionarios. Y si lo pensó, pronto lo descartó. Prefirió dedicarse a pasear por Europa y pasar los últimos años de su vida en familia.

A finales de 1914 su salud decayó totalmente y murió el 2 de julio debido a su avanzada edad, casi ochenta y cuatro años, llenos de aventuras, algunas con decisiones más acertadas que las otras.

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pensamientos de 4 \"Dictadores: Porfirio Díaz\"

  1. Pingback: Porfirio Díaz
  2. Hola, Joaquín Toledo:

    La información que aquí aparece es inexacta. Diaz fue un gran presidente; el mayor estadista que ha tenido México; reconocido como tal por muchas de las grandes figuras de su época; entre ellas León Tolstoi quien lo llamó el redentor de México. Su caída, así como el empañamiento que ha recibido su figura, se debe en primer lugar al formidable desarrollo que había alcanzado México durante su mandato; cosa que los Estados Unidos de América no podían ver con buenos ojos. Es, además, un hecho patente y demostrable (con documentos) que el general Díaz siempre prefirió favorecer al capital europeo que al estadounidense; uno de los motivos, causa de particular conflicto, en torno a esto, fue que prefiriera otorgar las concesiones relativas a la explotación del petróleo a los británicos y no a los estadounidenses. No esta de más, por otra parte, consignar que el presidente Taft, en su momento llegó a reclamarle a Don Porfirio su actitud poco receptiva a las pretensiones de su gobierno, así como también su abierto desafío al acudir en auxilio del presidente de Nicaragua, Celaya, contra quien pendía una orden de aprehension de parte suya.

    Conviene acotar, asimismo, que el criptojudío Francisco Madero, poseía una de las cinco mayores fortunas del país y tenía bancos incluso, del otro lado del Bravo. Sin su fortuna, nada hubiera podido hacer. Hay que asentar, también, que era un tonto (sí, esa es la palabra) con buenas intenciones en el mejor de los casos; pero que fue asesinado, justamente, cuando resultó evidente que tampoco planeaba seguir las disposiciones de los gringos. Ellos serían, por lo demás, los verdaderos instigadores de la mal llamada “revolución mexicana”, si te atreves a ponerlo en duda, bueno es que sepas que esta terminó con la firma de los tratados secretos de Bucareli (que suscribiera el traidor Alvaro Obregón), mediante los cuales se comprometía a no industrializar el país y a depender de los vecinos del norte. Estos vergonzosos tratados se dieron a conocer muchos años más tarde, sin que consiguieran despertar de la apatía y el marasmo a los mexicanos. Que, como diría un personaje (cuyo nombre se me escapa), “estan ansiosos de ser gringos de segunda”. Estos tratados, repito, pusieron fin a la revolución. La misma revolución que esta mitificada por el simple hecho de que la historia la escriben los vencedores y que permitiera, por más de setenta años, el entronizamiento de un partido, el PRI, en el poder.

    “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”, ¿conoces esa frase?, la dijo el general.

    Ojalá algún día sus restos sean repatriados con honores a su patria como se merecen.

    Por último, en estos momentos tan dolorosos que vivimos los mexicanos, en donde muchas zonas del país son zonas de guerra (guerra instigada nuevamente por los E.U. disfrazada de lucha al narcotráfico), conviene anotar que lo que necesitamos es un Díaz o un Franco que traiga el orden.

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