Invasión a Dinamarca y Noruega: La campaña nazi sobre los descendientes de los vikingos
Escrito por: Joaquín Toledo, especialista en historia del mundo, historia antigua y con amplia experiencia en investigaciones sobre conflictos bélicos.
Luego de la invasión a Polonia, todo el mundo se preguntaba cual sería el próximo golpe de Hitler y los nazis. Mientras Inglaterra y Francia se preparaban para una nueva guerra, con los recuerdos aún frescos a causa de la primera contienda, el Alto Mando Alemán no sabía bien dónde dirigirse. Sin embargo, a causa de la escasez de recursos con los que contaba Alemania y que resultaban indispensables para una guerra a largo plazo, Escandinavia se tornó de pronto un platillo apetecible. El III Reich necesitaba del hierro de Suecia, así como de otros recursos y puertos que Noruega podía brindarles. Eso sin contar que, una vez iniciada la guerra con Rusia, ocupando estos territorios, los alemanes cortarían todo tipo de comunicación entre ambos bandos si es que estaban planeando aliarse.
Por su parte los aliados, en especial los ingleses, ya habían decidido que hacer. Presintiendo los deseos de Alemania, de extender sus dominios hacia Escandinavia, estaban dispuestos a llevar a cabo un bloqueo que prácticamente, cercaría a Alemania y la obligaría a una rápida rendición. Ambos bandos anhelaban el puerto de Narvik, en Noruega, por ello, quién lo tomase tendría gran parte del comercio de minerales que tanto necesitaba para ganar la guerra. Pero había un problema mucho más grande, tanto para ingleses como alemanas y se trataba de la empecinada neutralidad de los países nórdicos. Antaño, tierra de vikingos y otros escandinavos que habían sido extraordinarios guerreros y que habían asolado gran parte de Europa. Pero corrían otros vientos, y los planes, en especial del III Reich no tenían marcha atrás.
El destino de Finlandia se selló rápidamente pues luego de la guerra contra la URSS, esta la obligó a firmar un armisticio muy desfavorable. Por otra parte, Hitler estalló en ira, pues esa jugada de Stalin había sido muy perspicaz, pues le permitía una cercanía a Europa central y occidental. Pero ello y si tenemos en cuenta a algunos pro-nazis noruegos como Vidkun Quisling quienes advirtieron primero a Hitler (este los ignoró al inicio), acerca de una posible invasión de Inglaterra a Noruega, complicó todo el panorama, pero no persuadieron al Führer. A Hitler le preocupaba mucho la guerra en el oeste, contra Francia e Inglaterra y quería estar seguro de acabar con ellos para siempre, esa era su prioridad, sin embargo sabía muy bien que si Noruega quedaba en manos británicas una victoria sobre la isla sería algo muy difícil de lograr. La decisión de Hitler para la campaña contra los escandinavos quedó dicha cuando el 16 de febrero de 1940 acaeció el Incidente del Altmark.
El pretexto y la operación
El inconveniente fue el siguiente, un buque de transporte alemán llamado Altmark, que poseía 303 prisioneros de guerra británicos, fue avistado por estos, perseguido y atacado en aguas neutrales de Noruega que a todas luces, violaba las leyes internacionales. En el combate fallecieron siete alemanes. Entonces el Führer dedujo que Gran Bretaña no tendría ningún reparo en invadir Noruega y otros lugares alrededor si es que así lo requerían sus necesidades de guerra, por ello y adelantándose a los británicos, se planeó la invasión a Noruega, a la que luego se agregó la llamada invasión de Dinamarca, como preludio al primer país escandinavo.
La Operación se llamó Weserübung algo así como Ejercicio sobre o en el Weser, un río alemán. Hitler quién ya tenía planes para una invasión desde diciembre de 1939 aceleró los mismos, y también fue aconsejado de no subestimar a los escandinavos, a sazón de lo que le había ocurrido a los soviéticos. Pero Hitler estaba bien confiado en sus tropas. Finalmente el Führer cede ante el consejo de la Kriegsmarine, pues sólo para acabar con la resistencia y repeler un posible ataque británico se necesitaría al menos todo un Cuerpo del Ejército. Ni hablar de las embarcaciones que se debían utilizar. Eso hizo que Hitler se torne más prudente. Finalmente dio el visto bueno el 27 de enero cuando el plan estimó que se utilizarían cinco divisiones, de las cuales tres irían en la primera oleada. Además se utilizarían paracaidistas como en la campaña de Polonia para tomar algunas pistas de aterrizaje. Una sexta división de apoyo fue enviada más tarde. El incidente del Altmark hizo que la operación fuese pulida para su ejecución. En marzo se agregó Dinamarca como una nueva víctima de la operación pues desde sus puertos se podría realizar un ataque más efectivo. Entonces fueron agregadas dos divisiones de infantería y una brigada motorizada. Desde el cielo la Luftwaffe ampararía a los suyos con mil aeroplanos para devastar a cualquier resistencia.
La invasión en tierras danesas
Los ingleses estaban atentos a los movimientos alemanes, aunque también sospechosos, creyendo que Hitler nunca se atrevería a semejante operación, pero por si las dudas, el 8 de abril los ingleses colocaron las primeras minas sobres las costas noruegas. Al día siguiente, violando la neutralidad, Alemania invade Dinamarca. Más allá de todos los argumentos ya presentados, Hitler justificó este acto para “proteger” a los países nórdicos por cuestiones ideológicas basadas en la pureza racial. Por ello, Alemania actuaba como el “papá” de los escandinavos a quienes debía proteger ante una posible invasión de los anglo-franceses o eslavos.
Los alemanes arrasaron las escuálidas defensas danesas en cuestiones de horas, sus aviones fueron reducidos rápidamente y sus 15 mil defensores armados nada podían hacer. Los paracaidistas alemanes pronto tomaron la bahía de la capital, Copenhague, y las posiciones que les correspondían rápidamente, no se dañaron a los civiles aunque se rodeó el palacio real danés. Hitler dio la orden de no entrar. En su interior el rey Cristián X se debatía junto con su gabinete acerca de si rendirse o no, eso claro, sin contar la amenaza que la Luftwaffe había lanzado de aniquilar la capital con bombas; incluso, en un acto macabro, los aviones llegaron poco después y anduvieron dando vueltas sobre Copenhague sin disparar, aunque su sólo sonido producía una tensa y desesperante amenaza. Finalmente el rey entrega a su país, sólo bajo la condición de independencia política interna. Gracias a esta hábil maniobra los daneses consiguieron salvar a muchos judíos llevándoselos a Suecia, un país neutral, sólo 40 murieron durante la ocupación. Por razones ya mencionadas Hitler dio un trato especial a los daneses, quienes no se verían perjudicados hasta 1943 cuando la guerra empezó a ser adversa para Alemania en todos los frentes mientras que los grupos de resistencia se incrementaban en el país. Dinamarca durante la campaña de invasión sólo tuvo 16 muertos.
La invasión a Noruega
Al mismo tiempo seis grupos navales transportaban tropas a Noruega. Era las 7 de la mañana del 7 de abril cuando aviones de la RAF se sorprendieron por la cantidad de navíos implicados y no muy lejos de Noruega. Los ingleses recién cayeron en cuenta de que se trataba de la inminente invasión hacia las cinco de la tarde. Los grupos que enviaron los alemanes llegaron felizmente a sus objetivos, siendo estos Narvik y Trondheim, siendo el primero y segundo respectivamente. Por otra parte, los otros grupos alemanes fueron más castigados por la artillería costera noruega, siendo hundidos y dañados varias embarcaciones, por lo cual la Luftwaffe se vio obligada a entrar en escena. Oslo se había salvado un día más. Sin embargo, la ayuda aliada nunca llegó con efectividad y la capital fue tomada gracias a la intervención de los paracaidistas alemanes. Otro grupo tomó Stavanger sin inconvenientes
Los británicos
Gran Bretaña se sorprendió por la osadía de Hitler ante este ataque. Su plan fue que en el sur permanezcan los submarinos y la RAF, mientras que en el norte lo principal de la fuerza armada. En el puerto de Narvik los alemanes tenían diez destructores y dos cruceros de batalla, los británicos con tan sólo cinco destructores hundieron dos alemanes y otros pequeños. Esa había sido la Primera batalla de Narvik, en su huida los británicos fueron perseguidos y se hundieron a dos de los cinco destructores. De ahí en más los ingleses se dedicarían a hostigar a la marina alemana, bastante más débil. Entonces se trabó una segunda batalla en Narvik, eran nueve destructores ingleses contra ocho alemanes. Los germanos fueron aniquilados aunque los ingleses no giraron la rueda a su favor.
En tierra firme, mientras tanto, Vidkung Quisling se había auto-nombrado Primer Ministro desde el día de la invasión y sus amigos nazis presionaban al gobierno para que se le reconozca. Se intentó capturar Trondheim y Narvik por parte de los aliados, mientras que los germanos habían quedado prácticamente anulados en el mar se debía aprovechar la oportunidad, por ende la fecha se fijó entre el 17 al 18 de abril. Eran 12 mil soldados aliados, y a casi una semana de la invasión, los alemanes no habían logrado aún sus objetivos ante la impaciencia de Hitler quién ya alistaba el grueso de sus tropas hacia Francia. En Trondheim como en otras partes de Noruega, los soldados de aquel país resistían heroica, aunque inútilmente, pues los alemanes avanzaban apoyados por la todopoderosa Luftwaffe y cuando esta no actuaba, a causa de lo mejor abastecidas y armadas que estaban sus tropas. Los soldados aliados pronto se percataron que su presencia allí era absurda y antes de ser aniquilados debieron reconocer la tardanza de su proceder optando por un vergonzoso y humillante retiro sin haber hecho absolutamente nada.
El 2 y 3 de mayo se vieron obligados a hacerlo. En Narvik los aliados, con 25 mil soldados lograron expulsar a los 4 mil alemanes, pero también se retiraron al hacerse prioritaria la presencia de soldados aliados en Francia y los Países Bajos. Entre el 24 de mayo y el 8 de junio fueron evacuadas estas últimas tropas. Con las irrisorias bajas de 3800 muertos y 1600 heridos, los nazis ahora tenían en sus manos Noruega y el puerto que le serviría para recibir todo el acero de Suecia que ellos necesitaban. Aunque esto fue fundamental y los ojos de Hitler se mostraban ya más precavidos rumbo a occidente, la campaña le había restado tiempo, dinero y por sobre todo 400 mil soldados aproximadamente que fueron utilizados en aquel país hasta 1945, que obviamente menguó bastante las unidades alemanas, más tarde tan necesarias en otros frentes.

