La batalla de Estalingrado

Posted by admin on May 19, 2009 in Segunda Guerra Mundial |
   

stalingradoEscrito por Joaquín Toledo, especialista en historia del mundo, historia antigua y  con amplia experiencia en investigaciones sobre conflictos bélicos.

Las palabras de Stalin retumbaban en millones de oídos rusos: “Ni un paso atrás”. La batalla por la Madre Rusia, para septiembre de 1942, se resumía en un solo punto del país más grande del mundo: Estalingrado, la ciudad que llevaba, justamente, el nombre del líder máximo soviético. Fue en aquella ciudad donde se libró el más mortífero y épico combate que haya conocido la humanidad. Una pequeña urbe que no debía plantear ningún tipo de problema para los poderosísimos ejércitos nazis, pronto se había tornado exasperante para Hitler y los suyos. En un inicio el ataque nazi sobre las líneas rusas había sido casi impecable. Los alemanes avanzaron sin mayores contratiempos matando a diestra y siniestra a hombres mujeres y niños, civiles o soldados, destruyendo propiedades, campos, matando animales, si es que los rusos dejaban algo, por supuesto. Sin embargo luego del frustrado intento de tomar Moscú, las tropas germanas tuvieron que reagruparse. Seis meses después amenazaban con tomar todo el Caúcaso y aislar el sur de la URSS, y los germanos, a pesar de todos sus contratiempos y líneas de abastecimiento al límite, pensaban que la victoria estaba cerca. Sólo faltaba tomar la susodicha y relativamente pequeña urbe a orillas del río Volga: Estalingrado.

La batalla más sanguinaria de la humanidad
Ciertamente era una ciudad pequeña, de unos 50 Km. de largo y unos 10 Km. de anchura…ahora bien, ¿qué problema podía representar una ciudad de insignificante tamaño para el enorme poderío bélico germano, y que además había recorrido enormes distancias desde Berlín venciéndolo todo? Cualquiera hubiese pensado que la rendición era cuestión de días. Desde el primer momento, cuando los tanques y aviones de la cruz gamada se acercaban a la ciudad, Estalingrado estaba condenada a convertirse en un enorme cementerio. Stalin y las autoridades soviéticas locales prohibieron terminantemente el abandono civil de la ciudad, so pretexto de que su presencia, generaría moral en las tropas que pelearían por la urbe. Fue así como miles de personas quedarían atrapadas en diferentes partes de la ciudad entre el fuego de uno y otro bando. Pocos civiles consiguieron huir desesperados cruzando el Volga.

Para agosto de 1942, las primeras bombas caían sobre Estalingrado y los ejércitos de von Paulus y Hoth se acercaban a los suburbios, mientras que el Alto Mando Alemán sólo esperaba la buena nueva de que la ciudad había sido tomada. Cuestión de unas cuantas horas, pensaron, en especial Hitler, quién deseaba que la ciudad de su odiado enemigo sea aniquilada. Sólo 40 mil rusos había en Estalingrado el 1 de septiembre frente a las unidades del 6to Ejército y el 4to Ejército Panzer, muy poderosos, con soldados experimentados, endurecidos por el combate, y un detalle muy importante: no conocían el sabor de la derrota. Sin embargo, ante la necesidad de unidades mecanizadas en otros frentes tanto Paulus como Hoth respectivamente, habían visto mermadas sus fuerzas, que hubiesen sido decisivas para ganar la batalla en corto plazo, si bien aún así seguían siendo fuertes en consideración. Paulus, en lo personal, estaba preocupado por otras cosas, como las débiles e indisciplinadas tropas del ala izquierda compuesta por rumanos e italianos.

Del lado de los rusos las cosas iban algo peores. Teniendo en cuenta que sólo tenían a unos 40 mil soldados bastante inferiores en calidad y armamento que sus pares germanos, no contaban con grandes unidades mecanizadas, sólo tenían que resistir como pudiesen. Ya se encontraban en la ciudad Chuikov y Zhukov, este último, en quién Stalin reposaría todas sus esperanzas para impedir a toda costa la victoria alemana, algo que a inicios de septiembre, ni siquiera se tenia en sueños. Lo único que se pensaba con algo de suerte, era retrasar por un par de semanas a los alemanes. Pese a todo ello, los pensamientos de pesimismo y derrotismo debían quedar sólo en eso, en pensamientos, cualquier palabra con dichos sentimientos era castigada con la muerte. Los primeros enfrentamientos en las calles de Estalingrado fueron bastante igualados, los rusos ya daban ejemplos de una efectiva lucha callejera, sin embargo, los blindados, y la artillería nazis no perimitían el avance. Eso sin contar que los francotiradores ya hacían lo suyo en todas partes.

Paulus, en una franca contradicción a su buena reputación precedente, decide reducir la ciudad a escombros para tomarla cuanto antes creyendo que así la resistencia soviética se desmoronaría. ¡Craso error!, sucedió todo lo contrario. Paulus prefirió esto antes que cortar las líneas de comunicaciones y de abastecimiento rusas del otro lado del Volga. Esto generó escondites naturales para los rusos por todas partes. Pronto, los germanos se daban cuenta que en lugar de minar la moral de los rusos, sólo los estaban beneficiando. Los combates ya se daban por todas partes, aún cuando los  alemanes tuviesen más de la mitad de la ciudad. Se empezaron a utilizar las cloacas, se peleó en cada rincón de la ciudad, a un lado  de hospitales incendiados, escuelas demolidas, parques arrasados y civiles aterrorizados. Existían días en que los alemanes trababan combates durísimos  para tomar una manzana sólo para que al día siguiente la vuelvan a perder, o peor aún, para que los rusos tomaran dos o tres, mortificando a los nazis. Para fines de septiembre los alemanes no tomaban toda  Estalingrado, Paulus sonreía esquivo cada vez que los periodistas alemanes le preguntaban cuando caería la ciudad.

En octubre habría una nueva ofensiva, que resistieron los rusos una vez más aunque con grandes pérdidas, mientras los alemanes peleaban por cada fábrica y por el monte Mamaiev Kurgan, y sobre todo su último objetivo, los escasos metros que los separaban de las orillas del río pero que les había resultado imposible tomar. Se empezaron a hacer pausas que la mayoría de veces eran respetadas, cuando los soldados querían satisfacer necesidades tan esenciales como comer y dormir. Pese a todos sus contratiempos y si bien el enemigo ruso había demostrado más determinación de la que se esperaban, para los alemanes sólo restaba decir que el fin se acercaba.

Para octubre casi el 90% de Estalingrado estaba en manos alemanas y parecía que una ofensiva más finalmente les daría la victoria. Habían jurado fidelidad al Führer, y esperaron la misma lealtad de su parte. Pero llegó noviembre, y no se tomaba la ciudad a pesar de todos los esfuerzos, eso sin contar que francotiradores como Vassili Zaitzev y la propaganda roja hacía mella en los corazones y el espíritu combativo alemán. Los rusos no habían dejado de percibir esto y sobre el escritorio, Stalin y todo el alto mando ya estaban en preparativos para una gigantesca contraofensiva totalmente ambiciosa: nada más y nada menos que el cerco y la destrucción del 6to Ejército de Paulus, si Hoth decidía entrar en el juego se le aniquilaría también.

Para los alemanes el fin del año y la imposibilidad de toma la ciudad sólo significaba una cosa: la ofensiva de 1942 había fracasado ya. La ofensiva en Rusia había pasado totalmente, a la más desgastante defensiva. A pesar de que los alemanes intentaron una desesperada y última ofensiva estaba claro que el fin que estaba cerca era el de ellos y no el de los rusos. La Operación Urano, ese era el nombre clave de la ambiciosa operación de aniquilar al ejército ruso. Se enfrentarían tropas de similar número, poco más de un millón, casi de la misma cantidad en cuanto a blindados, aviones y artillería, por lo cual las fuerzas en combate se enfrentarían de igual a igual. Pero los alemanes tenían algo en su contra: la moral. Los rusos parecían totalmente frescos, y animados, mientras que los alemanes sufrían la falta de reservas de alimentos, cansados y al límite.

Era el 19 de noviembre cuando 3500 cañones soviéticos cayeron sobre las posiciones alemanas. Este fue el inicio del fin. Seis días más tarde el cerco estaba completo y de ahí en más los alemanes experimentaron por primera vez lo que era el hambre, la tortura, la desesperación. Este era el comienzo del 6to Ejército, hecho que culminaría en febrero de 1943, luego, hay que aceptarlo, de la heroica, aunque inútil, resistencia alemana. Los rusos, burlonamente, cocinaban y celebraban cerca de las líneas alemanas mientras las cerraban cada vez más, contra su inminente destino: la aniquilación.

Todo intento de Hoth y de los alemanes en general de romper el cerco, fue inútil, nadie pensó en realidad que la operación fuese tan ambiciosa. Hitler subestimó hasta el último momento a sus enemigos, y sobreestimó a sus hombres. Les dijo que el 6to Ejército llevaría a cabo el mayor esfuerzo en toda la historia militar del país pero ya eso, para diciembre, era totalmente imposible. Los alemanes pasaron una tortuosa navidad, con un poco venturoso año nuevo. Al cerco ya le llamaban ”der Kessel” o la caldera y les aterrorizaba, finalmente, luego de semanas de sangrienta lucha, y de los constantes pedidos de Paulus para rendirse antes de que perezcan todos su hombres sin recibir más ayuda de Hitler que escasísimos víveres por vía aérea, los alemanes depusieron las armas, el 2 de febrero se disparaba la última bala en la ciudad, era el fin de todo.

Allí acabaron enterrados los sueños de Adolf Hitler de tomar el mundo, ¿Qué hubiese ocurrido con el curso de la historia si hubiese tomado la ciudad y ganado la guerra en el frente oriental?

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