La batalla de Creta: La caída del mundo griego bajo el poder de la esvástica

Posted by admin on May 24, 2009 in Segunda Guerra Mundial |
   

batalla-de-cretaEscrito por Joaquín Toledo, especialista en historia del mundo, historia antigua y  con amplia experiencia en investigaciones sobre conflictos bélicos.

Desde la caída de Francia, Mussollini miraba a Hitler  con cierta envidia. Y aunque solía hablar  mal de él en su país, cada vez que  coincidían en las reuniones parecían, más que simpatizantes ideológicos, parecían hermanos enrumbados en una sola lucha. Como sea, Hitler había sido un fiel admirador de Mussolini desde sus inicios, empero, la providencia de la historia había determinado que el alumno supere al maestro. La cuestión era muy sencilla, luego de la caída de Francia y con Inglaterra a punto de sucumbir, o al menos en apariencia, Mussolini recién cayó en cuenta que Adolfo Hitler no sería un contricante ordinario, por lo que era mejor tenerlo de  aliado que como enemigo. Pero no sólo de admiraciones debía vivir el Duce y entusiasmado pensó en emular los éxitos de su excelente pupilo para demostrarle que seguía siendo el maestro. No obstante, Mussolini sólo le complicó la vida a Hitler y demostró ser un inepto por donde se le viera.

Para fines de 1940 Hitler ya estaba preparando la invasión a Rusia, la Operación Barbarroja que debía empezar en abril o mayo del año siguiente como máximo. El Duce, mientras tanto, quiso hacer valer a sus fuerzas armadas y demostrar que eran tan poderosas como las aliadas. Para ello, no se le ocurrió mejor idea que el intento de apoderarse de los Balcanes, empezó con Grecia y los italianos fueron el “hazmerreír” del mundo entero. Los griegos demostrando ser excelentes guerreros, derrotaron a sus enemigos y los devolvieron a sus posiciones iniciales. Entonces,  Hitler, el alumno, debió posponer unas semanas más Barbarroja con el fin de socorrer a las desastrosas tropas italianas. Los griegos volvieron a resistir heroicamente pero esta vez todo pedido de esfuerzo fue realmente demasiado para ellos. Los alemanes arrasaron Grecia y sobre la Acrópolis griega volaron Stukas. Sin embargo,  el tiempo que los nazis invirtieron retrasó las operaciones en Rusia, volcando el favor de la guerra en su contra.

Hitler,  por su parte,  se había percatado que después de todo, la toma de los Balcanes había ayudado a reforzar su posición en el Mediterráneo, ahora sólo faltaba algo más, un punto totalmente estratégico donde se habían refugiado cerca de 43 mil soldados aliados, entre griegos, ingleses, australianos y de otras nacionalidades que luchaban contra el nazismo: la isla de Creta. Para nadie era un secreto que la misma tenía una importancia estratégica indispensable si se quería llevar a cabo una guerra en África a largo plazo. Además gracias a los aeródromos, se podría convertir en un peligro para las tropas en los diversos continentes donde se peleaba. Hitler dio su visto bueno el 27 de abril de 1941 para dar inicio a la invasión de la isla, la última del antiguo mundo griego y de gran importancia que aún quedaba libre de los nazis.


La decisión germana

Entre el Alto Mando Alemán hubo controversias y discusiones acerca de la invasión. Si bien era indispensable tomar los aeródromos, no se habían realizado operaciones aerotransportadas a gran escala. Aviación y ejército decidieron concentrar tropas y fuerzas en torno a la hipotética toma del aeródromo de Maleme, otros sugirieron utilizar los paracaidistas en una zona mucho más amplia. El aeródromo era el más extenso e importante de la isla, por ello, Göering concentró todo lo que pudo en ella, aunque claro sin descuidar otras bases aliadas también indispensables. A la invasión de la isla por los nazis, se le dio el nombre de Operación Merkur, o Mercurio.

Inicio de la batalla
Con 10 mil paracaidistas, 5 mil tropas de montaña y 7 mil de infantería naval, los germanos dan inicio a la invasión en tres grupos: centro, este y oeste, siendo este último el más numeroso. Eran las 6 de la mañana del 20 de mayo de 1941 cuando se dio inicio al primer bombardeo que estaba dirigido contra los aeródromos de Maleme y Heraclon A  las 7:15 se generó uno nuevo con el fin de aniquilar todas las fuerzas aéreas británicas, a continuación siguieron los paracaidistas. Fueron operaciones relativamente exitosas, con escasas bajas en el aire, aunque no así en tierra, donde la infantería inglesa opuso seria resistencia. El resultado fue que muchos paracaidistas cayeron desorientados y la operación se convirtió en un verdadero caos. Por la tarde continuaron los lanzamientos en paracaídas y las bajas alemanas se incrementaron debido a la desorganización que cundía en filas alemanas. Habían sido dos oleadas de ataque sin éxito, pues no se tomó ninguno de los aeródromos.

Pronto,  la toma de uno de estos tres se tornó una obsesión para los alemanes, por la sencilla razón de que esto permitiría que puedan aterrizar sus propios aparatos. Curiosamente,  la posición menos fuerte de los ingleses estaba alrededor de Maleme, y sería allí donde se definiría la suerte de toda la isla. El coronel Andrew, responsable de este, vio las comunicaciones forzadas y entró en pánico, pues ordenó el retiro de las tropas sin prever la importancia de mantener el aeródromo. Creta estaba ya prácticamente pérdida. Entonces los primeros aviones alemanes aterrizaron en dicho aeródromo el 21 de mayo, mientras que en otros puntos importantes que debían tomarse a toda costa, los alemanes seguían sin tener éxito mientras luchaban con las poderosas aunque mermadas, tropas aliadas. Era hora de que la Marina Inglesa, entre en la batalla, y así fue.

En una batalla épica, la marina inglesa y la fuerza aérea alemana trabaron combate, esta última fue muy superior y hundieron el Juno, un destructor; consiguiendo dañar  también al crucero Ajax. Los ingleses sufrían duros reveses. Pese a ello consiguieron aniquilar el primer convoy alemán rumbo a Maleme. El segundo se alistó inmediatamente. El 22 de mayo, tercer día de la batalla, la aviación alemana y la marina inglesa continuaron empeñados en un combate reñido, donde los británicos perdieron dos cruceros, un destructor y tuvieron cuatro buques averiados frente a los excelentes Stukas. El 23 las cosas continuaron similares para ambos bandos, aunque los alemanes se hicieron más fuertes en tierra gracias al aeródromo y empezaron a vapulear a los aliados, con la fina intención de dejarlos aislados en la isla, obligándolos a rendirse o a ser aniquilados luchando hasta el final.

Para el 24 de mayo, ante la alarma y el descontento de Londres, se informó que los convoyes alemanes ya no podían ser detenidos y que la armada inglesa debía retirarse sino quería ser destrozada. Por otra parte,  se confirmó que Creta estaba a punto de caer, hecho que el gobierno inglés se negó rotundamente a creer, tratando de persuadir a sus fuerzas armadas de luchar hasta el final  y anunciándole a la armada de que no podía enviar las embarcaciones de momento pues la mayor parte de ella se hallaba en el Atlántico persiguiendo al Bismarck.

Era ya 26 de mayo cuando las tropas alemanas, algo exhaustas aunque con más moral, llegaron al puerto de Kastelli, allí encontraron resistencia del 1 regimiento griego. Luego de un extenuante combate se tomó dicho puerto y se lograron desembarcar tanques. Recién, Londres debe aceptar la derrota, y se ordena la evacuación a modo de un “pequeño Dunkerke” con los sobrevivientes. Una vez más, la armada inglesa, en un acto heroico decide en medio de la oscuridad entre el 28 al 29 de mayo, rescatar en Sfakia a cerca de 17 mil sobrevivientes para llevarlos a Egipto y donde se podría continuar la lucha contra el Eje. 15 mil más murieron en la batalla o fueron hechos prisioneros o bien desaparecieron. A los alemanes le costó 6500 bajas, aunque a Hitler más le preocupó el fracaso de sus tropas aerotransportadas, anunciando que había llegado el fin de las mismas.

Con esto el Führer tenía a todo el mundo helénico clásico bajo su poder, y ahora se preparaba para sus siguientes objetivos: África, y aquel que le costaría la guerra entera: Rusia.

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