Espartaco y la tercera guerra servil

Posted by admin on Jan 25, 2010 in Grandes guerras de la historia |
 

gladiadores

Escrito por Joaquín Toledo, especialista en historia del mundo, historia antigua y  con amplia experiencia en investigaciones sobre conflictos bélicos.

La esclavitud ha estado presente desde el inicio de los tiempos, acaso como una mancha en las crónicas históricas o como un error del que poco se ha aprendido a pesar del tiempo.  Las potencias, y en especial las de la antigüedad, por supuesto, no fueron la excepción, y Roma, debido a su enorme extensión, sería acaso la que se lleve en torno a este sistema económico como lo denominaría Marx, los hechos más inauditos y románticos que puedan existir en torno a hombres y mujeres que lucharon por la igualdad miles de años atrás, cuando la democracia y la libertad era algo teórico para los estados. La potencia romana, heredera del pensamiento griego, defensora a muerte del esclavismo hizo frente a muchas revueltas internas  en sus años de república,   conocidas como Guerra Serviles. La última de ellas, acaecida en el siglo I a.n.e., sería la más descollante y representativa de todas. Gracias a las novelas, películas y múltiples fuentes audiovisuales Espartaco y sus seguidores han sido inmortalizados como los protagonistas de esta justa causa que impulsó a ciertos humanos a llevar a cabo actos de rebeldía que estaban desencajados con la época.

El chispazo inicial de las Guerras Serviles

Las llamadas Guerras Serviles fueron para Roma pequeñas revueltas o disturbios locales insignificantes para el Senado y el poder de la República. La tercera de estas, representó quizá la más grande de todas  y aunque no se consiguió marchar sobre Roma o si quiera ponerla bajo un peligro grande y latente, las generaciones posteriores de esclavos percibirían los cambios. Todo empezó en el siglo I, cuando los gladiadores luchaban hasta la muerte en el coliseo romano como modo de entretenimiento para la plebe.  Los líderes romanos querían estar bien abastecidos de estos esclavos que se encargaban de matarse entre sí para vivir un día más y entretener a sus miles de conciudadanos…o hasta familiares, por ende establecieron los ludi, algo así como unas escuelas de entrenamiento por toda Italia. Estos gladiadores podían tener diversos orígenes, ya sea desde desertores o prisioneros de guerra, hasta criminales y sirvientes comunes condenados a la desgracia.

Corría el año 73 a.n.e., cuando en el ludi de Caputa, unos 200 gladiadores se revelaron y planearon fugarse, hartos de ser vendidos y tratados como símbolos máximos de la diversión popular de aquel entonces. Se llegaron a armar y a escapar 74 hombres con utensilios sencillos, al parecer de cocina.  Más tarde abandonarían la escuela derrotando a los guardias y apoderándose de lar armas y armaduras de gladiador.  Según las crónicas,  los líderes de las revueltas fueron desde un inicio tres esenciales: Criso, Enomao y Espartaco. Sobre este último, el más conocido, al parecer, o bien era un antiguo militar tracio de las legiones o  bien un prisionero de guerra. En el camino de huída, los esclavos asaltarían un convoy para obtener  más y mejores armas y escapar posteriormente huir al monte Vesubio.

Desde allí continuaron los actos de pillaje que, para el Senado, no representaban la mayor amenaza hasta aquel momento. Mientras los políticos romanos creían que se trataba de otra revuelta más fácilmente manejable, Espartaco iba cobrando fama entre los suyos por su carácter justo, equitativo y mesurado. Además,  cientos se unían a sus filas, cansados de la servidumbre y la esclavitud.

El senado dio la orden de enviar desde Capua una brigada de soldados, muy pequeña, con la orden de detener  los asaltos y actos vandálicos en Campania, una región vacacional para gente pudiente. Para ellos, Espartaco y sus seguidores eran criminales más que rebeldes o insurgentes. Sin embargo, la brigada fue derrotada sin mayores problemas por estos y de paso, los rebeldes, se hicieron con armas y equipos de calidad, así como víveres y demás cosas indispensables.  A estas alturas,  Roma recién caería en la cuenta de que otra revolución se estaba cociendo, una verdaderamente peligrosa y formidable. Inmediatamente deciden enviar  a 3 mil soldados bajo las órdenes de Clodio Glabro.

El descalabro romano

Sin embargo,  las tropas de este eran milicias, no legiones, lo cual le restaba experiencia y calidad.  Los  líderes militares romanos aún parecían subestimar a  Espartaco y los suyos. Glabro,  entonces, para evitarse mayores contratiempos decide simplemente bloquearles el camino y cercarlos en el monte Vesubio con el fin de matarlos o  rendirlos por el hambre. Se asedió a los rebeldes un tiempo sin gran éxito y Glabro decidió continuar con su estrategia. Sin embargo, Espartaco y sus seguidores aplicaron un plan muy astuto utilizando métodos muy poco ortodoxos. Se hicieron cuerdas de las parras y los árboles que hallaron a su alrededor y así utilizándolas como sogas descendieron por los precipicios donde los romanos no vigilaban. Entonces, rodeando el monte atacaron por sorpresa a las fuerzas de Glabro llevándolas a su total destrucción.

Los líderes romanos se habían llevado otra gran sorpresa a causa de esto, por ello enviaron una segunda expedición punitiva  contra los rebeldes bajo las órdenes de Publio Varinio. No se sabe mucho acerca de esta campaña, ni  la cantidad de sus hombres bajo su mando, lo que sí se sabe es que dividió sus fuerzas entre Cosinio y Varinio. El primero fue asesinado y el segundo casi capturado. La expedición fue un rotundo fracaso. Al contrario,  Espartaco y sus seguidores, que ya ascendían a varios miles, obtuvieron popularidad. Se cree que llegaban a ser por aquel entonces unos 70 mil. Muchos civiles los ayudaron, otros no, por lo cual los actos de pillaje no se detuvieron ni un poco. Lo cierto es que hasta ese momento ni Espartaco ni sus hombres tenían claro cuál era su objetivo. Ellos únicamente habían planeado fugarse siendo un número insignificante, y ahora  sus planes debían crecer en proporción a sus seguidores. Muchos historiadores  afirman que él no era un abolicionista, a pesar de todos los resultados de la noble empresa de Espartaco.

Como un hecho penoso, los rebeldes perdieron a uno de sus líderes, Enomao,  en una batalla de invierno del año 73 a.n.e. Ahora la responsabilidad quedaba bajo Espartaco y Criso. De ahí en más las fuentes se contradicen o simplemente no sirven como evidencia directa para lo que se narra. Por un lado la tradición cuenta que ambos líderes tenían planes distintos. Espartaco quería ser libre y huir hacia los Alpes, mientras que Criso permanecer en el sur y continuar con los actos vandálicos. Algunos historiadores clásicos como Apiano y Floro mencionan que entre otros planes de Espartaco estaba la marcha sobre Roma, Plutarco en cambio que sólo quería escapar a la Galia Cisalpina.


Un nuevo año de derrotas

El año 72 a.n.e., los esclavos  empezaron a moverse hacia la Galia. Por primera vez, el Senado se pone firme ante la amenaza y envía legiones consulares bajo las órdenes de Lucio Gelio Publícola y Cneo Cornelio Léntulo Clodiano. El primero atacó a 30 mil rebeldes bajo el mando de Criso cerca del Monte Gargano aniquilando dos tercios de estos, incluyendo al propio líder. Sin embargo, los hombres ahora bajo mando de Espartaco no se amilanaron. El hecho es que en este punto la historia de la tercera Guerra Servil está rodeada de controversias y contradicciones. Las fuentes clásicas que se toman como referencia son las de Apiano y la de Plutarco.

Respecto a la del primero. Al parecer, luego de la derrota de Criso, Espartaco y los suyos enfrentarían a las legiones con éxitos relativos y huyendo, poniendo en peligro a la misma Roma. Gelio, el romano, siguió a los rebeldes hacia el norte para evitar que se pongan a salvo. Sin embargo,  y pese a que se enviaron a las legiones de Léntulo al norte, los rebeldes las derrotaron para a continuación, como si no estuvieran extenuados, arrollar  a las legiones de Gelio. Según Apiano, Espartaco ejecutó a algunos prisioneros, cerca de 300, irónicamente, obligándolos a luchar como gladiadores. Para ese entonces Espartaco contaba con unos 120 mil seguidores. Más tarde continuaría su marcha hacia al norte. Todo esto fue un escándalo para Roma, el Senado lo pensó de nuevo y reagrupó nuevas tropas. Las legiones volverían a  actuar en la región del Piceno y fueron derrotadas.

Definitivamente, la frase de “Roma no se construyó en un día” es propicia para la situación. Sería en este momento cuando Espartaco cambiaría  de opinión acerca de no atacar Roma y huir hacia la libertad. Sin embargo, por razones desconocidas y tras su imposibilidad de reducir a Roma,  decide marchar hacia el sur.   Continuó el asedio a Turios y se volvieron a los actos de pillaje, las legiones fueron derrotadas cada vez que se topaban con los rebeldes.

Lo que narra Plutarco no contradice lo antes dicho, sin embargo,  sí omite muchos puntos como la hipotética marcha hacia Roma o Turios. Sin embargo,  sí detalla que al parecer los rebeldes se retiraron al sur para pasar allí el invierno. Las fuentes clásicas no responden por qué, Espartaco, teniendo la oportunidad de dirigirse hacia la libertad eterna, no lo hizo. Quizá se sintió simplemente tentado a continuar su campaña y esperar mejores resultados o hasta llegar a un acuerdo con el Senado, antes que vivir perseguido toda su existencia por el mundo.

El año definitivo para los rebeldes

Era ya el 71 a.n.e., cuando Marco Licinio Craso recibe el mando de las legiones romanas condenando el destino de los rebeldes para siempre. En los primeros enfrentamientos obliga a Espartaco a retirarse a los estrechos cerca a Mesina, otras fuentes señalan Piceno o la región del Samnio. Sin embargo, el destino siempre fue el sur de Italia. Marco Licinio continuó con su campaña a pesar de no haber obtenido éxitos relevantes  y con un ejército de unos 40 mil soldados romanos y un rígido control militar sobre los suyos (se dice que llegó a aplicar el castigo del decimatio es decir el asesinato de 1 de cada 10 soldados por cobardía), estaba decidido a dar con Espartaco y no ceder sino hasta darle muerte y sofocar su rebelión.

Al parecer Espartaco dirigió a los suyos nuevamente hacia el norte, en su marcha derrotó a un general de Craso llamado Mumio, sin embargo, Craso, enfurecido le persiguió  y lo derrotó acabando con unos 6 mil sublevados. De ahí en más, Craso obtendría victorias y las fuerzas de Espartaco experimentarían más y más derrotas, mermando la moral y cantidad de los suyos. Finalmente, los rebeldes se retiran hacia Lucania en Mesina. Espartaco, según los clásicos, intentó un trato con piratas para dirigirse a Sicilia y fortalecerse, no obstante, serían traicionados. Las fuerzas de Espartaco entonces se retiraron hacia Rhegium siendo constantemente perseguidos por las legiones de Craso.

La batalla final

Las tropas de Craso asediaban sin descanso a Espartaco y los rebeldes, hasta que el astuto líder y antiguo esclavo consiguió escabullirse junto a los suyos a las montañas de Petelia. Pompeyo, mientras tanto, retornaba a Roma luego de hacer lo suyo con una rebelión en Hispania. No se precisa si Craso pidió refuerzos o el Senado directamente apoyó a Pompeyo para evitar recibirlo de inmediato. Entonces,  Craso cae en cuenta de que o aceleraba el plan de aniquilación final sobre Espartaco o simplemente debería resignarse a compartir la gloria. En su huida a Petalia Craso, rechazó cualquier intento de negociación con el líder rebelde y lo que es más, cayó sobre una parte de ellos asesinado a 12300. Los rebeldes lucharon a muerte y hasta derrotaron a parte de las legiones pero una cosa era cierta: estaban llegando a su límite al ser lisa y llanamente un ejército improvisado. Finalmente, Espartaco decide enfrentar su destino y reuniendo lo que quedaban de sus últimas tropas decide marchar contra las fuerzas de Craso. Murieron prácticamente todos los combatientes, incluyendo el gran líder, luchando, hasta su postre aliento por ser libre, que inspiraría a leyendas, gestas, películas y hechos reales que mejorarían a Roma y al mundo posterior.

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