La era Isabelina

Posted by admin on Mar 31, 2012 in Biografías de inmortales, Hechos históricos |
   

El 15 de enero de 1559 asciende al trono Isabel como reina de Inglaterra. Los nobles de la corona de dicho país se apresuraron en coronarla debido a que no veían con buenos ojos las pretensiones de Felipe II de España. Hija de Ana Bolena, Isabel debió enfrentar un gobierno difícil, sin embargo esta “reina virgen” supo hacerlo de modo efectivo. Antes que nada, en pos de la seguridad de su reino, cortésmente rechazó los pedidos de matrimonio de Felipe II. Su país, por los deseos de su hermana, continuaba comprometida en la guerra con Francia al lado de España. Le convenía de momento, porque Escocia y Francia conspiraban en contra de Isabel. El conflicto continuó y tuvo sus momentos malos como cuando se firmó el tratado de paz de Cateau-Cambresis de 1559, por el cual, oficialmente se renunciaba a Calais. Sin embargo, asimismo Isabel exigió que Francia deje de apoyar a Escocia y a María Estuardo en sus pretensiones de querer alcanzar el trono de Inglaterra.
Su resentimiento con los católicos fue tal, que Isabel no tuvo reparo en apoyar al conocido John Knox para que fomente el protestantismo en Escocia. Así, al enterarse de la presencia de tropas francesas, Isabel con total determinación envío parte de su flota al Firth of Forth, atacando a galos y escoceses, logrando impedir que gran parte de los aliados franceses desembarquen. Ante estos hechos se firmó el Tratado de Edimburgo de 1560, mediante el cual, la presencia gala en Escocia desapareció por completo, así como también la influencia de la Iglesia Católica. María I de Escocia no aceptó el tratado sino hasta muchos años después hacia 1587. Isabel, siguiendo la costumbre de su padre, no decidió aislarse e intervino bajo su conveniencia en distintas partes de Europa en medio de las guerras de religión. En Francia por supuesto apoyó a los hugonotes y hasta llegó a comprar el puerto de El Havre en lugar de Calais, pero fue imposible mantenerlo y la paz vino obligada en 1564. La reina padecía de enfermedades y seguía soltera. Ante la presión que ejercía sobre ella el Parlamento para que se casase, pronto terminó por hartarse y lo disolvió temporalmente, hasta el año 1566. Pero si la represión era mucha fuera de su país, peor lo fue dentro del suyo. Isabel arremetió cruelmente contra los cristianos tal cual su padre y finalmente acabó por declarar el Anglicanismo como la Iglesia Nacional oficial y única de Inglaterra, en detrimento de Roma. El Acta de Supremacía terminó por subyugar esta Iglesia inglesa a la monarquía. Isabel por todas sus acciones, fue excomulgada.
Los años siguientes no fueron nada fáciles para ella, y van desde un aumento de los roces con España, hasta la Rebelión del Norte con apoyo escocés y los primeros signos de rebeldía de Irlanda hacia Inglaterra. Además debió enfrentar las llamadas Rebeliones de Desmond (1569-1573 y 1579-1583), otra vez en Irlanda, cobró fuerza y se esperaba que James Fitzgerald sea reemplazado en el trono de Inglaterra, pero finalmente ella se impuso. A pesar de todas las dificultades, la reina se mostró reacia a cambiar de opinión y con España dominando los mares, Francia y Holanda sometidas, decidió apoyar a los protestantes de este último país enviando al Conde de Leicester con soldados y jinetes, sin embargo todo fue un fracaso y tuvo que regresar. Pero Isabel no se impresionó con leves derrotas y continuó apoyando su causa desde el mar. Los piratas como Drake no dejaban de acosar a los navíos españoles, y ella no tuvo ningún tipo de reparo en admitirlo. Felipe II de España, decidió ofrecerle matrimonio,  pero ella se volvió a negar. Luego el rey español se enteró que María Estuardo, otra potencial heredera, había sido asesinada por presión de los nobles ingleses a Isabel, al descubrírsele a la víctima ser parte de una conspiración. Eso fue todo lo que pudo soportar Felipe quien decidió   crear la Armada Invencible para someter a Inglaterra. Drake fue llamado por Isabel para responder a esta amenaza. Debido a los roces indirectos entre España e Inglaterra, algunos historiadores agrupan estos conflictos bajo la denominación de Guerra Anglo-Española entre 1585 a 1604.
Felipe esperaba con esto someter a su enemigo y poner fin a los saqueos de los piratas y/o corsarios ingleses así como al ataque de la Armada Española con recursos traídos desde América. La Invencible partió en mayo de 1588 de Lisboa, pero desde el inicio se vio afectada por temporales. Se dirigió a Holanda luego donde lo esperaba el ejército para la invasión a Inglaterra. Los pequeños barcos ingleses acosaron a los galeones y tanto el clima como los isleños, terminaron por derrotar gran parte de la Armada Invencible. Lo que sobrevivió fue desaparecida por los temporales y sólo una parte llegó de nuevo a su país, casi unos 66 buques, prácticamente la mitad de los enviados. Comúnmente se ha dicho que los barcos españoles eran superiores en cantidad, lo cual no es cierto. En cuanto a las bajas humanas, 10 mil marineros o soldados en ambos bandos son las cifras más aceptadas.
Sea como sea, Inglaterra se salvó de la invasión y de ahí en más mantendría un estatus de potencia marítima en aumento que nadie se lo quitó hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, o al menos la tradición decide pintarlo de ese modo, pues la historiografía inglesa pugna con respecto a esto con la de sus países vecinos. Al mismo tiempo, la guerra en Holanda no se detuvo e Isabel continuó apoyando a los rebeldes sin ninguna clase de consideración, ya que de no hacerlo, esto significaría muchos problemas. Recién en 1596 la reina retiró sus tropas de Francia. Su flota al mando de los corsarios Drake y Hawkins continuaron sus labores de martirio, hasta que ambos perdieron la vida en América, sin embargo, los barcos ingleses saquearon Cádiz y otros puertos españoles. Felipe respondió tratando de volver a invadir Inglaterra. Si bien algunos historiadores estiman que sólo eran actos de pillaje, uno de ellos dio origen a la Batalla de los Corunalles en agosto de 1595, donde los españoles devuelven el golpe saqueando a las costas inglesas.
El otro hecho y posiblemente el último en la vida de Isabel, fue el tener que enfrentar un conflicto en Irlanda: la Guerra de los Nueve Años irlandesa entre 1594 a 1603. Se puede tomar claramente como una nueva rebelión impulsada por los condes Hugo O´Donnell y Hugo O´Neill, rechazando el gobierno isabelino de la isla. Principalmente las batallas de dieron en la provincia de Ulster pero en realidad se combatió en todo el país. Fue un conflicto arduo y decisivo para ambos países, e Isabel no vaciló ni un momento en enviar a más de 15 mil soldados, gran parte de su ejército y marina, a combatir a los rebeldes. Los españoles ayudaron a los irlandeses, pero fueron derrotados en la batalla de Kinsale la cual duró desde el 24 de diciembre al 3 de enero; culminando con una resonante victoria inglesa. Mientras que los líderes rebeldes huyeron de allí, hecho conocido como la Huida de los Condes. Luego de esto la rebelión en Irlanda estaba francamente controlada.
En resumen el carácter de Isabel se debe a que desde joven estuvo rodeada por personajes cultos, perspicaces e inteligentes, lo que la hicieron desarrollar una gran personalidad como gobernante. Uno de ellos fue su ministro fue Guillermo Cecil, quien demostró ser uno de sus mejores asesores  y gran estadista. Los problemas en Inglaterra no eran pocos, e Isabel entró en disyuntiva muchas veces, tanto como para elegir cuál de sus tres mil vestidos ponerse,  como para tomar las mejores decisiones para su pueblo. Económicamente introdujo reformas que beneficiaron el comercio, la circulación de dinero y evitaron la inflación, además, claro, protegió a las pequeñas corporaciones de artesanos. Los obreros tenían salario fijado por un juez y un contrato durante un año de sol a sol, y si bien puede resultar excesivo e inhumano hoy en día, fue el sistema de trabajo que mantuvo Inglaterra durante casi dos siglos. Sin embargo, el desempleo fue un reto difícil de superar. Como recordaremos, las tierras estaban desocupadas o destruidas. Para dichos pobres, que ni siquiera podían ir ya a las iglesias a trabajar, debido a que gran cantidad de ellas habían sido destruidas por Enrique VIII, Isabel creó en cada distrito un hospicio con un supervisor, el cual se encargaba de recaudar las contribuciones. Allí, los pobres trabajaban en múltiples oficios, prácticamente obligados, algo inhumano también para los ojos contemporáneos, pero resultó efectivo a la hora de acabar con la desocupación. Durante su gobierno más leyes facilitaron el comercio, los negocios y los centros de producción, desapareciendo inútiles trabas burocráticas. Por ejemplo, dio gran impulso para la creación de Compañía Británica de las Indias Orientales (English East India Company), el 31 de diciembre del año 1600, recibiendo los dueños una Carta Real de la misma reina, garantizándoles privilegios y ventajas para su comercio con la India, y dándoles prácticamente un monopolio con aquel lejano país. Hay que resaltar que la empresa con el tiempo expandiría sus relaciones comerciales en los siete mares, y estuvo presente en la vida británica hasta 1874.
En el aspecto cultural, el fin del siglo XVI y el inicio del siglo XVII marcaron un hito para Inglaterra, el país de Shakespeare. No sólo a nivel cultural sino económico, político y social; pues este país se convertiría en pocas décadas, de un conjunto de condados poco poblados y de gente en su mayoría iletrada y aislada, a la mayor potencia del mundo en alrededor de dos siglos. En esta época cuando el llamado “Teatro Isabelino” con diversas generaciones, siendo la de Shakespeare, acaso la más popular e inmortalizada de todas, se da inicio, específicamente durante el régimen de Isabel I, siendo conocidos como “los actores de la reina”. Sin embargo este período se extendió, aún después de su muerte, con la llegada de Jacobo I al poder. ¿Cómo vino al mundo este teatro? Pues bien, al igual que en otros países de Europa, el teatro llevaba representaciones de connotación religiosa y se hacían por lo general en el patio de la catedral o en la plaza de algún pueblo. Sin embargo, al parecer alguien vio en esto un lucrativo tipo de existencia, y los actores se volvieron personas cualquiera y no necesariamente clérigos, invadieron las calles y dejaron las Iglesias, usaron el inglés y no el latín, así como los temas religiosos, para tratar otros más mundanos. En tiempos de Isabel se cree que las moralidades eran lo más común, señalando vicios, virtudes o defectos encarnados como si fuesen humanos o al menos era el tema sobre el cual siempre giraban las obras, aunque ya algo alejadas de connotaciones religiosas. Algunos otros temas eran las piezas históricas que se denominaban “crónicas” los cuales narraban los hechos de los reyes.
En síntesis con el inicio de la Edad Moderna, el teatro isabelino se muestra prácticamente como el más secularizado y original, quizá debido a los vientos humanistas y renacentistas. Gracias al escritor romano Vitrubio, se pudo conseguir un tratado en el cual se hablaba bastante del teatro, los consejos acerca de cómo realizar una tragedia, decorados, y demás. Entre los números que se veían en las ciudades inglesas, había algunos conocidos y famosos como la Commedia dell´Arte donde los personajes eran payasos, títeres, jóvenes, entre otros. Es bajo este contexto que surge el llamado “teatro isabelino”. Físicamente eran construcciones de madera que podían estar en un cielo abierto; existía una plataforma con una cortina que ocultaba la parte posterior. Delante siempre iban sentados los burgueses o caballeros, y hasta en ocasiones algunos nobles; mientras que, siempre de pie, en la parte de atrás iba la plebe. A propósito de lo nobles, estos por lo general eran mujeres, y si iban, marchaban con el rostro cubierto por una capa o antifaz, para demostrar que no compartían las costumbres de los plebeyos. Uno de los frutos de este contexto fue el inglés Cristóbal Marlowe. Era pobre,  pero aprovechando las oportunidades de la vida consiguió llegar hasta Londres con un título y con deseos de ser poeta o dramaturgo. Creó la obra el Tamerlán, un antiguo héroe de los tártaros que salió desde su humilde pueblo a conquistar gran parte del mundo. A esto siguió “El judío de Malta”, un ser cegado por la avaricia, y “El doctor Fausto”. Fue un gran maestro de la palabra y del verbo, su poesía era única e innovadora, cautivando a todo el público inmediatamente con las tramas y los diálogos. Lamentablemente murió apuñalado durante la riña de una taberna cualquiera. Quizá de haber vivido más hubiese sido más famoso que el siguiente personaje histórico que mencionaremos.
Se sabe poco de la vida de William Shakespeare anterior a la fama. Para cuando Shakespeare se convirtió en actor y se hizo famoso, Londres era una ciudad de casi 300 mil habitantes. Es aquí cuando el teatro isabelino alcanza su máximo apogeo. Ya lo hemos descrito por fuera, y ahora, desde adentro, lo trágico, lo cómico, lo poético, lo terreno y lo sobrenatural, lo real y lo fantástico se entremezclan en mayor o menor medida en las obras de su mejor exponente. Las transiciones entre lo melancólico y lo activo son rápidas y, frecuentemente, se manifiestan a través de duelos y peleas en escena que debían de constituir una animada coreografía muy del gusto de la época. Shakespeare había llegado para cambiar el teatro y la literatura de su época. Ningún detalle parecía perdérsele a Shakespeare; además si Marlowe fue bueno, William, utilizando temas históricos mucho más entretenidos, lo superó ampliamente. Además era mucho más entretenido y sus obras trasmitían originalidad o mayor densidad emocional. Shakespeare además fue quien introdujo el verso blanco, es decir una métrica sin rima. Tuvo este joven poca educación, casi escasa, y a menudo se especula que plagió obras, pero nada de esto tiene pruebas concluyentes. Por otra parte no fue buen actor, y se conformó con ser el escritor de obras inmortales tales como: “El sueño de una noche de verano” o “El mercader de Venecia”. Así entonces con el dinero ganado pudo colocar su propio teatro llamado “El Globo” que a la entrada tenía la figura de una Atlas sosteniendo el mundo. Luego de sus piezas históricas, siguieron las comedias y tragedias. Hamlet, inspirada en una crónica de la Edad Media, obra donde abunda la traición y la venganza; Macbecth, la historia del cruel rey escocés; Otelo: donde predominan los celos; así como también el Rey Lear; Romeo y Julieta, entre otras. Shakespeare murió en el año 1616, donde hoy existe un teatro en su nombre. Se marchó a su tierra natal a pasar sus últimos días y murió pacíficamente, habiendo hecho historia.
Finalmente nombraremos a su amigo Ben Johnson, con obras muy divertidas, llenas de situaciones peculiares, e historias inteligibles para cualquiera. Una de sus mejores obras es Volpone, la historia de un anciano rico que finge estar al borde de la muerte, para que los que esperaban heredar su fortuna lo colmen de regalos y atenciones.
Lamentablemente con la muerte de Isabel acaba este gran período de desarrollo cultural de Inglaterra. Los teatros cedieron ante los puritanos y poco a poco fueron cerrando sus puertas sin casarse nunca. Se mantuvo soltera y ganó el apodo, sin incomodarse, de “Reina virgen”. O como ella decía “sólo quiero que haya aquí una señora y ningún señor”. Rechazó a muchos hombres durante su vida, incluido el mismo Felipe, si bien bien algunos historiadores no descartan una relación con  Drake, a juzgar por sus buenas relaciones y algunas correspondencias halladas. Fue una reina, en síntesis, bastante buena, provechosa y pulcra para Inglaterra. Muchos la consideran, junto a su padre, la encargada de haber llevado a cabo la formación de la Inglaterra moderna. Su gobierno tampoco dejó de ser autocrático y como buena Tudor, gobernó sin que el Parlamento la “incomodara”. De hecho, en 33 años de gobierno, este órgano sólo fue convocado unas trece veces. Finalmente el 24 de marzo de 1603 Isabel fallece con 69 años de edad y habiendo cambiado a su país para siempre, siendo enterrada en la abadía de Westminster, donde también se hallaban los restos de su hermana María I. Respecto a la sucesión, según Enrique VIII debían ser los descendientes de María Tudor los que gobernasen, siendo esta la hermana menor de él. Pero en realidad el único en edad y capacidad de reclamar tal cosa era Jacobo VI de Escocia quién ascendió al trono como Jacobo I de Inglaterra. Tras esto acabó el dominio de la casa Tudor en Inglaterra.

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