La guerra del Peloponeso: La lucha entre Atenas y Esparta (Capítulo I)

Posted by admin on Jan 4, 2010 in Grandes guerras de la historia |
   

la-guerra-del-peloponeso

Escrito por Joaquín Toledo, especialista en historia del mundo, historia antigua y  con amplia experiencia en investigaciones sobre conflictos bélicos.

Culminadas dos de las tres guerras médicas entre el mundo heleno y Persia, un nuevo orden se había instaurado en el mundo occidental. Los griegos, el pueblo amante de la libertad, de la filosofía, la poesía y el arte en general, habían vencido al tiránico pueblo oriental gracias a la fe y unión de todos los pueblos que la conformaban. Sin embargo, el éxito muy pronto traería envidias, resentimientos e intolerancias sobre todo en sus dos pueblos más importantes: Atenas y Esparta. Tal como mostraron a lo largo de toda su historia, su incapacidad proverbial para vivir en paz (salvo en caso de peligro común) los enfrentaría nuevamente. La ruina y destrucción, acaso espíritus propios de su civilización, volvería a reinar. Años tardarían ambos en cicatrizar sus heridas.

Esta serie casi ininterrumpida de 27 años de guerras (431–404 a. C.) tiene además de un visible cariz militar, el espectro de la lucha recalcitrante de dos clases sociales muy diferentes entre sí. Por un lado Esparta, la polis pétrea de los guerreros, de la militarización social y la reciedumbre de costumbres; por el otro, Atenas, la sociedad democrática, de la amplia libertad de movimientos, los derechos, la asamblea y el voto ciudadano. Parece ser, en eso coincide también el historiador griego Tucídides (460 a. C. – ¿396 a. C.?) en su libro Historia de la Guerra del Peloponeso, que el comienzo de la guerra se debió a la extrema preocupación con la que Atenas, su principal rival estratégico en la península, crecía y ganaba prestigio.

En efecto, bajo la férula del gran Pericles (495 a. C.- 429 a. C.) Atenas vivió una etapa de prosperidad tal que sus propios habitantes no dudaron en llamarle “La Pentecontecia” o período de 50 años de esplendor. No solamente habían ganado influencia militar venciendo a los persas, sino que su control absoluto en las aguas del Mar Egeo les proveían de ingentes recursos tanto económicos como alimentarios; todo lo contrario a Esparta (líder de la Liga del Peloponeso), que casi mediterránea, tenía una economía basada en la agricultura y el esfuerzo de sus ilotas, la masa esclava conformada por sus prisioneros de guerra. La animadversión hacia ellos creció a la par que se comprobaba que los estados que pasaban a su protección (la posterior Liga de Delos) destinaban tributos que servían para el mantenimiento de su ya poderoso ejército y financiar grandes trabajos públicos.

El problema creció más con las arrogancias de los atenienses, en especial de Pericles. Incluso, tiempo después, hizo efectivo el célebre Decreto de Megara, por el cual los mercaderes de aquella ciudad-Estado (aliada de Esparta), no podrían navegar ni en sus aguas, ni utilizar los puertos de su Imperio. El mandato era salvajemente lesivo a la economía de Megara, por lo que hubieron de recurrir a Esparta a fin que luchara por sus derechos. Tras consultar con sus aliados, Esparta envió una comitiva a Atenas para exigir la revocación de la medida y la destitución de la familia Alcmeónida del poder, incluyendo a Pericles. La proposición indignó a los atenienses, que indicaron que sólo aceptarían la medida si Esparta terminaba con la expulsión de los extranjeros en sus territorios, algo inconcebible para la cerrada sociedad espartana.

Pericles fue más insolente todavía: Pidió a Esparta que reconociera la autonomía de las diferentes ciudades-Estado que conformaban la Liga del Peloponeso, lo cual fue tomada en Esparta como una abierta provocación. Arquídamo II, rey de Esparta, nombró una segunda y última delegación que pidió a los atenienses obedecer sus exigencias anteriores. Todo fue en vano. Ni siquiera pudieron entrar a la Acrópolis. La chispa final que encendió la península fue una revuelta de la isla de Corcira contra su metrópoli Corinto. Como Atenas sediciosamente se puso de parte de Corcira y los corintios eran subordinados de Esparta, éstos decidieron la guerra contra Atenas, rompiendo así la famosa paz de los 30 años firmada en el 446 a. C. Por primera vez, todos los estados griegos participarían en un mismo conflicto, dándole un matiz mucho más atroz al conflicto.

Invasión del Ática (431 a.c – 421 a.c)

El primer acto de la guerra fue la invasión de Esparta hacia el Ática. Arquídamo desembarca sus huestes en la península y siembra el terror por doquier. Sin embargo Pericles, que ya había previsto esa decisión, había evacuado a la mayoría de las grandes urbes de su Liga. Aún así, hay una gran cantidad de ciudadanos a los cuales el líder ateneo no puede proteger, y la matanza y expoliación es inevitable. La presión cae de inmediato en el líder ateniense, que supera las críticas de los pueblos bajo su égida con enorme paciencia. La presión de los espartanos es tan fuerte, que Pericles toma una medida radical: Abandonar Atenas y refugiarse tras sus murallas. El saqueo de las huestes de Arquídamo es espantoso y Pericles, que aún no quiere luchar frente a un enemigo muy superior militarmente, decide emplear otra estrategia, acaso más sutil pero igual de eficaz: El bloqueo marítimo.

Atenas, que sí tenía la supremacía marina, patrulla soberana todos los accesos, gana la Batalla de Naupacto a los peloponesios y corta de un solo golpe la mayoría de suministros. Arquídamo comprende de inmediato la peligrosa situación. Si Esparta era debilitada por el hambre, podría ser una ocasión fantástica de rebelión para los ilotas, que pocos años antes ya habíanse sublevado. La falta de víveres es tan grande que no tienen más opción que dejar sus posesiones en el Ática y regresar a toda prisa al Peloponeso. La gravedad del saqueo escandaliza a los atenienses, pero gracias al haber salvado la vida, se olvidan por momentos de lo sufrido. Además, se comprobó cuanto de bien hicieron en no seguir las recomendaciones lacedemonias luego de la Segunda Guerra Médica: La construcción de los llamados Muros Largos de Atenas que conectaban la ciudad con el puerto del Pireo, los había salvado. La ocupación espartana apenas había durado 40 días.

Es en ese momento que ocurre una absoluta desgracia para la Liga de Delos. Se desata en el año 430 a.C una apocalíptica plaga que arraso con toda la ciudad incluido Pericles, que fallece un año después (429 a.C). La mortandad, enorme y creciente, se ha llevado ya un cuarto de la población ateniense pero indirectamente, permite una tregua a la guerra. Sus enemigos, comprobando la catástrofe, paralizan sus acciones por el temor al contagio. La liga de Delos, luchando contra la peste, debe tomar una decisión importante: ¿Quién sucederá a Pericles? Cleón, hijo de Cleéneto, de noble cuna y líder de la facción más radical dentro de la democracia ateniense, es elegido. La guerra habría de entrar con él a un nuevo recrudecimiento de las acciones.

Cinco años habría de durar la horrible peste. Socavada en sus fuerzas vivas, el pueblo quiere paz, pero Cleón no quiere esperar más tiempo y pasa a la ofensiva. Las fuerzas de Cleón lograron algunos triunfos en tierra mientras continuaban con sus ataques navales sobre el Peloponeso. Cleón, que a diferencia de Pericles si desea el enfrentamiento militar, estudia la situación y concluye que atacar a la debilidad espartana: Los ilotas, era la clave. Así pues, tras extender su actividad militar a los Estados de Beocia y Etolia, comienza a fortificar sus puestos de avance alrededor del Peloponeso. Uno de ellos se encontraba cerca de Pilos, en una pequeña isla llamada Esfacteria, fuera del alcance de los lacedemonios.

La guerra estratégica y la Paz de Nicia

Cleón se esforzó en aprovechar su supremacía naval aislando Esfacteria por una sencilla razón: Si promovía la fuga masiva de ilotas hacia esa isla, el sistema económico lacedemonio se caería a pedazos. Esta medida fue realmente contundente. Esta masa de esclavos, la columna vertebral de la economía, hacían el trabajo que los hoplitas, la raza guerrera de Esparta, no podía hacer. No solamente servían como mayordomos o agricultores, sino que sus actividades iban más allá. Eran el corazón del Estado. Esparta lo sabía bien. Brasidas, general de Agis II, hijo de  Arquídamo que murió dos años atrás, movilizó sus tropas a toda prisa. O se obtenía el poder de la isla, o la migración sería incontenible.

Los atenienses ya los estaban esperando. El General ateneo Demóstenes (no confundir con el famoso orador) realizó una contramaniobra y atrapó a un grupo de soldados espartanos. Mientras tanto, el inexperto Cleón logró una gran y sorpresiva victoria en la batalla de Pilos y la sucesiva batalla de Esfacteria en 425 a. C. Los atenienses habían capturado entre 300 y 400 hoplitas espartanos, quienes son usados inmediatamente como elementos de negociación. Brásidas, enterado de la derrota, enfila sus baterías a la captura de la colonia de Anfípolis, que controlaba a un gran número de minas de plata que Atenas empleaba para financiar la guerra. La pérdida de este importante centro de financiación fue de similar impacto al que sufrieron los espartanos con Esfacteria. La guerra, lejos de apaciguarse, recrudeció.

Sin tregua, los actores de la contienda se enfrascaron en un incesante juego de debilitamiento estratégico. En sus potencialidades, tanto Cleón como Brásidas enfocaron sus esfuerzos en cortar las fuentes de riqueza de ambas aunque valgan verdadera, sin decisivo éxito. La necesidad de recuperar las minas, Cleón murió en la Batalla de Anfípolis en el año 422 a.C. Agotados ambos, y en una guerra de desgaste que tenía hartos a todos los Estados, sólo la muerte de sus principales líderes los obligó a conversar. Esparta y Atenas, con sus respectivos contingentes de prisioneros, entablaron negociaciones en los que se conoce la Paz de Nicias. (421 a. C)

Las negociaciones fueron iniciadas por Plistoanacte, nuevo rey de Esparta, y el general ateniense Nicias, gestor del tratado.  Diecisiete representantes de cada bando juraron mantener el tratado por unos quince años, aunque éste en realidad, no duró ni la mitad. Mediante este convenio, ambos decidieron la devolución de todo lo que habían conquistado en la guerra, excepto Nisea, que quedaría en manos atenienses, y Platea, que permanecería bajo el control de Tebas. Además, Anfípolis sería devuelta a Atenas, y los atenienses deberían liberar a los prisioneros tomados en Esfacteria.

Hubo otros acuerdos, todos de importancia. Por ejemplo, los templos de toda Grecia serían abiertos a los fieles de todas ciudades, y el oráculo de Delfos recuperaría su autonomía. También, Atenas podía continuar recaudando el tributo de los estados que lo habían hecho desde la época de Arístides, pero estaría impedida de forzarlos a que se hicieran aliados. Atenas, por otra parte, también aceptó ayudar a Esparta en caso que los hilotas se rebelaran. Todos los aliados de Esparta acordaron firmar la paz, menos los beocios, Corinto, Elis y Megara, separados de los negociaciones.

Se supone que con la paz de Nicias terminaría el fatal período de la lucha arquidámica (en honor al rey espartano) que tantas vidas y tensiones puso en el reino heleno. Sin embargo, esto fue evidente con los años venideros, ningún bando estuvo satisfecho y al cabo de siete años, el acuerdo fue roto y declarado inservible. El siguiente teatro de operaciones se trasladaría a Sicilia, al sur de la Península Itálica. Esta vez, participarían no solamente los estados de la Grecia Continental y Peninsular, sino también la enorme pléyade de grupos tributarios de Grecia. Nuevos actores pues, entrarían a la contienda, lo cual supuso un nuevo llamado a las armas. Este período, que empieza con la llamada Guerra de Decelia, sería quizás el más sangriento. Atenas y Esparta, una vez más, estaban frente a frente. Faltaba ver quien sería el vencedor.

Related Posts with Thumbnails

Tags: , , ,

Copyright © 2014 Historia Mundo All rights reserved.