El nacimiento de una nueva nación: Los Estados Unidos

Escrito por: Joaquín Toledo, especialista en historia del mundo, historia antigua y con amplia experiencia en investigaciones sobre conflictos bélicos.
Con la finalización de la guerra de los 7 años (1756 y 1763) y la derrota colonial de Francia y España por el control del Norte de América (Tratado de París), la influencia de Inglaterra en aquellas regiones fue avasallante. Sin embargo, el descontento de las 13 colonias dominadas fue en aumento y la tirante relación entre los colonos y Gran Bretaña se hizo casi insostenible. Fue entonces cuando las ideas de independencia del futuro pueblo norteamericano empezaron a madurar. Eventos como el Motín del Té en Boston (16 de diciembre de 1773) y las sanciones de las Actas Intolerables (1774), no hicieron más que confirmar el evidente divorcio de ambos pueblos. A finales de 1774, se reunieron por primera vez el Congreso de colonos. Casi todos concluyeron de similar manera: La instauración de la República.
Inglaterra, uno de los países más poderosos del mundo (condición que hoy conserva) quería castigar a los agitadores. Cerca de 700 soldados regulares del Ejército Británico bajo el mando del Teniente-Coronel Francis Smith, fueron enviados para capturar y destruir las posiciones colonas en Concord y Lexington (New Hampshire). Enterados de las represalias, los rebeldes se prepararon para la contienda. A partir del 19 de abril de 1775, se produjeron en forma continuada las batallas de Lexington, Concord, Lincoln, Arlington y Cambridge (en los pueblos del mismo nombre) con saldo a favor de los colonos. Alentados por el éxito, en junio de 1775, 10.000 soldados coloniales llegaron para tomar Boston, una ciudad dominada por la presencia inglesa y una de las más importantes del país. Sólo la mayor pericia de los Casaca Rojas ingleses pudo impedir la conquista de la ciudad. Tras el llamado Sitio de Boston, ambos bandos se tornaron irreconciliables: La guerra por la emancipación de los Estados Unidos había iniciado.
La resistencia de las colonias
Los colonos, comprendiendo que el imperio seguramente prepararía una gran ofensiva de escarmiento, decidieron unir sus esfuerzos. En el Segundo Congreso Continental celebrado en la ciudad de Filadelfia (Pensilvania) se acordó que sus representantes obrarían en adelante con las prerrogativas naturales de un gobierno nacional. Además, se eligieron 14 generales comandados por un hombre al cual todos consideraron intachable e ideal para el cargo: George Washington. La elección fue sumamente atinada. Respetado por todos los sectores, el hacendado oriundo de Virginia no perdió tiempo: Inició el reclutamiento de soldados entre todas las colonias. En poco tiempo, había casi duplicado sus fuerzas; pero siendo la mayoría campesinos, cazadores u hombres con oficios lejanos al espíritu militar, la conformación de un verdadero ejército se hizo una labor titánica.
Así las cosas, los armaron como pudieron y apostaron todas sus fuerzas en los límites de Boston. La batalla por las Colinas Búnker (17 de junio de 1775), uno de los accesos a la urbe, fue un fracaso, pero las enormes bajas inglesas (226 muertos y 828 heridos) y la muerte de varios de sus oficiales, le sirvieron de aliciente a los colonos que proclamaron por todas las colonias su guerra frente al opresor inglés. Los incidentes en Boston generaron una corriente optimista entre los colonos. El 4 de julio de 1776 se promulgó la Declaración de Independencia de los Estados Unidos redactada por Thomas Jefferson y otros ilustres ciudadanos de Virginia. No solamente eso. También se imprimió papel moneda y se iniciaron relaciones diplomáticas con potencias extranjeras, siendo Benjamin Franklin el 1er embajador y jefe de los servicios secretos España y Francia, previsiblemente, fueron las más satisfechas con sus éxitos.
La noticia de los últimos sucesos ocurridos en la lejana Estados Unidos, alarmaron al rey inglés Jorge III que ordenó la sofocación de la molesta rebelión. El siguiente paso inglés fue retirar sus fuerzas acantonadas en Boston (una plaza ya muy insegura), y trasladarlas a New York, una ciudad mucho más receptiva y un puerto adecuado para recibir mayores refuerzos por mar. En un corto plazo, 30,000 hombres, al mando de sir William Howe, desembarcaban en el verano de 1776 en tierras americanas. Howe, que tenía la intención de aislar Nueva Inglaterra de los otros rebeldes y derrotar al ejército de Washington en una batalla decisiva, creyó que la victoria sería fácil. Pero nunca imaginó que la empresa le tomaría prácticamente dos años.
Razones varias hay para explicarlo. El ejército inglés, a más de 5,000 kilómetros de distancia de su patria, debía luchar contra un país hostil, inmenso, salvaje, a veces incomprensible. Los problemas de comunicaciones entre sus diversos cuerpos de batalla eran comunes y hasta conseguir alimento suficiente para sus tropas una absoluta pesadilla. Impedidos de hacer búsquedas a largo alcance por falta de suministros importantes, perdidos en la vastedad de un continente gigantesco, de nada valió su amplia experiencia militar. Jamás habían peleado una guerra como ésta. No importa cuanto buscaran a los ejércitos de Washington, su menor número y su conocimiento del terreno los hacía imposibles de ubicar. Además, la prolongada guerra de guerrillas que emprendió su enemigo no hizo más que desgastarlo. A mitad del año 1777, Howe perdió la paciencia y arriesgándose, fue a su encuentro.
George Washington, durante los meses de casi nula lucha, había conseguido superar el lastre de sentirse militarmente inferiores modernizando sus armas de fuego, donde sus fusiles modelo Pennsylvania, que disparaban con gran precisión hasta a 80 metros de distancia, eran una de sus mayores cartas de triunfo. Además, el continuo contacto de sus tropas con los ingleses les permitió hacerse más duros y más habituados al ritmo de batalla continuo, especializándose en el disparo, la huida, el sabotaje, el ataque por sorpresa. La misma guerra de guerrillas constituye un gran ejemplo de su nueva profesionalización militar. Sin embargo, lo sabía bien Washington, no podría prolongar demasiado esta táctica militar; en algún momento debería verse forzado a combatir. Saratoga, una región ubicada entre Boston y la zona de los Grandes Lagos, próxima al río Hudson, le brindaría esa oportunidad.
Saratoga, el punto de partida de la independencia
A principios de ese año (1777), lord George Germain, estratega británico, aprobó el plan sugerido por el general John Burgoyne para conducir un ejército hasta Albany (New York), donde se reuniría con las fuerzas del coronel Barry Saint Legar y el General Howe. Mediante la ocupación de Albany y el control del río Hudson, los británicos pretendían aislar Nueva Inglaterra de las demás colonias y acabar con la rebelión norteamericana. Burgoyne partió de Montreal en el mes de junio con unos 7.000 hombres y un grupo de indios aliados. En julio, tomó Fort Ticonderoga, pero el 16 de agosto, parte de su destacamento fue derrotado parcialmente por las milicias de New Hampshire y Vermont, que hicieron prevalecer su mayor número. Esta, aunque no fue una victoria total, fue el golpe propagandístico que necesitaban los colonos para su independencia.
Tras esperar tres semanas en Fort Miller (hoy Schuylerville, Nueva York) Burgoyne avanzó con su ejército por el río Hudson hacia Albany, pero se encontró la ruta bloqueada por las tropas del general Horatio Gates, que se había atrincherado en Bemis Heights, meseta situada al sur de Saratoga, con la orden de detener el avance de Burgoyne. El día 19 los británicos atacaron. A petición del general Benedict Arnold, Gates envió un contingente a su encuentro. En Freeman’s Farm se produjo una encarnizada batalla, conocida como ‘primera batalla de Saratoga’. A pesar de su habitual prudencia, Gates no proporcionó refuerzos a Arnold y los independentistas tuvieron que retroceder.
Mientras tanto, Saint Leger había regresado a Fort Stanwix, en el valle de Mohawk. A pesar de la falta de refuerzos y de contar con menos de 5.000 hombres, Burgoyne se negó a retroceder y el 7 de octubre su ejército atacó las posiciones norteamericanas, dando lugar a la batalla de Bemis Heights (o ‘segunda batalla de Saratoga’). Las fuerzas de Gates y de Arnold hicieron retroceder a los británicos hasta su campamento, causándoles importantes bajas. Burgoyne tuvo que retroceder a Saratoga, donde, el 17 de octubre, rodeado por el ejército independentista hubo de rendirse.
Esta resonante victoria rebelde hizo creer a los franceses que ya era hora de apoyar a las claras y sin tapujos a los norteamericanos, a quienes se veía con inmensa simpatía desde los momentos iniciales de su lucha, y sobre todo tras la llegada a París del representante del Congreso continental, Benjamín Franklin, uno de los hombres más admirados y queridos por la sociedad francesa del siglo XVIII. La buena nueva de la victoria en Saratoga, determinó a Versalles a actuar decididamente. Varias fueron las razones que animaron a Francia a participar en esta guerra: el deseo de revancha por la derrota sufrida trece años antes (en la Guerra de los Siete Años), la conquista de amplísimos mercados en la América que ahora quería romper los lazos con Gran Bretaña, la propia necesidad de luchar por hacerse con la hegemonía en Europa y en el mundo frente a su gran rival y, desde Saratoga, las perspectivas de éxito.


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Hola que tal, genial tu articulo, siempre los leo con gran interes. Te comento que en este hay un error que salta a la vista a mitad del 4to parrafo: “El 4 de junio de 1776 se promulgó la Declaración de Independencia”, un saludo desde Mexico, sigue asi.
Ohh un articulo sobre la revolucion mexicana seria genial.
Gracias por la apreciación Orlando. Ya está corregido.
Saludos