La Guerra del Pacífico: campaña marítima

Posted by admin on Jul 1, 2011 in Grandes guerras de la historia |
   

Las causas del conflicto

Alrededor del año 1870, nadie pensaba que en la zona fronteriza entre Bolivia y Chile fuese un lugar donde, de un momento a otro, podría estallar una guerra. Como es cotidiano en la historia de los conflictos la causa principal fueron los recursos, en el caso de esta guerra fue  el guano el elemento por lo que se inciaron las disputas. El mismo era muy demandado por entonces, pues servía como el mejor fertilizante que se podía encontrar en el mundo, algo que en especial los países europeos, demandaban bastante. Por aquel entonces,  el Perú, otro de los protagonistas del conflicto, no tenía fronteras con Chile, hay que aclararlo.
Ahora bien, la Guerra del Pacífico tiene sus causas en la explotación que algunos capitalistas chilenos hicieron del guano en Atacama, territorio boliviano. Esto fue algo ilegal por supuesto y La Paz hizo sus reclamos respectivos. Santiago respondió que los límites con ese país se hallaban en el paralelo 23, y no en el 25 como sus pares bolivianos alegaban. Finalmente el presiden boliviano Melgarejo estableció los límites en el paralelo 24. Pero en el año 1871, este último fue derrocado y el nuevo gobierno desconoció lo pactado con Chile, lo que fue visto como una traición.  La gota que derramó el vaso fue el pacto defensivo  que Perú y Bolivia firman, conocido como el Tratado de 1873. Sin embargo, pese a su carácter pasivo, resulta inexplicable el por qué se le dio categoría de oculto, debemos dar énfasis a la palabra “categoría”, pues sólo era de nombre, ya que para los gobiernos de Argentina, Chile, Ecuador y otros países, jamás fue desconocida su existencia. Por otro lado queda patente que Perú y Bolivia sólo buscaban defenderse mutuamente en caso de cualquier agresión, debido a que luego de la firma del mismo, no se embarcaron en una carrera armamentista. El gobierno de Santiago,  en cambio, tenía efectuado ya un plan expansionista, y prueba de ello, son los blindados Cochrane y Blanco Encalada, así como los cañones Krupp, los que no tenía competencia en la región.

Mientras los capitalistas ingleses, chilenos,  y en menor medida,  peruanos y bolivianos, estaban en Antofagasta (capital de Atacama), disfrutando de la fiebre del salitre. En 1874 La Paz y Santiago vuelven a firmar otro pacto en el cual se ratificaba el paralelo 24 como el límite de ambos países, y además Bolivia prometió no aumentar los impuestos respecto de la explotación del salitre en 25 años, mientras que Chile renunció a explotar los minerales en Atacama. Sin embargo,  todo empezó cuando Hilarión Daza, un boliviano declarado anti-chileno, llega al sillón presidencial. Una de sus primeras medidas fue tratar de entenderse con los capitalistas chilenos y extranjeros de la Compañía anónima del salitre. Al final, harto de tantos obstáculos, en el 78 exigió que la empresa le pague unos 90 mil pesos como derechos adeudados, a partir del año siguiente, el 14 de febrero exactamente, conocida como la Ley de los diez centavos por cada quintal de salitre exportado desde Antofagasta. Pasó un año de negociaciones infructíferas, y recién el 1 de febrero de 1879 Daza reivindicó las salitreras de la compañía para Bolivia confiscando sus bienes para un remate. Obviamente, Chile no tardó en reaccionar y reunió unos 500 soldados que se embarcaron en el Cochrane, el Blanco Encalada y en la corbeta O´Higgins. Sin previa declaratoria de guerra, llegaron a tomar el puerto de Antofagasta sorpresivamente y sin más dilaciones anunciaron que se reivindicaba todos los territorios al sur del paralelo 23 para Chile. No mucho después, los chilenos ocuparon toda Atacama y sus buques comenzaron a patrullar los mares aledaños. Bolivia se despidió en aquel febrero de 1879, de tener un mar propio, hasta la fecha.

Obviamente, tal situación dejó tremendamente comprometido a un país que, en teoría, debía estar ajeno. Nos referimos al Perú. A Santiago fue enviado el ministro de este país, llamado José Antonio de Lavalle. Algunas fuentes citan que a su llegada los chilenos se ensañaron con el consulado peruano en Valparaíso arrancando el escudo de la fachada, y quemando inclusive negocios y propiedades de ciudadanos peruanos en ese lugar. Al llegar frente de las autoridades chilenas, Lavalle declaró no conocer del Tratado del 73 debido a que había estado en Europa, cuando el documento le fue puesto en cara. Sea como sea, en medio de todo ese sombrío contexto para las tres naciones, Bolivia le declara la guerra a Chile y exige que cumpla lo estipulado en el dichoso tratado. Santiago le pidió a Lima, asimismo, mantenerse neutral. Al final, ante la indecisión de los peruanos y su clara tendencia a permanecer fiel a Bolivia, los chilenos le declaran a la guerra a Perú el 5 de abril de 1879. De hecho, no se perdió mucho tiempo y los barcos la Esmeralda y la Covadonga, bloquearon el puerto peruano de Iquique ese mismo día.

El inicio del conflicto y la campaña marítima

Almirante Juan William Rebolledo

Como Perú y Chile eran dos países con un largo litoral, la guerra primero iba a definirse por mar. Ambos eran también los únicos que contaban con escuadra, pues Bolivia carecía de una. Veamos el poderío de ambas armada. Por un lado tenemos a Chile, cuya Marina estaba dirigida por el almirante Juan Williams Rebolledo. Entre sus unidades tenemos a los citados acorazados Cochrane y Blanco Encalada de 3650 toneladas cada uno, seguido de las corbetas Chacabuco y O´Higgins, los buques de madera Esmeralda, Covadonga, Magallanes y Abtao. Además tenían alrededor de quince barcos de transporte destacándose el Rímac y el Matías Cousiño. También hay que resaltar que los chilenos habían seguido un modelo al británico, y sus marinos estaban bastante mejor preparados y entrenados para la guerra.

Almirante peruano Miguel Grau Seminario

Por el bando peruano la Marina estaba comandada por el almirante Miguel Grau, y tenía a la fragata blindada Independencia de 2004 toneladas, el monitor blindado Huáscar, la corbeta de madera Unión, y otros barcos como el Pilcomayo y los viejos monitores Manco Capac y Atahualpa. Estos dos últimos, empero estaban deteriorados y sólo podían flotar. Los transportes peruanos sumaban el Chalaco, la Oroya, la Limeña y el Talismán. La marina del Perú en sí, no estaba preparada para la guerra, y según el historiador peruano José Antonio del Busto, muchos de los barcos enlistados habían sido reclutados a estibadores y fleteros.

Para que no queden dudas de que Chile estaba bien pertrechado y preparado, hemos citado que sus barcos ya se paseaban por las costas bolivianas y más tarde peruanas tras la declaratorio de guerra. En cambio, en el puerto del Callao en Perú, la improvisación era lamentable. Sólo a mediados de mayo, el Independencia y el Huáscar estuvieron listos para llevar material humano y de guerra hasta Arica. Una vez dejaron allí lo necesario, incluyendo al presidente y general peruano Mariano Ignacio Prado, ambas naves partieron a Iquique.
Pero Chile ya estaba enterado de estos movimientos realizados por sus enemigos, por lo que envió su flota a interceptarlos, sin embargo, debido a la niebla, ambas se cruzan sin detectarse.

Así la Independencia y el Huáscar pudieron arribar a Iquique y romper el bloqueo que la Esmeralda y la Covadonga mantenían. El Huáscar, donde iba Grau, arremetió contra la Esmeralda mientras la Independencia se puso a perseguir a la Covadonga. Finalmente el buque chileno es espoloneado por el peruano, y no le queda otro remedio a sus tripulantes que abordar al Huáscar, siendo eliminados pocos después. Quedaron algunos náufragos chilenos y Grau tuvo la hidalguía de recogerlos. Por otra parte cogió las prendas y la espada del jefe chileno de la ahora hundida Esmeralda, el señor Arturo Prat, para enviárselas a su viuda. Obviamente este último se convirtió inmediatamente en un nuevo héroe chileno. Mientras tanto la Independencia seguía persiguiendo a la Covadonga, hasta quedar encallada por acercarse demasiado a la costa. Viéndola impotente, los marinos chilenos regresan en su barco y despedazan la independencia a cañonazo limpio hasta hundirla. Según las versiones de este país, no se rescataron a los náufragos por temor a que apareciese el Huáscar. Así acabó la Batalla de Iquique librada el 21 de mayo de 1879.

En los siguientes meses la guerra no parecía dar signos de acabar. Si bien el Perú era inferior, había iniciado algunas negociaciones para comprar más embarcaciones, lo que preocupó a Chile. Por otra parte, Grau y el Huáscar se mantuvieron entre mayor y comienzos de octubre, como indetectables. Se habían convertido en la pesadilla de la Marina Chilena. Incendió la corbeta chilena Clorinda, y hundió siete lanchas enemigas, bombardeó las costas de Antofagasta dejándolo sin comunicación con Valparaíso, destruyó otras seis en Cobija y recuperó la goleta peruana Caquetá, apresó a la corbeta enemiga Emilia y al menos tuvo un par de roces de los que escapó ilesa contra el Blanco Encalada y el Magallanes. Estuvo también a punto de hundir el transporte Matías Cousiño, perdonándole la vida a la tripulación chilena. El 23 de julio de 1879, además, capturó a un transporte chileno e hizo prisionero al célebre escuadrón de caballería Carabineros de Yungay, el cual había peleado en la primera invasión chilena al Perú durante la era de la Confederación Peruana Boliviana. Se bombardearon más ciudades costeras chilenas o que estaban bajo su poder y continuó esquivando a la Marina enemiga, a sabiendas de su superioridad. Esto causó grandes síntomas de amargo pesar en Chile, donde se nombró un nuevo ministro de Guerra, en este caso a Rafael Sotomayor, y se reemplazó como jefe de la Armada a Williams Rebolledo por Galvarino Riveros. El nuevo almirante supremo reunió a toda la flota en Valparaíso para renovarla, administrarla bien y prepararla para un combate definitivo que aniquile al Huáscar.

Ese enfrentamiento tendría lugar el 8 de octubre de 1879 cuando el Huáscar siempre liderado por Grau, partió de Antofagasta junto con la corbeta Unión rumbo al norte. Se percataron que el Blanco Encalada, el Marías Cousiño y la Covandoga les cerraban el paso al noreste, y cuando quisieron marchar hacia el noroeste, allí estaba el Cochrane, el O´Higgins y el Loa. Grau le permitió al Unión marcharse y se preparó a enfrentarse solo a esa gigantesca flota alrededor de las 9:18 de la mañana.

Los peruanos ordenaron disparar contra el Cochrane, pero el poderoso blindaje de este barco lo protegió de cualquier ataque. Mientras tanto el Blanco Encalada se acercó y descargó toda su potencia de tiro a babor. No pasó mucho tiempo de la batalla cuando una granada llegó a la torre de mando e hizo volar en pedazos a Miguel Grau y su ayudante Diego Ferré. Eran alrededor de las 9:35. Mientras el Huáscar intentaba defenderse, los proyectiles chilenos iban convirtiéndolo en una lata que se iba cayendo a pedazos. Allí se hizo cargo del barco el peruano Elías Aguirre, y al ser muerto lo sucedió Melitón Carbajal, pero debido a una herida en los ojos, lo sucedió Melitón Rodríguez el cual también murió. Como no había señal de rendición, los chilenos continuaron gustosos reventando el monitor, hasta que los peruanos, liderados por Pedro Gárezon (en realidad a esta altura la sucesión en el mando era a cada tanto), ordenó hundir la nave abriendo las válvulas. Este hecho no está señalado en la historiografía chilena, señalando que el Huáscar pretendió rendirse convencionalmente.

Según la versión peruana, la nave no se hundió debido al abordaje chileno. Luego vino un breve pero sangriento enfrentamiento cuerpo a cuerpo. La historiografía peruana dice que los marinos del Huáscar arrojaron sus espadas para no rendirla al enemigo. Correspondió a Garezón entregar la nave, para cuando a la 10:10 de la mañana, la Batalla de Angamos, se hallaba terminada. El Huáscar actualmente se encuentra en poder chileno pues fue llevado como trofeo de guerra. Así acabó la primera parte de la Guerra del Pacífico, la marítima.

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