La dinastía de los Antoninos

Posted by admin on May 20, 2011 in Biografías de inmortales, Hechos históricos |
   


Nerva

Aunque suene algo extraño, la dinastía Antonina, le debe su nombre a Antonino Pío, futuro emperador y no a Nerva, y por cierto entre este y su sucesor no existe una relación consanguínea, pero sí a partir de Trajano y los restantes. De todas las dinastías romanas, esta es la más longeva y según algunos historiadores, integrada por los emperadores más benignos de todos cuanto hubo, donde el imperio alcanzaría la gloria absoluta en la historia antes de virar hacia la decadencia. Nerva fue proclamado como emperador en el año 96.

Antes de ser embestido como tal, había sido senador, fiel a los Flavios y con una carrera respetable, pero no gozaba de gran prestigio pues todos los padres de la patria, famosos y populares, habían sido asesinados en las purgas de Domiciano. Para recuperar popularidad, en especial de los pretorianos, Nerva nombra a Trajano, uno de sus generales más famosos, como su corregente. Nacido en noviembre del año 30, este último provenía de una familia de España lo cual lo convertía en algo así como un emperador de provincia.

Obtuvo buenas perspectivas de la gente de su alrededor, en especial cuando aceleró la romanización y cedió la nacionalización de los habitantes de varias provincias como romanos. Otro de los problemas que debió enfrentar, fue la disminución de la tasa de natalidad, la cual, por cierto, aparentemente vio una salida cuando sugirió que los niños pobres del imperio sean educados por el estado. También incrementó los salarios al ejército y a algunos profesionales.

Por lo demás, algunos impuestos fueron anulados y se llegaron a otorgar facilidades para los campesinos como los préstamos a ciertos propietarios. Obviamente esto generó cierta presión sobre el fisco, pero al final, Nerva los compensó ahorrándose gastos inútiles, como los juegos o celebraciones, además también se subastaron algunas propiedades de Domiciano (aunque resulte increíble) y se fundieron muchas estatuas de oro y plata, prohibiéndose que se hagan tales con objetos con los mencionados minerales para no despilfarrar.

Pero aunque resulte extraño todo esto, Nerva no obtuvo el apoyo necesario en el Ejército, y muchas legiones aún eran fieles a Domiciano, así que como temió verse derrocado, expulsó a su prefecto, Tito Petronio Segundo, el cual fue reemplazado por Casperio Eliano. Los que favorecían a Domiciano, exigieron la desaparición de todos los posibles sospechosos, al estilo César, pero justamente para no generar desacuerdos entre romanos, Nera se negó a hacerlo, lo cual generó resentimiento hacia su persona.

La gota que derramó el vaso fue cuando Nerca al parecer quería que Publio Cornelio Nigrino, un gobernador de Siria en ese entonces, sea su sucesor, en menosprecio de Trajano, su general de mayor popularidad, jefe de los ejércitos de la siempre inquieta zona de Germania. La situación se tornó verdaderamente tensa y en octubre del año 97 los pretorianos dirigidos por Casperio Eliano tomaron el palacio imperial y a Nerva como rehén. Los pedidos fueron muy simples: entregar a los enemigos de Domiciano, y así sin más ni menos, estos fueron exterminados. Ante esta presión, en la cual su título parecía no haber valido nada en absoluto, Nerva se ve obligado a nombrar a Trajano como su sucesor, dándosele el título de César y compartiendo el consulado ambos a partir del año 98. Sin embargo el 1 de enero de ese año, vaya casualidad, Nerva sufrió un ataque al cerebro y luego de agonizar varios días, murió el día 27 de ese mismo mes. Así se iba la vida de uno de los más pasivos, pero al menos pacíficos emperadores, en medio de todo un nido de lobos ansiosos por el poder. Como recompensa por sus buenas labores e intenciones en tan poco tiempo, sus cenizas fueron ubicadas en el denominado Mausoleo de Augusto y deificado por el Senado. Ni bien quedó solo Trajano, despidió a Casperio Eliano, el líder pretoriano que se levantó y humilló al emperador fallecido.

Trajano

Nacido en el año 53, e investido como emperador desde el año 98 hasta el 117, Trajano es de lejos uno de los gobernantes más prolíficos en cuanto a obras públicas se refiere. Cuando Nerva murió, la popularidad de Trajano, sobre todo en el Ejército, pronto aplacó la tristeza. Continuó con la política de Nerva de acabar con algunos actos de Domiciano, así como de devolver las tierras privadas de éste o subastarlas. A pesar de que había obtenido el poder con cierta presión, Trajano demostró ser bastante correcto y pronto se ganó gran popularidad, dejando de lado cualquier tipo de adoración u otras cosas. El Senado y el Ejército lo respetaban, por tanto no fue difícil para él dirigir el enorme imperio. Estaba dispuesto a hacer grandes reformas, y nadie lo detendría. Uno de sus primeros desafíos, fue acabar definitivamente con los dacios (antiguos habitantes de la actual Rumania), que ya desde hacía años parecían haber quedado calmados, empero ahora otra vez estaban inquietos y rebeldes. Era hora de poner fin a lo que Domiciano había dejado en suspenso con su extraño tratado de paz.

En realidad, con Trajano los emperadores se tornan bastante militaristas y se acaba con aquellos miedos de todos sus predecesores, y es que dichas características expansionistas destacan a los Antoninos por sobre otras dinastías de emperadores desde Augusto hasta Nerva, siendo la excepción las guerras en Britania. Como el rey de los dacios, Decébalo, se había tornado otra vez inquieto,
Trajano en marzo del año 101 d.n.e., decide tomar la iniciativa e inicia la guerra contra los enemigos cruzando el río Danubio, acercándose a la capital de los dacios: Sarmizegetusa.

El primer enfrentamiento fue la Segunda batalla de Tapae, en aquel mismo 101. Los legionarios eran superiores en número, y esto les permitió ganar la batalla aunque les costó demasiado. Empero los romanos no llegaron a la capital, pues luego de un par de enfrentamientos, las legiones lograron forzar a Decébalo a someterse al año siguiente. No se le castigó y en el año 105, volvió a creerse más fortalecido e invadió territorio romano con algunas tribus aliadas inclusive.

Así según cuenta la tradición, Trajano comandó a unas trece legiones y cruzó el Danubio sobre el puente de piedra con un diseño de Apolodoro de Damasco, de lejos el puente más grande construido hasta entonces con casi 1135 metros de largo. La enorme superioridad romana en estos lares se tradujo en derrotas sucesivas para los dacios, y el año 106 d.n.e. fue el de su sentencia final cuando los romanos llegan a la capital Sarmizegetusa, en donde los bárbaros resistieron vehementemente, empero no pudieron detener lo inevitable. La urbe fue reducida y Decébalo se suicidó, se dice que su cabeza fue exhibida en la marcha triunfal en Roma. Sobre las ruinas de Sarmizegetusa se refundó una ciudad con el mismo nombre aunque claramente una romanizada, y aún hoy en día se habla de dichos territorios latinizados como Rumania, cuya lengua es romance; los territorios de los dacios fueron también adheridos a Roma con las importantes minas de oro y plata así como el tesoro personal de Decébalo.

En las regiones orientales Trajano se aseguró el reino nabateo, el cual fue adherido al imperio luego de que su rey Rabbel II falleciera y que por cierto ya era un estado vasallo de Roma. El hecho es que estos territorios vendrían a formar parte de la actual Jordania y el noroeste de Arabia Saudita, los cuales fueron llamados Arabia Pétrea por los itálicos.

Esto generó un cerco de territorios alrededor de todo el Mediterráneo, llamado mare Nostrum. Eran entonces épocas de verdadera gloria para los romanos. Durante los siete años siguientes, Trajano le trajo paz a su imperio y se dedicó más que todo a erigir las obras públicas por las cuales es tan famoso: el mercado de Trajano, la Columna Trajana, y el foro de Trajano. Este último casi tan hermoso y más grande que todos los foros conocidos hasta entonces, con casi 200 metros de largo por 120 de ancho, construido los años 107 y 112 d.n.e. e inaugurado justo un año antes del mercado. Entre otras de sus obras, tenemos pues a los arcos triunfales.

Las atenciones para la plebe fueron variopintas, entre las más humanas contamos la ayuda social que se brindó a personas de bajos recursos, sobre todo a niños, así como a huérfanos, remediándose así la baja natalidad en el imperio, un tanto. Mejoró también la vida de los campesinos, en especial los pequeños propietarios, salvándolos de caer en latifundios. Los colonos también fueron favorecidos para que puedan desempeñar sus trabajos y vean mejorada su calidad de vida.

Se limitó a los latifundistas, quizá los mayores culpables de que las clases más pobres casi toquen la miseria y prefieran vivir como esclavos (pues al menos tenían donde comer y dormir) antes que como hombres libres. Concedió pequeños préstamos a los campesinos pobres, limitó la emigración a la península y obligó a los empresarios a invertir tanto en ella como en las provincias, generando un balance económico favorable en todo el imperio. Por otra parte los soldados también tuvieron un gran apoyo, tanto económico como en educación. Respecto a los cristianos, se tiene registro de algunas cartas que intercambió con Plinio el Joven, escritor y científico, en la cuales el emperador sugiere que de momento los deje en paz.

En el año 113, los partos se convirtieron nuevamente en una amenaza. El rey de turno, Osroes, colocó como acordaba el tratado de tantos años atrás, a un rey en el trono de Armenia, pero que era manejado a su antojo. El hecho es que el tratado firmado desde la época de Nerón se rompió y Trajano, quizá también dejándose llevar por la ambición decidió de una vez por todas quitarse este peso de encima. Todo resultó mejor de lo que él esperaba, pues los romanos vieron como rápidamente los partos demostraron una gran debilidad militar. Armenia cayó en el año 114 y fue adherida como provincia romana; a esto siguieron las ciudades de Babilonia y Seleucia. Al final, el mayor recompensa fue la capital del imperio parto: Ctesifonte, la cual cae en el año 116 d.n.e. Trajano mismo estaba al frente de la campaña y se dice que llegó inclusive hasta el Golfo Pérsico, probablemente la llegada más lejana a oriente, desde que Alejandro Magno penetrara por aquellos lares, casi unos 400 años antes. Así, desde el Éufrates, se avanzó hasta el Tigris.

Los romanos eran expertos combatientes y tenían la moral alta, pero se percataron que los territorios desérticos y/o montañosos de Asia eran extensísimos, por lo cual una campaña sobre la península arábiga, o sobre la India requería cuantiosos recursos. Algo que tampoco beneficiaba el avance eran los numerosos y belicosos pueblos en medio oriente que fastidiaban con sus tácticas guerrilleras, sin contar la caballería con arqueros de los partos. Trajano no tenía porqué arriesgarse, así que antes que ir más allá, decidió deponer al rey parto Osroes colocando allí a Partamaspates, fiel a Roma e hijo del soberano depuesto. Otras dificultades la representaron su salud a causa del difícil clima y la segunda rebelión judía en varios puntos de medio oriente. En el año 116 Trajano cayó totalmente enfermo y tuvo que emprender el regreso a Europa ya con una salud delicada, muriendo en Selinus, actual Turquía, ciudad rebautizada como Trajánapolis. A mediados del año 117, el 9 de agosto, finalmente fallecía a causa de un edema. Se dice que sus cenizas fueron colocadas debajo de la Columna Trajana para recordar sus grandes éxitos. Poco antes de morir, había adoptado a Adriano, su sucesor, hijo de un primo.

Adriano

Como su antecesor, ni bien asumió el 10 de agosto del año 117, trató de ganarse al ejército. Destituyó a Lusio Quieto, un general famoso en Judea y aquellas zonas orientales, y trató de ganarse a los senadores quiénes no le tenían gran estima. Empero, cuando empezó su gobierno se halla aún en oriente, por ende su coronación no había sido formal, Su representante en la capital, por lo pronto fue Atilio Aciano, el cual informó acerca de un complot tramado entre algunos senadores y Lusio Quieto. Al final todo se desbarató y los conspiradores fueron eliminados.

Adriano fue un viajero incansable. A pesar de que no existieron grandes campañas expansionistas durante su imperio, se dedicó a repeler posibles invasiones y a mantener a raya a los enemigos de Roma, de hecho, más de la mitad de su reinado la pasó administrando las provincias. Una de las más problemáticas y donde dejó huella con su nombre fue en la provincia de Britania. Ya hemos hablado de lo turbulento que era este lugar, donde Caledonia o gran parte de la Escocia actual, los rebeldes no dejaban en paz a los romanos. Entonces para poder generar una mayor vigilancia, Adriano, simulando a Trajano en cuanto a grandes obras, aunque esta tuvo carácter militar, propone la creación de un muro de contención para estas hordas bárbaras indómitas que habitaban la parte más septentrional de Gran Bretaña, nos estamos refiriendo al célebre Muro de Adriano. Los historiadores discrepan respecto a si era defensiva, o una construcción por la cual Roma intentaba disimular su fracaso respecto de no avanzar mucho más allá de esta frontera erigida. En cambio otros no son tan radicales y asumen que se trataba de un modo de mantener activa a la tropa. Si bien la mayor parte del Muro se construyó en roca, en la zona de Carlisle, en el norte de Inglaterra, se levantó con césped. Aún hoy en día quedan restos de la misma, y si bien la muralla de Antonino Pio parecía iba a reemplazarla, la hostilidad de las tribus pronto hizo retroceder a los romanos hacia el sur de nuevo, hacia la Muralla de Adriano. La guerra en Britania se tornó defensiva para ambos bandos de ahí en más y desde la isla de la Rubia Albión, Adriano partió hasta la lejana Mauritania.

En Mauritania, Adriano tuvo que aplacar a algunos rebeldes pero pronto hubo de prestar su atención a los típicos enemigos de los romanos en oriente: los partos. El Imperio Parto, entonces amenazaba de nuevo la soberanía romana, y Adriano marchó hasta el Éufrates, y entabló un acuerdo con el rey Osroes I. Rodeó el mar Negro y marchó a Bitinia, urbe la cual vio destruida a causa de un terremoto, y a la cual donó algo de dinero para que se recupere, así como la calidad de vida de sus habitantes. En su paso por oriente, Adriano también conoció a su amante Antínoo, al cual se dice envío a Roma a educarse y a servir como cortesano. Luego de eso anduvo por varios lugares de Anatolia y el Asia menor.

Desde allí marchó a Grecia, recorriendo gran parte de la península del Peloponeso y debido a su generosidad, se comenta que se erigieron muchos templos y estatuas en su honor, además participó en numerosas celebraciones como las de Atenas. Antes de regresar a Roma se detuvo en Sicilia. Luego marchó a la capital imperial donde generó algunas obras públicas, y dividió el territorio italiano en cuatro partes, aunque tal división acabó luego de su reinado. Durante el año 128 visita África y luego reanuda un nuevo viaje a través de Grecia, Egipto y parte de Asia. En el año 132 d.n.e. estalló la Tercera Guerra Judeo-romana o rebelión de Bar Kojba.

Luego de esto la salud de Adriano se tornó bastante difícil, y retornó a la capital poco antes de terminada la citada tercera guerra. En sus últimos años, hacia el 136 d.n.e., construyó un templo en nombre de Venus y Atenas y a su vez elegía a su sucesor: el elegido fue Lucio Aelio Vero, uno de sus cónsules, pero éste murió en enero del 138. A continuación se produce toda una crisis y una pelea por la sucesión, que sólo perjudicó su maltrecha salud. Se dice que se le impidió suicidarse en varias ocasiones, pues el anciano sólo agonizaba de dolores y achaques. Su deceso llegó el 10 de julio de 138, al parecer de insuficiencia cardíaca. Sus restos fueron enterrados primero en Puetoli, cerca a su villa, y más tarde trasladados a Roma.

Antonino Pío

Adriano había designado a Antonino como su sucesor, y éste a Marco Aurelio, un muchacho de diecisiete años por entonces. Antonio gobernó con buena voluntad a partir del 138 d.n.e., y otorgó carácter divino a Adriano, tratando de mantener las cosas en paz dentro del imperio romano; por fuera acaecieron las mismas insurrecciones en Mauritania y Judea. En cuanto a Britania, se lidió contra los rebeldes brigantes, e intentando expandir las fronteras por el norte, se crea el Muro de Antonino entre el fiordo de Forth y el fiordo de Clyde, pero no duró mucho y como dijimos la de Adriano continuó siendo la que más resistía. Pese a este fracaso Antonino fue un gobernante promedio que pasó a formar parte de los Emperadores buenos y de la Edad de oro del imperio. Empero no está entre los más grandes y recordados, a pesar de haber efectuado un gobierno prolongado y limpio, nada más y nada menos que hasta marzo del 161 d.n.e. Fue enterrado en el Mausoleo de Adriano y se erigió una columna en su memoria en el Campo de Marte.

Lucio Vero y Marco Aurelio

Marco Aurelio

Lucio Vero

En vida, Antonio también había adoptado a otro joven: Lucio Vero. Adriano había hecho prometer a Antonino, que adoptaría a ambos, es decir a Lucio y Marco Aurelio. Empero cuando murió Antonino, Vero sólo fue nombrado co-emperador, algo que nunca antes había sucedido, pero sucedió, ya que desde la época de los triunviros no se compartía el poder de modo semejante entre dos políticos. Vero obtuvo el poder del ejército mientras Marco Aurelio el político. Entre ambos hubo gran confianza, e inclusive Vero se casó con su hija Lucila, procreando tres hijos. Como líder militar, tuvo que enfrentarse a los partos, y su general Avidio Casio destruyó varias ciudades, entre las cuales estaba la capital Ctesifonte. Vologases IV, hizo la paz Roma y entregó Mesopotamia occidental. Vero regresó y celebró junto a Marco Aurelio el triunfo en un gran desfile militar. Vero era un hombre que gustaba de relajos y algunas fiestas, pero no era bohemio, además no ambicionaba el poder absoluto y sobre todo fue un gran militar y una noble persona, por ende mantuvo buenas relaciones con Marco Aurelio. Su última acción fue cuando en la primavera del año 68 marcha hacia el Danubio donde las tribus bárbaras germánicas de los alamanes y los marcómanos invaden el territorio romano. Esta guerra duró hasta el año 180, empero Vero murió al parecer o víctima de envenenamiento o de viruela en el año 169 d.n.e. Ante esto, Marco Aurelio celebró en su honor grandes juegos, un funeral de estado y, por si fuera poco, Lucio fue declarado dios por el Senado.

En cuanto a Marco Aurelio, pues gobernó plenamente desde el 169 hasta el 177 en solitario. Continuó las guerras en Germania donde permaneció gran parte de su vida, enfrentando las invasiones que amenazaban Italia, Macedonia y Grecia. La guerra se ganó, pero gran parte de los bárbaros sometidos se introdujeron dentro de las fronteras del imperio a vivir, por lo cual Marco Aurelio se vio obligado a crear las provincias de Bohemia y Hungría. Las guerras en las fronteras con Germania continuaron, y Marco Aurelio las ganó todas conservando los dominios romanos en este frente, sin embargo hay que resaltar que eran batallas meramente defensivas. Luego de esto otra amenaza de su vida se produjo cuando el citado Avidio Casio se levantó contra el gobierno pues creyó que Marco Aurelio había muerto en Germania en medio de la campaña. Casi todas las tropas de las provincias orientales se plegaron a él, empero, su gobierno duró sólo 100 días ya que al enterarse de que la información era falsa, fue rematado por los mismos que los apoyaron. Para recuperar su popularidad Marco Aurelio hizo una gira por oriente y regresó a Roma. No estuvo allí mucho tiempo ya que tuvo que marchar hacia la frontera del Danubio donde derrotó nuevamente a los germanos. Luego de esto cayó enfermo de varicela. Corría ya el año 180, cuando falleció en Vindobona. Desde el año 177 compartía el gobierno con su hijo Cómodo, con quién acabaría la era de oro de Roma e iniciaría una etapa inevitable hacia la decadencia. Desde ya es uno de los emperadores y hasta filósofos más recordados, cuya obra Meditaciones, es considerada importante hasta hoy en día acerca de un gobierno moderado.

El hijo de Marco Aurelio, Cómodo, nació el 31 de agosto del año 161 en Lanuvium. Regularmente acompañó a su padre en la campaña de Germania, y cuando Marco Aurelio falleció, Cómodo heredó una frontera fuertemente defendida, y a los germanos debilitados. Así entonces firmó un pacto con estos y el 22 de octubre de 180, se celebró el triunfo esperado en Roma. Desde su inicio dio muestras de ser un emperador mediocre y conformista, dispuesto a acceder a los deseos de la plebe celebrando grandes temporadas de juegos y de lucha de gladiadores, lo cual los mantenía entretenidos mientras en el gobierno su nulo espíritu de buen gobernante le acarrearon enemigos y conspiraciones, lo cual por cierto se vio incrementado cuando para costear los juegos, elevó un impuesto senatorial. Así entonces en el año 182, Lucilla, la hermana del emperador, intentó conspirar contra él, colaborando con algunos políticos, que según se rumoreaba, eran sus amantes. Pero el plan fue descubierto y los dos senadores, Cuadrato y Quintiano asesinados, Lucilla fue exiliada a Capri, muriendo más tarde, al parecer también asesinada por orden del emperador. Luego vinieron muchas más conspiraciones como la dirigida por Tigidio Perenio y Tarrutenio Parenio contra el chambelán del emperador llamado Suetorio, ambos prefectos del pretorio; luego Publio Salvio tuvo otra intentona sin éxito, y así todos los conspiradores y sus planes siempre eran desbaratados. Empero durante los atentados fue asesinado el chambelán favorito de Cómodo, llamado Saotero; aunque no mucho después fue reemplazado por Cleandro, su nuevo chambelán.

Durante el reinado de Cómodo, no hubo grandes campañas. Empero en Dacia estalló una revuelta de la cual no se tiene muchos detalles. En Britania los romanos dirigidos por Ulpio Marcelo llegaron otra vez hasta el Muro de Antonino, pero al ser derrocado el general y gobernador, fue reemplazado por prisco, quién también fue relegado de su cargo por las mismas legiones y Perenio, el recordado conspirador. Desde Roma llegaron voces de que éste antiguo prefecto intentaba hacerse famoso obteniendo victorias para así hacerse con el poder. Cómodo soportó un tiempo hasta que no pudo más y los mandó a asesinar junto con toda su familia, para evitar represalias. Al final Ulpio Marcelo fue reemplazado como gobernador por Pertinax, y tras ser llevado a Roma prácticamente se le perdonó la vida. Empero toda esta situación sólo había mantenido estática las guerras en Britania y los romanos jamás llegarían a tomar toda la isla en su totalidad. Ahora bien, resulta que el citado Cleandro, intentó hacerse con el poder. Esto generó descontentos por todo el imperio, pugnas por el poder y muertes en vano, lo que condujo a Cómodo a un retiro a sus propiedades rurales legando la responsabilidad de conducir el imperio en manos de Lucio Elio Sejano, aunque Cleandro por otra parte iba ganando terreno. Consiguió coronarse como prefecto del pretorio y aprovechó para colocar en el poder a personas favorables a él. Durante este gobierno compartido y con Cómodo alejado, se llegaron a producir grandes crisis políticas, con cargos que eran reemplazados en pocos días; es más la Ciudad Eterna hasta se vio provista de de abastecimientos indispensables. Al final Cómodo tuvo que volver a la acción, mandando a matar a Cleandro, y todos los disidentes políticos. Luego tuvo que enfrentar un incendio y aprovechó para rebautizar muchos edificios con su nombre. Por si fuera poco hasta quiso cambiar los meses del año con su apelativo Cómodo, así como en casi todos los edificios u órganos públicos. Así entonces a este fracasado emperador le llegó la hora cuando se planeó colocar a Pertinax en el poder y Marcia, la propia esposa de Cómodo, colaboró colocando veneno en la comida del emperador y esposo. Éste la vomitó y se dirigió al baño, donde fue estrangulado por su profesor de esgrima. Una vez muerto, todos los nombres modificados retornaron a su estado normal. Así acababa la vida del último miembro de los Antoninos. Con esto, Roma se sumergía en una de sus peores crisis. Como dato curioso, tenemos que Cómodo perdonó la vida de muchos cristianos, pues la emperatriz era de dicha religión.

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