Carlomagno

Posted by admin on May 13, 2011 in Biografías de inmortales |
   

Primeros años y juventud

No se precisa la fecha acerca de cuando vino a la vida Carlomagno, y usualmente su fecha de nacimiento se ubica en la cuarta década del siglo VIII d.n.e., aprox. entre el 741 y el 748. Se cree que nació en Herstal, una ciudad natal de donde era oriundo su padre, su abuelo, y toda su dinastía. Sobre el lugar, los historiadores tampoco aún se han puesto de acuerdo con respecto a esto y muchas otras urbes son candidatas. Hijo del famoso Pipino el Breve y su mujer Bertrada de Laon tuvo una vida destacada de príncipe. No se mantuvo muy lejos de la corona hasta que recién a los siete u ocho años fue a vivir con su padre. Desde luego, como cualquier noble, recibió una educación exquisita así como un entrenamiento adecuado en las artes de la guerra, la caza y las leyes. A la muerte de su padre, el reino de los francos se dividió entre Carlomagno y su hermano Carlomán. El primero se quedó con las zonas que bordeaban el mar o exteriores. Así entonces el reino de los francos quedaba dividido entre los dos jóvenes reyes.

Su gobierno como rey de los francos

Su hermano se negó a ayudarle en el levantamiento que llevaron a cabo los aquitanos y luego los gascones hacia el 769. Por fortuna Carlomagno se las arregló y les fue bien pues pudo someter Aquitania. Si bien no se mostró molesto con Carlomán, esto marcó un distanciamiento entre ambos reyes. Se casó con Desire o Desideria, hija del rey lombardo con el fin de rodear territorialmente a su hermano. Como vemos, las decisiones políticas pesaron más que los compromisos que se tenían con el Papa, el cual se negó a reconocer el matrimonio pues en ese momento el reino lombardo era enemigo declarado de Roma. Sin embargo todo saldría mal para Carlomagno, pues quién sabe exactamente debido a qué razones, pero hizo de lado a su esposa, se separó de ella y se casó con una sueva que apenas y estaba dejando la niñez. Desire no se quedó conforme y así se alió con Carlomán para derrocar a su ex-esposo; sin embargo, la prematura muerte del hermano de Carlomagno, hizo que el conflicto estallara la guerra entre diversos reinos. El rey Desiderio acogió a su hija y a la viuda de Carlomán, y luego entró en guerra contra el papado, pues se exigió al soberano la devolución de diversos territorios que Adriano I (el papa de turno) exigía como parte del Exarcado de Rávena, que asimismo formaba parte del Imperio Bizantino, pero que a todas luces parecía una entidad política independiente. Obviamente, el Papa pidió ayuda a Carlomagno, quien acude en su socorro sin dudarlo. Así estalló la guerra entre francos y lombardos.

La batalla más prolongada fue el sitio de Pavía, el cual duró varios meses. Finalmente los lombardos se rinden en la primavera del 774 y Carlomagno consigue que Desiderio marche a una abadía y que Adelgis, el hijo del rey lombardo, se quede en Constantinopla donde murió. Con esto, Carlomagno se convirtió en uno de los reyes más poderosos del mundo, pues incorporó el reino lombardo a sus territorios, además de los pertenecientes a su fallecido hermano. En los meses siguientes varios nobles italianos, recelosos del creciente poder del rey franco, se rebelaron, los cuales todos fueron derrotados. Quizá esto explica su decisión inapelable de mantener un fuerte contingente en Pavía, el cual fue reforzado todos los años. La recompensa fue una sólida alianza con el papado y el posible avance hacia la Italia central y sur, pero donde si bien llegaron tropas francas, jamás alcanzarían a avasallar dichos territorios de modo total.

El Imperio Carolingio en su máximo esplendor

En los años siguientes Carlomagno se dedicó a nombrar a sus hijos reyes de Aquitania e Italia, fortaleciendo su dinastía y el dominio sobre esos territorios. Cuando tuvieron edad suficiente, sus hijos marcharon al frente con su padre enfrentando a numerosos enemigos, como los bretones, sajones, checos, avaros, eslavos, bizantinos y hasta españoles. En la península ibérica e Italia los francos entraron en contacto con los musulmanes, los cuales ofrecieron un pacto de paz para acercarse a los europeos. Carlomagno aceptó creyendo que al menos así podría firmar el avance del Islam e incrementar sus dominios en dichos lares.

Sin embargo las relaciones no mejoraron a pesar de que los francos inclusive recibieron e intercambiaron embajadores con los del califato de Bagdad. El hecho es que los intereses entre islámicos y cristianos francos chocaron tras la conquista de estos últimos en el Mediterráneo: Córcega, Cerdeña y las Baleares en el año 799. Lo que es más, los piratas musulmanes empezaron a azotar estos territorios y obviamente perjudicó las relaciones de Carlomagno con los hijos de Alá asentados en España. Si bien estos últimos pedían ayuda a los francos para así poder terminar la conquista de la península, poco a poco el alejamiento se hizo evidente. Finalmente el enfrentamiento entre musulmanes hispánicos y francos se hizo inevitable. A pesar de que la guerra no es muy conocida, se podría decir que no arrojó resultados muy favorables para los francos a pesar de sus victorias pues los islámicos continuaron dominando aquella región.

Pero Carlomagno tuvo muchas obligaciones a lo largo de su vida entre ellas la guerra contra Sajonia, la cual duró varios quinquenios (casi tres décadas). Otros de sus grandes enemigos, fueron los avaros los cuales invadieron las fronteras orientales, en un conflicto que duró casi siete años. Los eslavos también azotaron estas fronteras, además de los citados avaros. Sea como sea, el Imperio Carolingio se mantuvo incólume en todos estos años, a pesar de la constante presión en todos sus territorios, sea por mar o por tierra. Esto le otorgó a Carlomagno una reputación muy extravagante y muchos rumorearon que tenía planes de resucitar el Imperio Romano en occidente. Más allá de la presión de los innumerables enemigos mencionados, a Carlomagno le preocupaba que muchos de ellos fueran paganos y que el cristianismo corría un gran peligro.

Hacia los años finales

Su reputación y fortaleza era tan grande, que hacia el año 800, Carlomagno acogió al Papa León III quien huyó de Roma bajo amenaza de muerte. Sería el rey franco el que lo reinstauró en la Ciudad Eterna y aplastó la sublevación de los romanos. En agradecimiento el 25 de diciembre del año 800, León II coronó a Carlomagno en la Basílica de San Pedro. Esto generó graves consecuencias diplomáticas con los bizantinos, pues al rey franco se le dio el título de “Emperador de los romanos”, que más allá de generar ambigüedades, sólo desató enemistades innecesarias entre los cristianos. La gota que derramó el vaso, llegó cuando los territorios de Italia bizantinos, peligraron ante el avance de los francos. Resulta que Venecia solicitó ser protegida por los francos, específicamente por Pipino, hijo de Carlomagno, y así, estalló la guerra entre bizantinos y francos, la cual tenía de fondo, el reclamo del título imperial. A pesar de que parecía que la guerra se prolongaría indefinidamente, sólo duró hasta el 810, cuando los venecianos aceptaron volver a la protección bizantina. En efecto, reconocieron a Carlomagno como “emperador”.

En el este, las provincias francas habían llegado casi hasta la zona llamada Escandinavia, la cual incluye a Dinamarca. Allí los daneses empezaron una resistencia tenaz contra lo que podría ser una futura dominación total de los francos y se emprendieron ataques contra estos últimos y sus aliados fronterizos. Sin embargo todo llegó a su fin con la muerte de Godofredo el rey danés, el cual fue sucedido por su sobrino quién firmó el Tratado de Heiligen con Carlomagno hacia fines del año 811. Para entonces el rey de los francos ya era viejo, y dos años más tarde decide coronar a su hijo Ludovico Pío con sus propias manos. Con esto, abdicaba formalmente. La vida le había dado muchas aventuras, y había mantenido un gran imperio durante muchísimos años, ganando la mayoría de guerras y batallas.

Sin embargo ahora Carlomagno sucumbía ante el más ineludible de los enemigos: la muerte. Después de haberse retirado se dedicó a la lectura, la cacería y a pasar tiempo con su familia. En los primeros días del año 814 enfermó y dio inicio a su agonía. Murió finalmente el 28 de enero del mismo año. Se le sepultó en la Catedral de Aquisgrán.

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