La Revolución Cubana: La ascensión de Fidel Castro al poder
Escrito por: Joaquín Toledo, especialista en historia del mundo, historia antigua y con amplia experiencia en investigaciones sobre conflictos bélicos.
La derrota de España frente a Estados Unidos en el marco de la Guerra Hispano-Estadounidense (1898) y la consiguiente firma del Tratado de París por la cual el vencido renunciaba a sus aspiraciones sobre Cuba, no significó, previsiblemente, la independencia del país. En realidad, fue simplemente un cambio de yugo. Como anteriormente con España, la vida política, social y económica sería condicionada por un imperio (ajenos hasta en la lengua) que aprovechó su superioridad para imponerse en todos los aspectos. Si antes el látigo español había dominado cruelmente la vida cubana, esta vez los capitalistas y perfumados empresarios “yanquis” literalmente, se estaban apropiando hasta “del aire” producido en la Isla. El pueblo nativo empezó, con justificadas razones, a recelar del extranjero.
Sus cuestionamientos con el tiempo, se hicieron mayores. En 1898, Estados Unidos obtuvo de Tomás Estrada Palma, primer presidente cubano, una concesión de por vida para instalar una estación naval en la Bahía de Guantánamo, la cual comenzó a operar el 23 de febrero de 1903. La flagrante violación a la soberanía cubana se vio acentuada además, con el avasallante poder de los capitales americanos instalados en todos los rubros de la producción local. Sin embargo, ninguno de esos factores influyó tanto como la aprobación de la tristemente célebre “Enmienda Platt”, por la cual se permitía la irrestricta intervención norteamericana en la isla “en caso que la vida, la libertad y los bienes de sus ciudadanos fueran amenazados”. En la práctica, y dado que miles de americanos estaban afincados allí y en Guantánamo, la medida significaba una asolapada forma de ocupación. El pueblo cubano, desde entonces, vivió siempre predispuesto a conspirar.
El triunfo de la Revolución soviética de 1917, y el cúmulo de ideas socialdemócratas y socialistas que se infiltraron a su sociedad, fueron la semilla ideológica que cautivó a miles de jóvenes cubanos, ansiosos de liberar a Cuba de la presencia extranjera. Este despertar incluso llevó a la fundación del Partido Comunista de Cuba (PRC), fundado inicialmente por Carlos Baliño y Julio Antonio Mella en 1925. Y como él, otros partidos, la mayoría en la clandestinidad, laboraron en silencio captando adeptos, imbuidos en la secreta conspiración de un ideal en principio, muy ambicioso: La independencia. La fuerte presencia americana, los partidos políticos regulados, la corrupción, el nepotismo, la persecución y las graves privaciones a la libertad, fueron norma común durante los 40 primeros años del siglo XX. Fulgencio Batista, conocido político y agitador, dio el 10 de marzo de 1952 un golpe de Estado al recientemente elegido Carlos Prío Socarrás, del Partido Auténtico. Cuba, acostumbrada a estas bravatas, ni se inmutó.
La dictadura y la “Generación del Centenario”
Batista muy pronto se quitó la careta. Y lo que parecía un supuesto intento de acabar contra la corrupción y el gangsterismo, se mostró como realmente era: Una odiosa dictadura que saqueó vilmente las arcas del erario nacional. Batista, que conocía los alcances que tan flagrante latrocinio podría tener para su carrera, quiso calmar las aguas convocando a nuevas sufragios en 1958. Los comicios fueron el hazmerreír de América. Completamente amañadas, los partidos opositores se retiraron de la contienda, siendo elegido finalmente Andrés Rivero Agüero, quien no pudo siquiera tomar posesión del cargo. Una nueva revolución, encabezada por un abogado hasta entonces ajeno al sentimiento socialista o comunistas, Fidel Castro, iba a quebrantar el espinazo de la vieja oligarquía reinante.
Si en principio Cuba se mantuvo impasible ante la inconcebible corrupción existente, la gestión de Batista, el avance americano y el posterior fraude electoral, movieron a sus juventudes. No era para menos. Hacia 1952, las empresas norteamericanas controlaban el 47,4% de la producción azucarera, el 90% de la producción de electricidad, el 90% de las redes telefónicas, el 70% de las refinerías de petróleo, el 100% de la producción de níquel y el 25% de las casas comerciales, los hoteles y la industria de productos alimenticios. En esas condiciones, un grupo de jóvenes (entre los que se encontraba Castro) se desligó del cuerpo principal del Partido del Pueblo Cubano, tomando a rajatabla la idea sobre que la lucha armada era el único camino posible para derrocar el régimen batistiano.
Este grupo de jóvenes, la “Generación del Centenario”, se organizó militarmente y el 26 de julio de 1953 intentaron tomar primero, el Cuartel Moncada ubicado en Santiago de Cuba, y después, el cuartel Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo. Su algarada, aunque fracasada, permitió la insurrección y la adhesión de obreros rurales e industriales, agricultores, maestros, comerciantes, profesionales, desocupados, en resumen, todos los excluidos de la sociedad. Pese a la fuerza del movimiento, Batista lograría controlarla apelando a la represión, los encarcelamientos y los aniquilamientos selectivos. El propio Fidel y los líderes de su movimiento (entre ellos su hermano Raúl, actual presidente de Cuba) fueron apresados y permanecieron 22 meses en la prisión en la Isla de Pinos, saliendo en libertad luego que Batista, muy presionado por la desaprobación de la comunidad internacional, les diera la amnistía en 1955.
Ya en Libertad, Fidel Castro y los suyos comprendieron que las duras condiciones en Cuba no permitirían madurar el espíritu de la revolución y por ello viajaron a México para preparar un grupo guerrillero. En el exilio, Castro estableció contactos y acuerdos con otras fuerzas favorables a la lucha armada y de las más variadas ideologías como el Directorio Revolucionario de José Antonio Echeverría, integrado por estudiantes de la Universidad de La Habana, el ex presidente Carlos Prío Socarrás del Partido Auténtico, y Acción Nacional Revolucionaria (ANR), liderado por Frank País. Incluso un sector de la CIA apoyaba la lucha armada contra Batista y llegó a financiar, a través de Carlos Prío, el inicio de la guerrilla. Finalmente, el 25 de noviembre de 1956 zarpó de Tuxpan, estado de Veracruz, México, el yate Granma, con 82 guerrilleros del llamado Movimiento 26 de Julio (en honor al día del levantamiento en Moncada).
Entre los que se encontraban en aquel yate figuraban Fidel Castro, Juan Manuel Márquez, Raúl Castro (hermano de Fidel), Juan Almeida Bosque y el célebre Ernesto Che Guevara, este último unido a la guerrilla después de llegar a México huyendo de la represión posterior al derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala. Después de 7 jornadas de tormentosa navegación encalló en los manglares de Playa Las Coloradas, en las costas orientales de Cuba el 2 de diciembre de 1956. Pese a las dificultades iniciales, se establecieron con éxito en la cadena montañosa Sierra Maestra. El nuevo “ejército rebelde” , como primera acción, dio a conocer un manifiesto en el cual se expresaba la necesidad que todas las organizaciones opositoras cubanas se unieran y formaran un gran frente revolucionario. Fue todo un éxito. Importantes contingentes de jóvenes, conducidos por líderes como Camilo Cienfuegos y el argentino Ernesto “Che” Guevara, se sumaron a la causa. La Revolución acababa de iniciar.
El camino hacia la Habana
Empero, derrocar al régimen de Batista no fue fácil. Durante los primeros meses de 1958, los guerrilleros intentaron infructuosamente organizar una huelga general. Pero el régimen de terror implantado desanimó a muchos por las enormes represalias. A partir de este fracaso, decidieron continuar fortaleciendo las guerrillas rurales para resistir la ofensiva y cerco del ejército de Batista. La muestra arriesgada de apoyo de muchos campesinos fue también de mucha importancia para el movimiento. Con alimento y con refuerzos constantes, las tropas de Castro se animaron por fin, a presentar batalla.
El 6 de mayo de 1958, las tropas de Batista inician una ofensiva general en la Sierra Maestra para destruir la guerrilla castrista. Se producen importantes batallas como las de El Jigue y Santo Domingo. Luego de un período defensivo en el que los rebeldes deben limitarse a los macizos del Pico Turquino, el Hombrito, la Bayamesa y Malverde, la mayor fuerza y conocimiento del terreno de los sublevados se impone. Los soldados del gobierno se retiran con numerosas bajas, seguidos de cerca por una contraofensiva rebelde que cada vez posee más territorio. Batista, impotente ante el creciente poderío de Castro, ordena la retirada y la debilidad del régimen se hace evidente. Castro decidió entonces, contraatacar.
La revolución de inmediato, se expandió al resto de Cuba. El Che Guevara y Camilo Cienfuegos son enviados al centro del país para dividir la isla en dos y preparar el ataque a la estratégica ciudad de Santa Clara, llave del camino a La Habana, mientras que Fidel y Raúl Castro permanecen en el Oriente para controlar la región y atacar finalmente Santiago de Cuba. En pocos meses, gracias a la ayuda inestimable de miles de simpatizantes, fueron conquistando estos objetivos y hacia diciembre de 1958 el camino a La Habana, capital de Cuba, estaba servido. Batista, mientras tanto, sabe que su posición es insostenible y huye a Santo Domingo (República Dominicana) quedando el país virtualmente acéfalo y a cargo del General Eulogio Cantillo.
La madrugada del 1 de enero de 1959, las tropas del Segundo Frente Nacional del Escambray, comandadas por Eloy Gutiérrez Menoyo, entraron a La Habana. Al día siguiente llegaron las tropas del Movimiento 26 de Julio comandadas por Camilo Cienfuegos y el Che Guevara, tomando sin resistencia el regimiento de Campo Columbia y la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, respectivamente. Al entrar a Campo Columbia, Cienfuegos detuvo al General Cantillo. Simultáneamente, el mismo 1 de enero, Fidel Castro entró triunfante a Santiago de Cuba, declarándola capital provisional de Cuba y proclamando al magistrado Manuel Urrutia Lleó como nuevo presidente. Estados Unidos, que prefería a Urrutia en vez del odioso Batista, reconoció al gobierno revolucionario al menos, por el momento. Ni Cuba, ni Estados Unidos, sabrían la distancia insalvable que pronto habría entre ellos.
La lucha antidictatorial por el retorno a las formas democráticas de gobierno, se había transformado en una verdadera revolución social. Una vez en el poder, se adoptaron un conjunto de medidas que modificaron de raíz el orden social en Cuba, sobre todo en los sectores salud y educación, a los cuales se dio un gran impulso. Paralelamente, el ejército de la dictadura fue reemplazado por el “ejército rebelde”, los cargos de gobierno fueron asumidos por los jefes revolucionarios y, a partir de allí, se inició la tarea de transformar a la sociedad cubana. Empero, no todo fue felicidad. Castro respaldaría una serie de acciones al margen de la legalidad que preocuparon a la comunidad internacional. Por ejemplo: En los primeros 6 meses de 1959 se llevaron a cabo ejecuciones sumarias de antiguos miembros de las Fuerza Armadas de Batista, calculándose en unos 300 los fusilamientos a hombres contrarios al nuevo régimen.
El proceso posterior a la revolución.
Las críticas de Estados Unidos por los fusilamientos no se hicieron esperar. La prensa americana, sorprendida por el giro de un Castro con el que antes simpatizaban, supo de pronto que la posibilidad de un régimen democrático y capitalista en la región sería imposible. Castro, con seguridad cambiado por la revolución, había madurado sus ideas en un sentido contrario al esperado por Estados Unidos. De plena consciencia izquierdista, afectó los intereses económicos de Estados Unidos desde el primer momento, quitando a los capitales americanos cada vez mayor protagonismo. Castro, el poder de facto en una Cuba de apariencia democrática, no tardaría en sacarse como Batista, la máscara. Sus nuevas medidas, serían la mayor prueba.
Por ejemplo, para modificar las graves desigualdades económicas que caracterizaban a la sociedad cubana, Castro comenzó a aplicar la muy postergada Reforma Agraria. Una primera ley de 1959 estableció que serían expropiadas todas aquellas tierras que excedieran las 400 hectáreas, por lo cual se respetarla la propiedad de pequeños y medianos productores. En 1963, otra ley decidió la expropiación de todas las parcelas mayores de 63 hectáreas. La mayor parte de las tierras fueron distribuidas entre los campesinos que carecían de éstas y el resto pasó a formar parte de las haciendas estatales, las cuales ofrecieron trabajo a los desocupados de las zonas rurales. Con la medida, se dio un golpe terrible a los terratenientes americanos, que hasta entonces tenían la supremacía en el campo. Castro, con nuevas medidas, fue aún más lejos.
Decidido a minar el sistema capitalista en Cuba, se iniciaron campañas masivas de alfabetización, se crearon nuevas escuelas y universidades, se implementó una red sanitaria para garantizar en forma gratuita la asistencia a toda la población, se crearon nuevos hospitales y clínicas, así como también, institutos de investigaciones médicas. Una nueva ley de alquileres redujo su valor en un 50%. Además, se otorgaron créditos a largo plazo para que los inquilinos pudieran comprar a precios módicos sus casas. Se estableció asimismo, la gratuidad de todos los servicios (agua, luz, gas, teléfonos) y el establecimiento de una ración de alimentos y vestimenta para cada cubano. También se intentó reducir las diferencias salariales entre los trabajadores. No obstante, ninguna medida como la nacionalización de las compañías extranjeras produjo tantos cuestionamientos en su vecino del Norte. Esta acción, indujo a los Estados Unidos a plantear seriamente la intervención militar.
La continua tensión entre ambos, los obligó a romper relaciones diplomáticas en 1961. Cuba, mostrándose abiertamente socialista (algo inaceptable en América en plenas épocas de Guerra Fría) aprovechó la ingente ayuda soviética para proclamar su nuevo estilo político. Frente a esta decisión, Estados Unidos presionó para que expulsaran a Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA). Las relaciones entre ambos países peligraron más aún cuando Jhon F. Kennedy anunció el embargo y bloqueo marítimo a Cuba por descubrirse que en sus territorios se encontraban misiles de origen soviético. Al punto de una guerra nuclear, la pericia del presidente soviético Nikita Kruschev y el mismo Kennedy tuvo la suficiente fuerza como para llegar a un acuerdo. La URSS aceptó el 28 de octubre de 1962 desmantelar y eliminar sus bases de misiles, a cambio de la promesa del presidente Kennedy de no invadir la isla.
Desde entonces, el poder de Fidel Castro se ha mantenido en la Isla hasta el 2008, cuando anunció oficialmente su pase al retiro. El cargo, hoy ocupado por su hermano Raúl, es una continuación de la política socialista de su predecesor, la cual pese a sus enormes problemas sobretodo con la caída de la Unión Soviética en 1991, se ha mantenido en pie haciendo algunas concesiones en su rígida política; entre ellas, su gran apertura al turismo, uno de las principales actividades de la nación. La revolución cubana, que ya ha cumplido 50 años de implantada, es a su manera, un ejemplo de persistencia. La sociedad cubana mientras tanto, sigue en pie, esperanzada en un nuevo futuro. Probablemente muy pronto se pueda dar.


