Antonio Vivaldi

Posted by joaquintoledo on Apr 15, 2011 in Biografías de inmortales |
   

Primeros años y juventud

Antonio Vivaldi, el gran sacerdote del barroco, nació el 4 de marzo del año 1678 en Venecia, Italia. Era hijo de un barbero que al mismo tiempo era violinista y que tocaba en la orquesta de la catedral de San Marcos; su nombre era Giovanni Battista. Mientras que la madre del célebre autor de las Cuatro estaciones, se llamó asimismo Camilla Calicchio. Fue gracias a la temprana influencia de su progenitor, con la cual el niño se valió para inspirarse. Pronto afloró su talento y desde muy pequeño comenzó a reemplazar a su padre en el violín de la orquesta. Fiel a la tradición cristiana de la época, el 18 de septiembre del año 1693 ingresó al seminario donde fue ascendiendo hasta que en el 1703 fue nombrado sacerdote; contando ya con veinticinco abriles.

Sin embargo, a pesar de ser un religioso, se inclinó más por la música. En realidad, los orígenes de los grandes músicos clásicos podrían encontrarse en un gran apoyo por parte de las clases eclesiásticas, y vaya que valió la pena. Las anécdotas cuentan que en ocasiones Antonio mentía con respecto a rendir misa, utilizando pretextos para ausentarse, pues prefería marchar a practicar con su violín. Sus excusas comunes eran su salud. Empero, con el tiempo la mentira se transformó en algo real. En efecto, el joven muchacho, como eclesiástico, tenía múltiples deberes, entre ellos el de cantar la misa, lo cual lo dejaba exhausto pues era “etrettezza di petto” (como él mismo confesó en una carta) o estrecho de pecho, por lo cual tuvo que renunciar a tal tarea exigente para su cuerpo.

Sus inicios como gran músico

Aproximadamente al mismo tiempo en el que se graduó como eclesiástico, él ya había iniciado su carrera como músico. Primero fue profesor de violín en el Ospedale della Pieta en Venecia, institución que educaba niños y niñas huérfanos e ilegítimos. Por lo general, el estado apostaba más por el futuro de las mujeres en la orquesta y el coro. Pronto la filantropía de Vivaldi y sus dotes de buen profesor expandieron su popularidad de modo sorprendente en una época donde los medios de comunicación eran arcaicos. Además era intendente y cuidaba que los instrumentos estuviesen en buen estado. Como la institución era mantenida por la república de Venecia, todos los años se hacían exámenes para supervisar la calidad de los profesores. Los directores del Ospedale no convocaron a Vivaldi entre 1709 al 1711, cuando se dieron cuenta de su importancia y lo volvieron a llamar. Durante sus largos años de pertenencia a la Ospedale, Antonio comenzó a componer algunas de sus primeras obras descollantes, pues sólo así se podrían dar recitales todas las semanas con los cuales puedan obtener fondos.

En su primera etapa de permanencia en la institución resaltan “las trío sonatas” (en total fueron unas doce), publicadas en el año 1705. Cuatro años después, en 1709, salió a la luz una segunda colección de sonatas. En 1711 llega su primer salto a la fama internacional con la publicación de L´estro armonico, obra para violines, estrenado en Amsterdam. Fue un éxito en toda Europa y el nombre de Vivaldi empezó a importarse fuera de Venecia e Italia por primera vez con seriedad. Aprovechando su buen momento público su primera ópera, Ottone in Villa en 1713. Al año siguiente le siguió La Stravaganza, un concierto para violín.

Por aquellos años su fama ya era indiscutible y sus viajes con el fin de realizar diversos conciertos, cotidianos. Desde 1714 era un empresario del Teatro de San Ángelo en Venecia donde pudo publicar más tarde su obra Orlando finto Pazzo. Como la ópera era algo que al público italiano y europeo de la época le atraía mucho, Vivaldi no quiso perder la oportunidad de complacer a su auditorio y llenar sus bolsillos haciendo lo que más le gustaba. Sin embargo esta última obra citada no gustó mucho que digamos. Al año siguiente el compositor se reivindicó tras la presentación de Nerone fatto Cesare. En los meses siguientes se vio ocupado creando dos oratorios importantes, entre ellos, el segundo, llamado Juditha Triumphans, en honor a la victoria alcanzada por su país (República de Venecia) contra los turcos para reconquistar la isla de Corfú, la cual fue un éxito rotundo y es considerada un clásico. En los años siguientes siguió haciendo óperas (se conocen alrededor de 50 si bien se sabe que estima que creó más de noventa), visitó Praga y su fama se incrementó a tal punto que llegó a decirse que se trataba del músico italiano más destacado hasta entonces conocido. Pese a ello sus operas son las obras por las que menos es conocido hoy en día y su obra más exitosa, “La Constanza trionfante”, para algunos no puede competir con la de otros operistas de la época.

La obra madura

Pero Vivaldi aún no había explotado todo su potencial. Al parecer en el año 1718 se le ofreció ser “Maestro di Cappella” en la corte del gobernador de Mantua. Marchó allí y se quedó casi tres años donde produjo más operas. Dividió su tiempo en giras cortas en otras ciudades donde compuso pequeñas obras y algunos oratorios. Inclusive llegó a conocer al Papa Benedicto XIII.

En el año 1725 regresó a Venecia, donde la Ospedale, harto de sus ausencias le sugiere retirarse. Vivaldi apeló a su fama y llegó a un acuerdo: podría irse de viajes y giras, las veces que él quisiera, siempre y cuando les entregara dos conciertos cada mes y supervisara su ejecución si es que con suerte se encontraba en Venecia. Pero de vuelta a su ciudad encontró el ambiente necesario para publicar la obra que lo haría inmortal: “Las Cuatro Estaciones”. Contrariamente a lo que se cree, esta magna creación no era independiente sino que formaba parte de un conjunto de doce conciertos que llevan el título de “Il Cimento dell´Armonia e dell´Invenzione” (Lucha de la armonía (razón) y de la invención (imaginación). Son los cuatro primeros conciertos forman parte de la célebre obra que se conoce bajo los nombres de: Primavera, Verano, Otoño e Invierno. Cada uno de ellos tiene asimismo tres partes.

El tono y dirección principal de esta serie de concierto la tendría el violín. Las Cuatro Estaciones particularmente se publicó en Ámsterdam en 1725. La popularidad de la obra terminó por asentarse en 1730 cuando fueron interpretadas en París para el rey Luis XV.

En los años siguientes mientras no se le conocía ningún amor, Vivaldi viajó mucho. Solamente tenía como compañera de trabajo a una aspirante a cantante, la joven Ana Tessieri Giro, con la cual los rumores acerca de un supuesto romance nunca han escaseado, empero, no hay prueba fehaciente de ello. Él se preocupaba por mantener su ascendente carrera, componiendo un concierto casi todos los días y una ópera por semana. Obviamente el dinero era algo que le sobraba, lo cual empezó a ser criticado por la clase de vida ostentosa que llevaba. Además, Ana tenía una hermana llamada Paolina, la cual también los acompañaba en las giras, y obviamente los rumores acerca de un romance tripartito se hicieron presentes. Esto podía resultar tolerable en un hombre cualquiera, pero no olvidemos que Vivaldi era un clérigo.

En el año 1730 marcha a Viena y a Praga acompañado por su padre donde presentó operas y otras obras más. Con el correr de los años los rumores acerca de su moralidad continuaron poniéndose en duda. Así que en 1737 el arzobispo Ferrara prohibió la entrada de Vivaldi a su ciudad natal. Los argumentos fueron que el músico se había negado a cantar misa y defendía su relación con Ana como meramente amical. Luego se terminó mudando a Viena, al parecer debido a que en años anteriores había conocido al emperador Carlos VI, y éste le había invitado a la ciudad a conocer la corte imperial y servirla con su arte. Sin embargo ni bien Vivaldi puso un pie en la ciudad, el monarca falleció, quedándose sin un mecenas fijo. Hacia 1740 su fama empezó a caer y no encontraba patrocinadores para sus nuevas obras en un ambiente cada vez más competitivo. Entre la noche del 27 al 28 de julio de ese año, Antonio Vivaldi murió, de una “inflamación interna”, relativamente pobre y en el olvido. Prueba de ello, fue su funeral, al cual asistieron seis hombres para llevar el féretro y seis niños de coro para canta la Misa de Réquiem. Si bien él en sus años finales, parecía haber quedado en el olvido, el “sacerdote del Barroco” legó para la posteridad más de 500 conciertos, y en especial sus obras para violín, son repertorio obligado para cualquier músico que desea especializarse en este instrumento.

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