José María Morelos

Posted by joaquintoledo on Feb 9, 2011 in Biografías de inmortales |
   

Primeros años y juventud

José María Morelos nació el 30 de septiembre de 1765 en Valladolid, Michoacán. Actualmente su tierra natal se llama Morelia, en honor al que alguna vez sería un héroe de la independencia. Fruto de un matrimonio de bajos recursos, José María creció viendo la pobreza muy de cerca. Ni siquiera pudo terminar sus estudios más básicos (al menos había aprendido a leer y escribir), debido a que tuvo que ayudar a sus progenitores trabajando para mantener el hogar, el cual  tendría ocho hijos contándolo a él. Su padre, José Manuel, tiempo más tarde mantendría una relación que prácticamente terminó en ruptura. José María permaneció con su madre, y prácticamente se convirtió en el único sostén de la casa. Pero ella sufría mucho al ver a su hijo sin ninguna clase de futuro, y decidió enviarlo con su tío, Felipe Morelos, para que trabajara en las típicas labores de los hombres de campo. Por aquellos tiempos el muchacho andaría entre México y Acapulco hasta que tocó casi los treinta años. Morelos se resignó a la vida rural y no renegó de ella, tratando de aprender todo lo referente a agricultura y comercio. Por otro lado, la región era algo que él se conocía de memoria.

Tiempo más tarde el padre finalmente muere y la responsabilidad de la familia cae sobre los hombros de José María y su hermano Nicolás. La primera oportunidad de su vida llega cuando había cumplido ya los treinta años y pudo ingresar al Colegio de San Nicolás. Estaba bajo la dirección del cura Hidalgo quien pronto incorporó a su alumno, sin importarle la edad. Morelos trató de aprovechar todo lo que se le enseño, y prodigiosamente, se superó a sí mismo a pesar de ser un adulto, pues como recordaremos, apenas y había aprendido a leer y escribir, y de ciencias, teología o filosofía no sabía nada. Para el año 1799 era ya un sacerdote y se dirigió a varios curatos. Su sueldo como eclesiástico le permitió comprar una casa en su tierra natal, Valladolid, la cual por cierto, más tarde terminó vendiendo pues debía solventar la causa independentista. Ahora bien, respecto a ello, no está claro cuándo exactamente Morelos empezó a simpatizar con ideas democráticas, pero dadas las circunstancias estaba claro que sus contactos académicos le permitieron conocer los sucesos acaecidos en las Trece Colonias y la Revolución Francesa, inspirados en los ideales ilustrados. Ahora bien, hay que tener en cuenta que España,  por otra parte, también estaba en crisis debido a las Guerras Napoleónicas. Para 1810 los franceses tenían casi todo el país de los castellanos en sus manos y el dominio de la Corona en sus respectivas colonias se tambaleó. Obviamente las ideas que impulsaron las revoluciones burguesas había calado hondo en los corazones de varios mexicanos, uno de ellos era Miguel Hidalgo, el ex rector del colegio de Morelos. Junto con otro grupo de liberales, el cura que se encontraba en Dolores, se reunía junto con otros simpatizantes de ideas similares, so pretexto de realizar discusiones literarias en Querétaro.

Obviamente lo que allí se discutía era de todo menos de arte, y desde luego, era ilegal. A esto se le conoce como la Conspiración de Querétaro, la cual fue delatada y muchos de sus integrantes hechos prisioneros. El cura Hidalgo, desde el pueblo de Dolores, decide que el golpe de estado, planeado para octubre, debía acaecer esa misma noche, cuando se enteró del destino de algunos de sus compañeros. Era 16 de septiembre de 1810, cuando da su célebre Grito de Dolores, dando inicio así a la Guerra de Independencia de México.

Morelos como líder de la independencia

No se precisa si José María Morelos conocía de la Conspiración de Querétaro. Lo más probable es que no, pues era de carácter secreto y sólo las cabezas del grupo conocían los verdaderos planes. Pero sea como sea, cuando se enteró de lo sucedido en Dolores, Morelos se mostró inmediatamente a favor de la causa independentista.

Iniciada la campaña de Hidalgo que tenía como objetivo tomar la capital, Morelos no deja pasar la oportunidad de entrevistarse con él en Charo, una localidad en los suburbios de Valladolid. José María insistió en marchar a la capital junto con él, pero Hidalgo se niega rotundamente, alegando que lo necesitaba en el sur, en Acapulco, puerto que era indispensable tomar, pues debía evitarse que los realistas reciban refuerzos y pertrechos desde las Filipinas. Quizá porque había sido su alumno, pero Hidalgo depositó una enorme confianza en él. Nunca más se volvieron a ver, pero vaya que fue un acierto del cura de Dolores haber confiado en Morelos. El antiguo arriero marchó a Carácuro iniciando su campaña libertaria con tan sólo veinticinco hombres, armados con escopetas y lanzas. Desde ese día dejó de ser un simple cura para convertirse en uno de los más grandes líderes de la independencia.

Las campañas de Morelos fueron en total cuatro. En la primera de ellas se dirigió al Estado de Guerrero. Pasó por Coahuayutla, Petatlán y Tecpan, donde se le reunieron muchas personas, tanto campesinos, obreros o civiles cualquiera, hasta inclusive algunos realistas que desertaron de sus filas. Los primeros pueblos por donde pasó no fueron hostiles a Morelos y los suyos. Uno de sus primeros enfrentamientos se llevó a cabo en noviembre de 1810 en Aguacatillo, obteniendo un nuevo triunfo. También hay que reconocer que Morelos dio la orden de no atentar contra los bienes de la Iglesia Católica. Las fuerzas coloniales, fieles a la Corona Española, enviaron unos 1500 soldados bajo las órdenes de París, muy buen entrenados. Se enfrentaron en varias ocasiones, culminando casi todas las batallas en empate. Morelos, cuando se hallaba al límite de sus fuerzas, utiliza la astucia, y encuentra un traidor en filas realistas, el cual le ayudó a vencer a París (quién se pone a salvo huyendo) en una célebre batalla donde obtiene unos 700 fusiles, cinco cañones, víveres y municiones.

Pero no mucho después Morelos es traicionado del mismo modo, confiando en que el realista José Gago, entregaría la plaza de Acapulco sin resistencia. El combate hace que los rebeldes se retiren hacia Tecpan. Ante la situación, a Morelos no le queda otra más que apropiarse de algunos bienes de la Iglesia Católica para alimentar a sus seguidores. La recuperación llegó en los meses siguientes, cuando tomó Chilpancingo y Tixtla, ciudad en la cual se hace con bastante armamento. Allí, el 13 de julio de 1811, Morelos dictamina el reparto de tierras entre campesinos. Luego junto con sus rebeldes se dirigen hacia Chilapa donde permaneció hasta principios de noviembre. Había finalizado así su primera campaña.

En cuanto a Hidalgo había tenido éxitos similares en un principio, pero en marzo de 1811 fue capturado y el 30 de julio de ese mismo año, fusilado. Morelos no se desmoralizó y aunque aún no llegaba a Acapulco decidió continuar la obra que el cura de Dolores le había encomendado. Por otra parte, cuando se formó la Suprema Junta Nacional Gubernativa con el fin de instaurar un gobierno en el país, José María envío representantes. En noviembre sale de Chilapa y se dirige a Xolalpa y Chiautla.

El invierno de 1811-12, Morelos debe enfrentar una serie crisis entre la tuberculosis y la persecución de las fuerzas realistas. Ahora al mando de estas estaba Porlier y Calleja, quienes querían enfrentar a Morelos en campo abierto. Éste último intentó sacar a los rebeldes de Cuautla, pero al hacerse esto imposible, finalmente decide sitiar la ciudad, asedio que se prolongó desde el 5 de marzo al 2 de mayo de 1812. Los rebeldes intentaron romper el cerco, y aunque lo consiguieron fue a costa de grandes bajas. El mismo Morelos por poco y es atrapado, pues fue perseguido casi toda la madrugada.

Así se da inicio a la Tercera Campaña donde el héroe de la independencia marchó hacia la sierra central intentado revertir y compensar las últimas derrotas. Le fue bien y el 10 de agosto de 1812 consigue ingresar en Tehuacán donde permaneció casi dos meses y vio como muchos indios se unían a sus filas. Después le llegaron refuerzos y consiguió reunir 5 mil efectivos para marchar hacia Oaxaca. El combate fue intenso, pero los rebeldes consiguen derrotar a los realistas. En este lugar permanecieron hasta febrero de 1813. Morelos aprovechó este tiempo para retratarse e inclusive para mantener una amorío con Francisca Ortiz, fruto de esa relación tendría un hijo. Luego de este descanso José María y los suyos deciden poner rumbo a Acapulco para cumplir la promesa hecha a Hidalgo años atrás.

Luego de pasar por varias localidades llega a la ciudad puerto donde bombardeó los fortines realistas. Los españoles, incluidos algunos civiles, se refugiaron en el castillo de San Diego. Los insurgentes toman la isla Roqueta y el 17 de agosto de 1813,rodean la fortaleza, la cual cae tras agotadoras luchas que se extendieron por tres días.

El 13 de septiembre de ese mismo año se lleva a cabo la primera reunión en Chilpancingo del Congreso Nacional Constituyente, el cual Morelos había incentivado a crear. Ese mismo noviembre se firmó el Acta de la Declaración de América Septentrional. No mucho después da inicio a su cuarta campaña abandonando Chilpancingo para marchar a Valladolid, su tierra natal, donde instalaría un gobierno. Este lugar, por cierto, estaba en manos realistas. Probablemente fue un error muy grande, pues sus consejeros querían que la guerra se dirija contra la misma Ciudad de México o al menos Puebla.

El 24 de diciembre las fuerzas leales a la Corona lanzan un ataque sorpresa en los campamentos de los rebeldes y estos, en medio de la oscuridad y confusión, prácticamente destruyeron sus propias fuerzas. Morelos huye a Chupío y de allí a Puruarán. Dejó a las fuerzas al mando de Matamoros mientras él se iba a la hacienda de Santa Lucía. Desde allí el héroe cruzó la sierra de Valladolid llegando a Zirándiro. Habiendo reunido 800 efectivos se establece en Tlacotepec, donde se hallaba el Congreso, el cual se había convertido en una especie de “órgano andante” pues estaba constantemente huyendo de los realistas. Morelos, cansado y algo abatido por los últimos resultados de la guerra, debió enfrentar un ataque el 23 de febrero de 1814 de las fuerzas realistas, hecho conocido como la Batalla de Tlacotepec. Los rebeldes fueron duramente derrotados y Morelos apenas y consiguió huir. Los sobrevivientes empiezan a huir rumbo a Petlatán y luego a Zacatula, con los españoles pisándoles los talones.

Luego de escabullirse llega a Apatzingán donde el Congreso promulgó la Primera Constitución, Morelos acepta un puesto en el Poder Ejecutivo, pero renunciando a sus puestos militares. De todas maneras no había tiempo para celebraciones y los generales y militares rebeldes experimentados iban siendo capturados y muertos uno tras otro. Morelos permaneció esa Navidad y Año Nuevo con los suyos, la última de su vida. Los españoles mientras, se habían hecho muy fuertes gracias al fin de la guerra contra los galos en Europa. Esto hizo que muchas tropas ibéricas, y con gran experiencia, lleguen hasta México. Morelos pasó los primeros meses de 1815 en una gran expectativa. Uno de sus últimos aciertos fue enviar embajadores a Washington para que los estadounidenses reconozcan a México. Con ellos envío a su hijo para que se eduque en tierras yanquis. Para julio de ese año los españoles ya habían recuperado Oaxaca y Acapulco y bajo las órdenes de Calleja, se destruyó el Congreso y el Tribunal de Justicia. El órgano legislativo se trasladó entonces a Tehuacán en septiembre de 1815 donde les dieron el alcance Morelos y sus tropas restantes. Calleja y su inteligencia rodean todos los posibles puntos de escape desde esta posición y el 5 de noviembre los insurgentes son obligados a presentar batalla en Tezmalaca, Puebla. La superioridad realista esta vez se hizo sentir, y Morelos fue derrotado y apresado.

Muerte de José María Morelos

No había muchas probabilidades de que salga con vida. De hecho de un total de 200 capturados, unos 150 fueron fusilados en su presencia. El resto fue condenado a ser esclavo. A Ciudad de México llegó Morelos el 13 de noviembre de 1815, donde fue juzgado por la Santa Inquisición, la cual le quitó sus dotes eclesiásticas. Se le acusó de romper sus votos, de herejía y de sublevarse contra el rey y Dios. Morelos fue obligado además a firmar un papel solicitando perdón. Se ocultó lo de su pena de muerte, pues se pensó que más líderes rebeldes podrían pedir indulto antes de ello. Sin embargo, el 21 de diciembre, se le leyó su sentencia en prisión, y De La Concha, su propio captor, lo obligó a arrodillarse antes de empezar a narrarla. Al día siguiente fue llevado a Ecatepec, donde tras almorzar y confesarse, Morelos se despidió de los realistas que lo habían llevado a su destino. De espaldas, como era costumbre tratar a los traidores, y rezando, dos balazos acabaron con la vida del héroe, cuyos restos descansan en Ciudad de México donde siempre soñó entrar triunfante.

De todas maneras su gesta en vida inspiró a que otros la continuaran, lo que a la larga llevó a Nueva España a convertirse en el país que hoy todos conocemos.

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