Los hititas

Posted by joaquintoledo on Jan 12, 2011 in Grandes civilizaciones |
   

Los hititas fueron un pueblo de la antigüedad que se ubicó en el límite entre Europa y Asia, y ocupó gran parte de la península de Anatolia. Es un poco difícil determinar los territorios exactos de su imperio, pero en líneas generales podemos decir que se asentaron en los territorios no griegos de la citada península y que por el este tenía como vecinos a los hurritas, los cuales dominaban el norte mesopotámico, hasta ser desaparecidos por los hititas, hacia la época de la XIX dinastía egipcia (la fecha que abarca este periodo es de 1300 al 1180).

Cabeza hitita

La capital del imperio fue Hatusas, una ciudad llena de palacios y edificios. No sólo la arqueología ha determinado que esta urbe perteneció a los hititas, y que fue su principal centro metropolitano, sino también varios hallazgos en escritura cuneiforme y que han sido descifrados por expertos en el área. Se cree que la capital existía ya para el 2500 a.n.e., y con el tiempo no sería la única sino que se irían incorporando a la lista toda una serie de más y más ciudades tales como Alepo, Karkemish o Melitene.

Obviamente, la ubicación estratégica de los hititas, es decir gran parte de Anatolia, la cual servía como “puente de culturas” entre los Balcanes y Medio oriente, le permitió recibir un influjo cultural de gran cantidad de pueblos. Los arios indoeuropeos, en parte los griegos, por supuesto los acadios-babilonios y hasta asirios. Pero dada toda esta mezcolanza de naciones y etnias que habitaron aquellos lares, ¿cuándo los hititas ingresan a la escena histórica? Pues tal parece que con el debilitamiento del Primer Imperio Babilónico, hecho también aprovechado por Asiria, los sucesores de Hamurabi, no supieron mantener la hegemonía sobre la región y entonces, el pueblo de Anatolia vio su oportunidad para emerger. Gracias a los hititas, quienes aprovecharon el influjo de los indoeuropeos, captaron de estos el uso del caballo para la guerra, y de los antiguos sumerios (los cuales como sabemos fueron sometidos primero por Hamurabi, quien los unió a los caldeos llamándolos babilonios; más tarde los sumerios fueron sometidos por los asirios), la rueda. Uniendo ambos inventos en una solo, entonces nacieron los carruajes, y con el pasar del tiempo, la caballería; la cual se convirtiría en un arma inexorable para la guerra, y las unidades muy bien entrenadas de los hititas, conformadas por lo general con poderosos carros de combate, no encontraron durante varias décadas un enemigo que les pudiese hacer frente. Pero eso no es todo, pues además de ese generoso invento, ya usaban el hierro, mineral que les permitió construir nuevas armaduras, armas y corazas, haciéndolos casi invencibles. Astutamente, la fórmula del hierro cuyos hallazgos demuestran que en Anatolia ya era conocida hacia el 2000 a.n.e., fue escondida para los pueblos aledaños casi como un secreto de estado varios siglos, hasta que una crisis de cobre en el 1500 a.n.e., pidió a gritos un nuevo material, masificando el uso del metal escondido por los hititas durante tanto tiempo.

Armadura de los hititas

Estas dos claves: el caballo y el hierro; hicieron que el imperio crezca considerablemente en muy poco tiempo. Uno de los reyes más fuertes y exitosos fue Hattushili I, quien dirigió una expedición exitosa tomando el reino de Haleb, el cual se hallaba cerca a la actual ciudad de Alepo, Siria. Su sucesor fue Mursil I (reinó hacia el 1595 a.n.e. aprox.); llegó hasta Babilonia, una ciudad que había caído en decadencia, y si bien la sometieron un tiempo no pudieron mantener el dominio total sobre ella pues la presión de los casitas, pueblo de las montañas del este, generaron un terrible golpe que hizo flaquear las lejanas fronteras. Gracias a otro rey, de nombre Hantili, la capital Hatusas también se vio fortalecida con murallas y se construyeron más palacios. Estos son los aspectos más importantes que podemos enumerar en el período del Imperio Antiguo de los hititas, pues hacia el 1430 a.n.e. se da inicio a una era de decadencia en la cual esta nación se vio seriamente afectada por los asaltos y saqueos impulsados por los Pueblos del Mar. El orden no regresó sino hasta que ascendió al trono Subiluliuma (1380-1346 a.n.e.), quien extendió los dominios de su nación en toda Siria y se colocó ya en territorio medio oriental, amenazando Mesopotamia, Canaán y Egipto. Seria con su hijo, Mursil II, cuando la capital Hatusas y el Imperio Nuevo Hitita alcanzó un gran esplendor, cuyas fronteras eran respetadas en todos los sentidos.

Pero uno de los combates más decisivos de la historia acaeció cuando el Imperio Hitita estaba próximo a conquistar todas los territorios al este del Mediterráneo, básicamente donde hoy en día está Palestina; para luego decidir si marchar sobre Mesopotamia o el Egipto propiamente dicho. La guerra entre egipcios e hititas duró en total unos quince años, acaeciendo la célebre Batalla de Kadesh en el año 1288 a.n.e.; combate el cual olió a victoria pírrica para los de Anatolia, pues los ejércitos del faraón se defendieron muy bien. Pero el tiempo transcurrió y debido a los largos años de guerra, ambas naciones deciden poner fin a las hostilidades de un modo civilizado. El conflicto entonces culminó en un hecho histórico para la humanidad: el primer tratado de paz y asistencia mutua conocido en la historia conocido generalmente como el Tratado de Kadesh firmado entre el rey hitita Hatusil III y el faraón Ramsés II. En el mismo no sólo se estipuló el cese de hostilidades sino la ayuda comprometida de los hititas ante cualquier enemigo del faraón. Aquel que no obrara en base a lo acordado, sea el soberano egipcio o hitita, sería aniquilado por los dioses de las dos culturas y no quedaría de él, ni casa, ni templos, ni país, ni siervos. Este tratado data de 1272 ó 1271 a.n.e., todo un hito.

Luego de esto, para nadie era un secreto que el fin de los hititas estaba cerca. Sus fronteras, de flaquear aunque sea un poco, podían ser invadidas por múltiples naciones. Además, la masificación del hierro dejó de representar un arma de avanzada por sobre otros pueblos. Se cree que entre el 1200 al 1190 a.n.e., las fronteras del Imperio Hitita empezaron a ser seriamente presionadas hasta que finalmente la capital Hatusas fue arrasada por los fenicios y los “pueblos del mar”. Así entonces Asia Menor dejó de estar controlada por los hititas. Sin embargo, algunos pueblos contemporáneos como los asirios, siguieron llamando a la península y los antiguos territorios de la nación destruida bajo el apelativo de Hatti (pues no se sabe hasta ahora como se llamaban los hititas a sí mismos), lo cual evitó que se pierda la noción de existencia de los hititas. Pasarían muchos siglos hasta que en Anatolia se establezca un poder lo bastante unificado y así surgieron muchos estados como el reino de frigio, ciudades estado o principados desde Turquía hasta la actual Siria.

Cultura hitita

El imperio hitita era dirigido por una monarquía, en el que el rey no tenía necesariamente un poder absoluto. Esto es porque la aristocracia dirigía una asamblea que los elegía y que podía juzgar a distintos funcionarios del gobierno. Económicamente el país estaba organizado casi de modo feudal donde el rey tenía muchos vasallos “atados” a él por un contrato. Igual otros miembros de la monarquía. Además, los hititas, por la ubicación estratégica de su imperio, tenían algo así como una ventaja comercial que en aquellas épocas ni los griegos poseían. Esto hizo que sus actividades comerciales estén basadas en préstamos, garantías y fianzas, lo cual les dio un gran poder en la región y sobre otras naciones. Ya hemos mencionado que durante largo tiempo de su historia el hierro fue su secreto y lo exportaron en áreas aledañas, en especial Medio oriente. Para mantener controlada a gran parte de la población, la casta dirigente del país creó, además, un sistema de leyes conocido como Derecho Hitita, el cual no es tan conocido como el babilónico, y que de hecho, en esencia, toma las bases de éste. En cuanto a los castigos, sin embargo, el de los hititas no era tan severo como la Ley del Talión sugerida por Hamurabi. No pedía “ojo por ojo”, sino más bien una multa cuya cantidad dependía mucho de la gravedad del crimen. La pena de muerte sólo estaba apuntada a las personas que se rebelaban contra el rey, contra un religioso o sacerdote, aunque también se incluyo a aquellos que cometan incesto o zoofilia.

A veces las condenas podían resultar un tanto ridículas para la época, pues una de las penas casi imperdonables era maldecir al prójimo; aunque estaba variaban si es que uno era esclavo, noble u hombre libre. Lo positivo quizá fue que no olvidaron a las féminas, y en el código se pueden ver varias leyes que defendían los derechos de la mujer, tanto en el aborto, la familia, como madre, y como mujer soltera.

Este fue un breve repaso por el mundo de los hititas, otro de los pueblos de la antigüedad, que gracias a las fuentes escritas y las investigaciones arqueológicas, no fueron olvidados, y cuyos aportes, además contribuyeron a civilizar el mundo de las primeras culturas desarrolladas.

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