Babilonia

Posted by joaquintoledo on Jan 3, 2011 in Grandes civilizaciones |
   

Recreación de la ciudad de Babilonia

La llegada de Hamurabi y el Primer Imperio

Entre el 1790 y 1750 a.n.e., los amorritas invaden la Baja Mesopotamia. Su líder Hamurabi, fue célebre por traer a la región una estabilidad, en la que se unieron la parte norte y sur de caldea, donde se hallaban acadios y sumerios respectivamente. Inclusive la zona de la Alta Mesopotamia quedó bajo la órbita de los babilonios, como había decidido llamar Hamurabi al nuevo pueblo unificado. Para terminar de concluir su obra, además, construyó la ciudad de Babilonia, ubicada al sur de la actual Bagdad. Esta metrópolis se convirtió pronto en el centro urbano donde los avances científicos y el arte de varias naciones y etnias se mezclaban constantemente produciendo cultura de vanguardia. Así entonces la astronomía, matemáticas y hasta el Derecho (con el célebre Código de Hamurabi), encontraron el terreno necesario para dar pasos agigantados. Esta ciudad fue esplendorosa, es cierto, pero no lo suficiente a como lo fue en tiempos posteriores. En efecto, la gloria del Primer Imperio Babilónico no duró demasiado y así lo sucesores de Hamurabi no supieron mantener el dominio férreo de sus territorios.

Código de Hammurabi

La primera cultura importante en saquear la ciudad de Babilonia fueron los hititas, pero estos debieron retirarse de los dominios babilónicos ante el empuje de los casitas desde el este. Pero al igual que los hititas y casitas, el debilitamiento de los babilonios en Mesopotamia no pasó desapercibida por otras etnias, tal es el caso de los asirios, los cuales, consiguieron grandes avances militares, por lo general tomado de los hititas, y así se rebelaron contra los casitas expulsándolos de la Baja Mesopotamia. Acto seguido los asirios consiguieron constituir un gran imperio que abarcó toda la región mesopotámica, tanto la zona septentrional como la meridional. El primer Imperio Asirio consiguió gran esplendor hasta que los amorreos consiguieron debilitarlos. Aunque no lo suficiente, pues no mucho después surge un Segundo Imperio Nuevo Asirio, el cual, debido al despotismo de muchos de sus gobernantes, terminó por ganarse el odio de todos los pueblos de la región. Entonces aprovechando que Asiria estaba en crisis, una alianza de babilonios, medos y algunos pueblos persas, consiguieron derrotar a los asirios, cuya ciudad de Nínive fue reducida a escombros hacia el año 612 a.n.e. El resto de las ciudades pertenecientes a esta cultura también fueron borradas.

El segundo Imperio Babilónico o Imperio Neo-babilónico

En Babilonia, tras la caída de Asiria, asumen el rey Nabopolasar el cual trató de volver a las viejas glorias impulsadas por Hamurabi. Luchó contra los egipcios y los derrotó en Karkemish obteniendo Siria. A este soberano lo sucedió su hijo Nabucodonosor quién reinó por espacio de cuarenta años, probablemente uno de los más célebres que haya tenido Babilonia.

Quería que las conquistas y el auge de su país, se vea plasmado en cada una de las obras de la urbe capital y así construyó hermosos edificios, con grandes relieves y pinturas destacadas; una de las más populares fue la Puerta de Istar, reconstruida en el Museo de Berlín. En honor a uno de sus dioses, erigió el templo de Bel-Marduk, donde cerca de allí se erigía una alta torre que estaba dividida en varias terrazas con teja multicolores, en total siete, dedicadas cada una a un astro, incluido el Sol y la Luna; pues los babilonios recogieron la experiencia de otras naciones, aledañas o antecesoras, y no permitieron que se perdieran los conocimientos de vanguardia astronómica.

La arqueología ha desenterrado las ruinas de esta belleza y han permitido a la humanidad contemporánea disfrutar de estas excelencias arquitectónicas de la antigüedad. Pero a Nabucodonosor también se debe una construcción muy famosa, que aparece en los relatos bíblicos, nos estamos refiriendo a la famosa Torre de Babel, si bien las bases eran anteriores a su existencia, tal parece que fue él quien se encargó de pretender que dicho edificio llegue hasta “los cielos”. Pero este rey no dejó de derrochar lujo, y en efecto consiguió hacer de Babilonia la primera ciudad del mundo cuando gracias a los pedidos de una de sus esposas, construyó un lujoso palacio el cual rodeó con jardines en forma de terrazas, que han pasado a la posteridad a conocerse como los “Jardines colgantes de Babilonia”, una de las siete maravillas del Mundo antiguo. Probablemente, esta urbe causaba impresión y miedo a cualquiera. Su gloria parecía imperecedera.
Finalmente debemos agregar que así como buen arquitecto y visionario, Nabucodonosor fue también un estratega militar destacado. No era para menos, pues sus ejércitos extendieron el Imperio Babilónico hasta las fronteras con Egipto y tomaron las ciudades fenicias, así como Jerusalén en el 586 a.n.e. aprox. (tras un asedio de dieciséis meses), donde el templo fue devastado por los babilonios y la población judía deportada a la ciudad principal.

Babilonia era una potencia mundial y su hegemonía parecía iba a durar milenios; no obstante numerosas profecías, sobre todo de la nación hebrea, decían que aquella ciudad que parecía omnipotente, al igual que todo el imperio, caería en un día no muy lejano. Si bien no sufriría un destino similar a Nínive, estaba claro que los babilonios como una nación independiente, desaparecería. Nabucodonosor murió en el año 562 a.n.e., y los reyes que lo sucedieron no supieron manejar la administración del imperio de modo eficiente, por lo cual las profecías parecían ir cumpliéndose. No muy lejos de allí, los medos, que habitaban cerca del norte de Irán tenían como súbditos al sudoeste de sus territorios a una nación que se identificaba como los “persas”. Tenían un rey, el cual alegando descender de otro similar iraní llamado Aquemenes, creó la dinastía aquémenida.
Todo iba bien para los medos y babilonios, hasta que el rey Ciro II, incita a su pueblo persa a romper las cadenas con respecto a los medos. Lo hizo y acto seguido se apoderó del Reino de Lidia. Así entonces, el siguiente en su lista era el Imperio Babilónico. Los babilonios, por cierto, estaban gobernados por Nabonido, cuyo hijo Belsasar ya había sido nombrado regente y príncipe. A pesar de gobiernos muy buenos como el de Nabucodonosor; los babilonios parecieron mostrarse muy escépticos con respecto a los primeros éxitos de Ciro, y en ocasiones hasta soberbios, pues creyeron si bien que el rey enemigo era un buen estratega, jamás conseguiría tomar la célebre ciudad. Ciro sabía lo fuerte que eran las murallas, y un sitio para tan descomunal urbe le tardaría tal vez años y un ejército gigantesco.

De todas maneras los babilonios habían empezado la guerra muy mal y fueron derrotados por lo cual Nabonido huyó a Borsippa. En la capital permaneció su hijo Belsasar, el cual estaba llevando a cabo una gran fiesta, de miles de nobles y con un banquete esplendoroso. Esto podría resultar muy normal, a no ser porque fuera de las murallas de Babilonia estaba gran parte del ejército persa.

Ciro sabía que la urbe era casi inexpugnable y entonces decide aplicar la astucia. Babilonia no podría vivir sin las aguas de los ríos, pero antes que desabastecerla, prefirió desviar el Éufrates, y así, la infantería persa pudo avanzar atravesando esta barrera natural. Por otra parte el rey persa aprovechó que los babilonios disfrutaban de una de sus tantas fiestas, por lo cual, los guardias, a lo mejor ebrios o confiados, dejaron las puertas abiertas ya que los puentes que dirigían a las entradas de la ciudad estaban levantados o bloqueados. Así entonces, los persas, poco a poco y sigilosamente se fueron introduciendo, tomando a los babilonios sencillamente por sorpresa. La urbe no opuso resistencia y como habíamos aclarado antes, no sufrió un espantoso saqueo ni fue presa de las llamas. Los persas sólo obtuvieron lo que desearon y Ciro cumplió su sueño de incorporar la ciudad más poderosa del mundo; además,  resultaron ser ciertas las profecías bíblicas como las del hebreo Isaías, que databan de doscientos años antes de la caída de Babilonia.

Como acto final el rey persa permitió a algunas naciones, como los judíos, volver a sus tierras. Ciro murió en el año 529 a.n.e. en Afganistán. Tras esto la cultura neo babilónica dejo de ser autónoma y paso a formar parte del Imperio Persa. Mas tarde caería también bajo el dominio helenístico.

Un poco de la cultura babilónica

Los babilonios fueron una nación politeísta como todas sus antecesoras y pueblos aledaños. Admiraban tanto a los astros y las fuerzas naturales, y consideraban a sus dioses como seres absolutos, rígidos y a los que se debía obediencia total. Los reyes por lo general eran humanos que los representaban en la tierra. Marduk era el principal de ellos, asociado al planeta Júpiter y personifica al caos.

También tenemos a Shamash, el sol, representante de la justicia, era el juez supremo; y a Ishtar, de Venus, la cual significaba el amor y la fecundidad. Entre otros tenemos a Ea, dios de las aguas y Sin, la luna. Su cercana relación con los astros, se debía a que los babilonios conocían a la perfección el cielo y se les puede considerar los fundadores de la astronomía. Así entonces sus conocimientos le permitieron prever eclipses de sol y luna; calcularon el año en 365 días, seis horas, 15 minutos y 41 segundos; dividieron el año en doce meses lunares, crearon calendarios con días buenos y malos para determinadas actividades; inventaron el cuadrante solar o reloj solar en un plano y eran grandes maestros de la astrología lo cual dio origen a los horóscopos, tradición que fue tomada por culturas posteriores y mantenida hasta el día de hoy. Las leyendas babilónicas también son muy importantes y entretenidas, pues algunas de ellas tienen gran coincidencia con los relatos bíblicos, tales como el de la creación, el diluvio universal y otros más. Obviamente, los babilonios también tienen su propia mitología mezclada con estos relatos bíblicos, por ejemplo la Epopeya de Gilgamesh se mezcla con el diluvio universal y ha pasado a formar parte de la literatura como patrimonio de la humanidad.

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