Armas de la Prehistoria y la Antigüedad

Posted by joaquintoledo on Dec 9, 2010 in Grecia antigua, Interés general |
   

Cómo se defendían los primeros humanos

Se cree que los primeros homínidos se dedicaron a defenderse con huesos, palos, estacas, ramas, piedras y todos los instrumentos con los cuales pudieron llegar a espantar a las diferentes fieras o grupos que intentaban amenazar sus territorios o alimentos.

Hay que ser honestos. El homo sapiens-sapiens, el único sobreviviente de las especies de estos homínidos en nuestros tiempos y que en efecto, es bastante frágil y vulnerable. A comparación de otras grandes bestias, los humanos no poseemos grandes armas en nuestro cuerpo, como las garras afiladas de un halcón, dientes temerarios como los de un tiburón, o una velocidad endiablada como la del guepardo.

Pero por fortuna, la naturaleza le brindó algo más que el mero instinto de sobrevivencia y defensa; le otorgó la razón. Gracias a ello, el ser humano, producto de miles de años de evolución pudo ir creando muchas armas, es decir objetos que le permitirían sobrevivir ante la amenaza de otros animales, cazarlos y también matarlos.

Claro está el mayor enemigo de un humano, y tal vez de la propia naturaleza, es el mismo humano. Por tanto, desde tiempos inmemorables, cuando se fueron formando las primeras bandas de cazadores recolectores, los grupos humanos lucharon entre sí, ora por recursos, ora por territorios.

Los primeros en crear herramientas fueron los Homo Habilis, de ahí su nombre; y si bien sus creaciones no pueden ser consideradas armas en todo el sentido de la palabra, sí fueron la base para futuras ideas. Luego aparecieron los Homo erectus, llamados así por caminar manteniéndose erguidos  y ser creadores de utensilios un poco más complejos-aunque no totalmente desarrollados-tales como las hachas, picos, y hendidores, hechos de piedra aunque también se admite la madera.

Por lo general,  estas armas permitieron una caza mucho más efectiva, generando una mejora en la alimentación, así como en la reproducción y la esperanza de vida. También conocieron el fuego que sirvió para ahuyentar bestias y cocer alimentos. Pero el verdadero desarrollo no llegaría sino hasta el Paleolítico medio, con la aparición del Homo sapiens neanderthalensis (hace más de 200 mil años aprox.), el cual creó la Técnica Lascas, en la  que las piedras adquieren formas puntiagudas siendo consideradas estas las primeras armas en todo el sentido de la palabra.

Técnicas Lascas

Estos filosos instrumentos eran utilizados en las puntas de las lanzas, que a la larga servían para la caza en grupo y la defensa personal. También se construyeron pequeñas hachas con mangos de madera. Con el correr de los milenios y siglos, la humanidad iría creando otros tipos de armas como el arco y la flecha, la jabalina, el atlatl, y otras más, cuyo uso se iría expandiendo y haciendo masivo.

La antigüedad

Conforme fueron apareciendo las primeras civilizaciones en oriente medio y lejano, las armas fueron adquiriendo un gran desarrollo. Por ejemplo, con el descubrimiento del cobre, los ejércitos, institución encargada de la defensa y expansión de la soberanía de un estado, irían generando armas de vanguardia que les hiciesen ganar las batallas. El cobre fue uno de los minerales con los que se contó para la protección de los soldados. Fue el primer metal usado por los seres humanos y se cree que al menos en el 5 mil a.n.e., casi a finales del Neolítico, era indispensable.

Obviamente, la llegada a los diversos puntos del mundo, hacen variar las fechas. Esto hizo que las armas de cobre reemplazasen casi en su totalidad a las de piedra. La expansión de los sumerios y asirios es un gran ejemplo de la efectividad de este mineral. Sin embargo, hacia el 3 mil a.n.e., alguien en Asia descubrió que mezclando cobre y estaño, se obtenía un material más resistente y eficiente: el bronce. Era mucho más duro y fácil de obtener y por tanto las rutas comerciales pronto hicieron llegar la noticia a todos los pueblos aledaños en Europa, África y Asia, aunque a decir verdad, la verdadera civilización aun se siguió manteniendo en Oriente medio, siendo Egipto y Grecia las únicas excepciones fuera de esas regiones que mantendrían con el pasar de los siglos un permanente contacto que recogió lo mejor de los adelantos técnicos y científicos de aquellas regiones.

También es necesario mencionar algunos inventos, tales como el de la rueda, atribuida justamente a los sumerios, la cual sirvió más tarde para crear nuevas armas como los carruajes, hecho atribuido a los hititas, los cuales iban tirados eran ligeros e iban tirados por caballos; podían ser usados en combate así como indispensables medios de transporte para abastecer a las tropas en campaña. Los carruajes, además de movilidad también servían para llevar arqueros.

Ahora debemos volver a los metales. El bronce entonces parecía ser por fin el material predilecto por los Ejércitos de las potencias de la antigüedad, y aquel que tuviese una industria grande en esto, era casi seguro que podría ganar cualquier batalla. No obstante, sumeria cayó gracias al empuje de muchos pueblos bárbaros. Uno de ellos, los amorritas, liderados por el célebre Hamurabi, invadió la Baja Mesopotamia y sometió también la zona alta. Así entonces quedaron subyugados, sumerios, acadios y asirios por igual.

Más tarde, gracias también a los hititas, se insertó el hierro. Si bien fue usado por esta cultura desde el 1500 a.n.e., es a partir del siglo XII a.n.e., cuando su uso se hace masivo pues tal parece que una crisis de estaño y de cobre, inclinó a los herreros de la época por este mineral arrebatándole el secreto de los hititas. Entonces, en no mucho tiempo, el hierro terminaría desplazando a los dos anteriores convirtiéndose en el predilecto, tanto por su efectividad, como resistencia, calidad y durabilidad. Se cree que la mayoría de los focos civilizados del mundo, para el siglo V a.n.e. ya usaban eminentemente el hierro. Así entonces armaduras, escudos y espadas, de distintas formas y tipos, fue lo que trajo consigo la edad de este nuevo mineral que se insertó a los pueblos más civilizados.

Ahora bien; cuando los asirios vieron la debilidad de Babilonia ante la invasión de los casitas, salen del letargo y los expulsan, instaurando el Primer Imperio Medio Asirio. Sus propios contactos con otras etnias y su inventiva, llevó a Medio Oriente y Mesopotamia nuevas armas como el citado carro de combate. Esto hizo que el caballo se convierta de ahí en más en un elemento inseparable del Ejército y un arma con la que se contó en el campo de batalla hasta tiempos muy recientes, pues era un medio de transporte eficiente y claro está, una bestia de carga y que podía servir en la guerra.

Así entonces había nacido la caballería, la cual fue insertada en Egipto y Asia Menor. India y Grecia también recibieron este influjo de las nuevas tendencias de la guerra, pero a decir verdad, el caballo nunca fue un elemento indispensable. Es más, en el caso particular de los indios, estos reemplazarían a los equinos por el elefante de guerra, conformando así poderosas y temerarias unidades que eran capaces de arrasar las filas de la infantería. Cuando los persas hicieron su ingreso a la historia, sus contactos con la India, hicieron que se insertara este mamífero a sus ejércitos, perfeccionando su función en combate y utilizándolo como una unidad de élite.

Elefantes de guerra

En efecto, los elefantes de guerra iban armados con arqueros y lanceros que iban rematando enemigos desde una zona alta y difícil para la infantería ordinaria. Quizá el aspecto malo fue la demora del elefante en adaptarse a distintos climas y terrenos. Pese a ello, este animal era conocido por los griegos, y es cierto, no eran rivales para las largas lanzas de las falanges, empero, les generó mucho estupor por su gran tamaño y sus armaduras extravagantes.

Mucho más miedo causaron en los romanos, los cuales nunca habían visto a estos mamíferos cuando Pirro, el primer griego en enfrentarlos, llevó consigo algunos ejemplares a Italia, sembrando sencillamente la desorganización de las legiones.

Más tarde, Aníbal Barca llevó también varios elefantes a la Segunda Guerra Púnica, los cuales lamentablemente murieron en su mayoría durante el paso de los Alpes, por lo cual quizá significó la pérdida de un gran elemento en los ejércitos cartagineses.

Egipto, Grecia y Roma

El Egipto antiguo, tierra de faraones, fue un país que pasó por diversas dinastías e invasiones a lo largo de su historia. Si bien es cierto que su imperio no llegó a abarcar extensas regiones ni tampoco ejércitos inconmensurables, los egipcios destacaron por una caballería que arrastraba carruajes (recordemos que este último lo insertaron los hititas), lo cual le permitió a grandes grupos de sus ejércitos movilizarse raudamente por el desierto. Sus armas se distinguieron por ser espadas comunes, hachas, lanzas y hondas. Por lo general no usaban armaduras o al menos no tan pesadas.

Por otro lado, tenemos a Grecia. Este conjunto de ciudades estado, merece tal vez un párrafo aparte, pues cada una de ellas llegaría a desarrollar un estilo de armadura, arma de mano y escudo particular, variando en sus formas. De todas maneras los protectores del cuerpo de un soldado griego cubrían por lo general la mayor parte del tórax, piernas y antebrazos. El tiempo y por tanto el metal o el material en boga, también hicieron varias las formas y tipos; además claro era mucho mejor que una armadura no sea tan pesada.

El casco tenía por lo general una especie de cresta muy particular; en cuanto al escudo, era comúnmente de forma redondeada; las espadas cortas y de forma recta. Pero existía un arma especial. Sabemos bien que la falange era el cuerpo básico de los ejércitos griegos, (variando también en su número y estrategias dependiendo de la ciudad-estado, si bien la esencia es la misma) cuyos integrantes iban armados con una poderosa lanza que en tiempos de Alejandro llegó a una longitud considerable, pero que sirvieron para salvar a Grecia de otros ejércitos mucho más numerosos y poderosos durante varios siglos. Por ejemplo, era muy fácil contrarrestar a la caballería o a los elefantes de guerra con una formación compuesta por soldados que portaban enormes lanzas (llamada dory). Es necesario también aclarar que la caballería nunca fue algo vital en las fuerzas armadas griegas, pues los hoplitas (así llamaban los helenos a su infantería), era donde reposaba la mayor parte de la responsabilidad en el campo de batalla. Finalmente, como dato curioso, es necesario saber que la armadura y hasta inclusive las armas (es decir la calidad de las mismas) que un hoplita llevaba al combate dependían de sus riquezas, es decir que por lo general, en tiempos de paz, los ejércitos griegos estaban compuestos por ricos. En tiempos de guerra, cuando la necesidad así lo exigía, se podían hacer algunas excepciones.

Hoplita

Finalmente, llegamos a Roma. Aquí la formación por excelencia fue la legión, la cual derrotó a muchos enemigos a lo largo de su historia. Por ejemplo la caballería númida que Aníbal llevó en sus ejércitos, a los temerarios guerreros celtas y galos, a las falanges griegas del dividido imperio alejandrino y mantuvo a raya a numerosos pueblos bárbaros. Ahora bien, la legión tenía una armadura que iría evolucionando con el tiempo y que era mucho más voluminosa que las griegas.

Respecto a sus armas de defensa podemos resumirlo así: llevaban altos cascos que protegían la sien, las mandíbulas y dejaban descubiertas el rostro y las orejas; además un escudo también de tamaño prominente el cual podía cubrir casi desde la rodilla hasta la cara de un soldado de tamaño promedio; de hecho, esta indispensable herramienta era fundamental para la legión, pues su coraza le permitía una protección casi total a la infantería, ya sea desde fuego y agua caliente, hasta grandes cantidades de flechas, piedras y espadas. Los ataques tortuga por ejemplo, en la cual grupos formaban un todo conjunto que cubría a la infantería como una especie de coraza basada en los escudos, lo cual les permitía acercarse a las murallas o fortines sin ser dañados.

El resto de las armas eran una jabalina, y una espada corta con mango de madera la cual estaba hecha en base madero o hueso, con una hoja de doble filo. Como veremos respecto a esto último, era un tamaño característico del arma esencial de Roma, lo cual la distinguía por la de otras culturas y épocas.

Los barcos

Las embarcaciones fueron importantes para los “pueblos del mar” que rodeaban el Mediterráneo. Desde el primer enfrentamiento naval de la historia con la batalla en el delta del Nilo entre egipcios y libios (siglo XII a.n.e.), las naciones de la antigüedad se percataron que el mar era un importante frente que podía definir las campañas.

Además, representaba un modo algo más barato y rápido para poder transportar a las tropas a distintos lares, siempre y cuando existiese la geografía necesaria para movilizar una flota gigantesca. Así entonces, los primeros en desarrollar la navegación, tanto para fines comerciales como bélicos, fueron los fenicios, aunque las ciudades de Medio oriente, principalmente se dedicaron en apostar por embarcaciones para transacciones económicas.

Sin embargo, Cartago y sus barcos de guerra, así como sus estrategias de guerra fueron derrotados por los romanos, los cuales se convirtieron por siglos en la potencia máxima del Mediterráneo. Antes de la llegada de los itálicos a la escena principal de la historia, ya los persas, que habían tomado las tácticas de los fenicios tras conquistarlos; y los griegos con los marinos atenienses como sus mejores representantes habían desarrollado grandes flotas que guerrearon durante décadas.

Al llegar Alejandro, si bien los macedonios no tuvieron una gran tradición marina, sus aliados griegos derrotaron a los persas en el mar. Finalmente, como ya sabemos, fueron los romanos los cuales, tras derrotar a los cartagineses, terminaron dominando el Mar Nostro hasta finales de la Edad Antigua. Así entonces este fue un repaso de las principales culturas de la humanidad a través de los siglos de la antigüedad.

En otros lares como el Lejano Oriente, África y Asia, cada cultura iría desarrollando sus propias armas, pero que al estar en zonas un tanto lejanas del foco de civilización en Medio oriente y después en Grecia e Italia, no cambiarían con gran trascendencia ni de modo tan acelerado en varios siglos

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