Benito Juárez

Posted by admin on Dec 3, 2010 in Biografías de inmortales |
   

Primeros años y juventud

Benito Juárez García nació el  21 de marzo de 1806 en San Pablo Guelatao, Oaxaca, México. Hijo de indios agricultores, su lengua materna fue el zapoteca. Cuando tenía tres años de edad perdió a sus padres y  junto con algunos de sus hermanos  marcharon a casa de sus abuelos.

Sin embargo, unos años después,  ellos también morirían. Así entonces, en el caso particular de Benito, iría con su tío Bernardino. Con él trató de aprender todo lo relacionado en el campo, pero, lamentablemente, el niño no termina  por adaptarse a la vida estricta que su pariente quiso aplicarle  y a los once años huye a Oaxaca para encontrarse con su hermana Josefa donde ella trabajaba para la familia Mazza.

Tanto lo llega a  querer  la familia Mazza  que gracias a ellos, Benito contacta con Don Antonio de Salanueva, un franciscano, quien decide darle al niño un trabajo encuadernando libros. La buena disposición de Benito  hace que  Don Antonio  se convierta  en su mecenas  pagándole los estudios en la escuela Don José Domingo González.   Sus notas fueron buenas y más tarde, en octubre de 1821, Salanueva lo inscribe en el Seminario de Oaxaca. El joven indio permaneció allí hasta 1828 culminando con buenas calificaciones y sorprendiendo a sus maestros. Pero esto significó que el joven forjara un carácter decidido.  Cuando su tutor le sugirió estudiar Teología, Juarez  se negaría firmemente  prefiriendo seguir la carrera de Derecho en el Instituto de Ciencias y Artes, una organización recién fundada, pues México quería orientar el ámbito académico hacia otros rumbos que no fueran necesariamente la Teología o la Filosofía.

A pesar de que Salanueva se negó en un inicio, terminó apoyándolo. Benito no lo decepcionó y sus notas fueron excelentes. Con el tiempo ejerció como ayudante de cátedra, aprendió otras lenguas europeas además del latín y en 1834 obtiene su licenciatura. Dentro de la institución, Juárez fue nombrado con el pasar de los años a rector, lo que demostró  que su esfuerzo y reconocimiento, le fueron recompensados.

El tiempo que pasó dentro de su alma mater, así como sus estudios humanísticos, hicieron que Juárez se convierta pronto en un verdadero liberal. Creía que a pesar de que México era libre, era necesario llevar a cabo grandes reformas.

Su ingreso en la política

Fueron estas ideas las que lo hicieron introducirse en política. El primer cargo que ocupó fue el de regidor de Oaxaca,  el 11 de diciembre de 1831. Si recordamos bien las fechas, antes de graduarse era ya político. En los años sucesivos Juárez recibió muchos cargos públicos e hizo lo imposible para mediar sus tiempos entre la política y las cátedras. Por aquellos tiempos también se dio el tiempo para mantener una relación con su joven novia, Margarita, de la misma familia Mazza. También se sabe que tuvo dos hijos ilegítimos.

Pese a ello, el 31 de julio de 1843, Benito Juárez y Margarita terminan casándose. Fue un muy buen matrimonio que daría en total doce retoños. Ahora bien, volviendo a su carrera política, al año siguiente fue nombrado secretario de gobierno por su estado, pero como el régimen de Antonio León era conservador, terminaría abandonando el puesto. En 1847 volvió a la política al ser elegido diputado general en las elecciones  y se muda  a Ciudad de México un tiempo para luego volver a Oaxaca. El país, mientras tanto tenía muchos problemas y había pasado por varias situaciones críticas en lo referente a política externa: primero fue la independencia de Texas, luego la Guerra de los Pasteles contra los franceses, hasta que finalmente se llegó a la Guerra contra Estados Unidos, en la que  los mexicanos perdieron casi la mitad de su territorio.

Santa Ana fue desacreditado por este último hecho y finalmente huyó del país. Hasta el momento Benito, como gobernador de Oaxaca, su último cargo público hasta ese momento, desempeñó sus funciones con una clara tendencia liberal  como el proponer y exigir una educación laica en las escuelas, lo que pronto le ganó la tirria de la Iglesia Católica local. Santa Ana volvió al poder en 1853  y desterró a Juárez. ¿La razón?; pues durante la guerra contra Estados Unidos, Benito Juárez no permitió que el dictador mexicano se refugiase en Oaxaca, mientras era perseguido por los yanquis.

Benito aceptó el destierro con tranquilidad, pero no marchó a Europa como el presidente ordenó, sino a Estados Unidos. Al llegar a Nueva Orleans   se hace amigo de muchos disidentes políticos, que tenían planes para llevar a cabo un golpe de estado. En aquellos lares, Juárez se dedicó a trabajar como obrero. Después de pasar dieciocho meses desterrado, finalmente en 1855, Santa Ana deja el gobierno y Juan Álvarez ocupa su lugar. Tras su retorno, Benito ocupa el puesto de ministro de Justicia, desde el cual emitiría la Ley Juárez, la cual intentó reducir las prerrogativas de los militares y eclesiásticos con respecto a sus tribunales y la capacidad que tenían para juzgar. Pero Álvarez fue derrocado por Comonfort, en cuyo gobierno Benito Juárez participó en la promulgación de la Constitución de 1857. Sin embargo,  Félix Zuloaga quita del poder al presidente Comonfort, declarándose además un enemigo de los liberales.

En Guanajuato, estos últimos convocan a una reunión donde se declara a Juárez como el líder y el presidente del país de ganar el conflicto. A partir de allí se da inicio a la Guerra de Reforma, entre los liberales y los conservadores. De más está decir que Zuloaga tenía el fuerte apoyo de gran parte del Ejército y sobretodo del clero. Más tarde fue reemplazado por Miramón como líder de los conservadores. En los meses siguientes, Benito Juárez se ve obligado a huir y se escapa  de ser capturado en varias ocasiones.

Llega  a Veracruz, ciudad que no pudo ser tomada por los conservadores. Desde allí, Juárez, el 12 de julio de 1859, declara la nacionalización sin compensación del capital y de los bienes de la Iglesia. Además,  se marcó la separación del Estado con todas las religiones a futuro. A esto siguieron varias reformas importantes en detrimento de la posición de la Iglesia Católica, tales como el matrimonio civil que permitía el divorcio, el registro civil de nacimientos, el retiro de la legalización mexicana en el Vaticano, se generalizó la tolerancia religiosa, los cementerios se convirtieron todos en propiedad del Estado y claro está, se continuaron todas las reformas liberales anteriormente hechas, como la laicización de la educación en México.

En los momentos más apremiantes, Benito Juárez buscó apoyo diplomático en Estados Unidos a través del reconocimiento del gobierno liberal; Washington aceptó a costa de la cesión territorial. Juárez se negó rotundamente a ello y sólo consintió el libre tránsito por Tehuantepec, y ciertos derechos del paso de Texas hasta el golfo de la Baja California a cambio de unos cuatro millones de dólares. La ayuda militar de Estados Unidos se limitó tan sólo a la captura de unos cuantos barcos de los conservadores. Entonces la guerra dio un giro. Gracias a las armas que el poderoso vecino del norte hizo llegar, los liberales fueron ganando batalla tras batalla y en diciembre de 1860 ingresan en Ciudad de México. Así Benito se consolidó como el nuevo presidente de su país.

La primera presidencia

Una vez con los liberales en el poder, en enero de 1861 se llevan a cabo elecciones donde Juárez fue elegido. Su primera medida importante fue fatal pues dada la pobreza generalizada y el paupérrimo tesoro público, su gabinete decide crear una ley la cual suspendía los pagos de la deuda doméstica y extranjera durante un período de unos dos años. Europa entonces encontró el pretexto para intervenir. España, Inglaterra y Francia lanzan una coalición contra México. Al final los mexicanos harían malabares diplomáticos y consiguieron llegar a acuerdos amistosos con Madrid y Londres; empero los galos siguieron empeñados en mantener la guerra. Así entonces los liberales comienzan un conflicto armado contra Francia. Dolió mucho al gobierno ver que el país caía en tal situación, pero mucho más al enterarse de que algunos líderes conservadores como Zuloaga (por sólo citar uno), apoyaban a los invasores europeos.

Los franceses ganaron las batallas y a mediados de 1863, estaban ocupando Ciudad de México. Benito se vio obligado a trasladar el gobierno hasta San Luis donde permaneció durante siete meses, para cuando marchó a Saltillo, pues los franceses tomaron Guadalajara poniéndolos en una posición muy cercana.

Luego,  la nueva localización del gobierno se trasladó a Monterrey. En medio del contexto de una guerra muy difícil para México, el noble Maximiliano y su esposa Carlota llegan para gobernar sobre su nuevo imperio, buscando hacer legal el régimen sobre México. Los liberales, mientras tanto, seguían mudándose de un lugar a otro. Ante la presión de los franceses en los frentes de guerra, Benito Juárez opta por enviar a su familia a Estados Unidos. Así, pasaron varios meses más sin que los galos consigan un reconocimiento oficial del imperio.

Por otro lado,  nadie en México firmó una rendición o algo parecido. Entonces, Napoleón III, el gran auspiciador de Maximiliano, decide ir retirando tropas galas de México, lo que a la larga, condujo a mejorar la situación para los liberales. Luego de varias batallas ganadas, el 15 de julio de 1867, Juárez entra triunfante en la Ciudad de México. Maximiliano fue ejecutado  y si bien llegaron muchas cartas a Benito pidiendo por la vida del noble, afirmó que nada se podía hacer contra la ley promulgada el 25 de enero de 1862, la cual daba la pena de muerte a los traidores de la patria así como también a todos aquellos que colaborasen con los franceses.

El segundo gobierno de Benito Juarez

El gobierno que enfrentó Benito fue duro, pues México había sufrido quinquenios de retraso debido a las sucesivas guerras, crisis o invasiones. De todas maneras, su máxima, “que el pueblo y el gobierno respeten los derechos de todos. Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, fue inmortalizada por sus mismos actos. Si bien centralizó el poder en el Ejecutivo, su popularidad no disminuyó porque se reconoció que esto era necesario y además porque no infringió la Constitución.

Disminuyó el gasto fiscal de un Ejército grande, se atrajo la inversión extranjera sobre todo la estadounidense, asimismo se concretó el trato con una compañía inglesa con respecto a la construcción del ferrocarril México-Veracruz, se redujeron los impuestos de aduana para favorecer las importaciones y exportaciones, se hicieron proyectos para ampliar las redes telegráficas, entre otras decisiones que buscaron que México recupere el tiempo perdido. Claro está la Iglesia, los sectores conservadores y en ocasiones el Congreso actuaron como los principales adversarios.

Finalmente,  el gobierno liberal se esforzó por mantener las buenas relaciones con Europa, después que quedaran bastante sensibles con lo sucedido a Maximiliano. En cuanto a la educación, el gabinete de Juárez continuó con su política de invertir en una de tipo laica y que alcance todos los estratos, pues gran parte de las personas en México eran analfabetas y nunca llegaban a asistir a una escuela. En medio de todo este trajín que le exigía su trabajo, su salud se quebró en octubre de 1870 cuando es víctima de un ataque cardíaco. Se recuperó pero la desdicha no acabó allí, sino cuando su esposa, Margarita, murió muy joven, a los 44 años de edad, el 2 de enero de 1871. Benito quedó destrozado y tardó varios días recuperarse, asimismo confesó sentirse muy solo. Desde varios puntos del país llegaron las condolencias.

La tercera elección y muerte

Benito Juárez, fiel a la tradición mesiánica que envuelve a todos los líderes revolucionarios, creyó que nadie podría llevar a cabo su proyecto de gobierno. Su antiguo amigo político Sebastián Lerdo le pidió no hacerlo, pues su actitud podía interpretarse como una dictadura. Finalmente, las elecciones de julio de 1871 se llevaron a cabo y tanto Porfirio Díaz, el otro candidato, como Lerdo, fueron derrotados. El Congreso ratificó el triunfo de Juárez luego de un largo de debate sometido a votación.

De todas maneras no quedó mucho tiempo para hacer grandes cosas, puesto que su salud estaba ya muy quebrada y en la última primavera de su vida había sufrido dos ataques cardíacos más. Finalmente el 17 de julio de 1872 llegó la recaída final. Al parecer los síntomas eran varios y sufrió ataques al corazón por los cuales Benito, en la agonía que duró poco más de un día, tuvo que ser revivido con baldazos de agua hirviendo. Resistió todo el día siguiente, cuando ya se encontraban con él muchos amigos y también, desde luego, sus familiares, como sus hijos y nietos.

Así,  casi a las once y media de la noche, del 18 de julio de 1872, dejó de existir. Se declaró en total un mes de honores en México. A la mañana siguiente, la artillería disparó cada cuarto de hora en señal de duelo. Lamentablemente, sus sucesores no estuvieron a la altura de su capacidad y visión política, y llevaron a México por sendas paradójicas y perjudiciales para su futuro.

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