La sociedad espartana

Posted by admin on Dec 1, 2010 in Grecia antigua |
   

Un pueblo conocido por sus rígidas costumbres

“Peleemos con valor por esta patria, y muramos por los hijos, sin cuidarnos en manera alguna, ¡oh jóvenes!, de la vida. Combatid empero estrechos…”; “….unos con otros y no comencéis medrosos la vergonzosa fuga. Antes bien, poned en el ánimo grande y poderoso coraje, y despreciad la existencia para pelear con hombres…”.

Este pequeño párrafo extraído de las Elegías de Tirteo, refleja claramente la mentalidad del hombre espartano, pero lejos de prejuicios machistas, se podría decir que también las mujeres estaban ajustadas a esos mismos parámetros, impuestos por los hombres, cuyo entrenamiento era iniciado desde la más tierna infancia. Los espartanos fueron uno de los tantos grupos que formaron una polis que pasó a formar parte de la Hélade, a orillas del río Eurotas, al sur del Peloponeso. Su población era de origen dorio y para establecerse en dichos lugares había optado por someter a los primitivos pobladores mediante la esclavitud.

Pronto, los espartanos se darían cuenta  de que las tierras donde se asentaron eran demasiado pequeñas, por tanto, iniciaron  una era de expansión, por el Peloponeso, que apuntaba a la región conocida como Mesenia. Ahora bien, para llevar a cabo empresas de conquista exitosas, obviamente se necesitaba  un ejército considerable, y así, con esa idea  en el horizonte la que debía garantizar la existencia de la polis espartana, se forjaron las bases para una sociedad rígida y eminentemente militarista.

Como ya citamos, los espartanos sometieron a los pueblos primitivos que allí encontraron a su llegada. Así entonces,  la sociedad se dividió en tres clases claramente diferenciadas: los iguales o espartanos, es decir todos aquellos que descendían de los dorios, y que a su vez poseían más tierras, derechos, dinero, acceso a puestos públicos, entre otras prerrogativas (Estos, también recibían una educación bastante elitista y en el caso de los hombres, estrictamente militarista). En segundo lugar,  los periecos u hombres libres, los cuales vivían en los alrededores, podían tener algunas tierras y se dedicaban al comercio, la artesanía y la agricultura. Finalmente los ilotas o siervos del estado eran los que no tenían ninguna clase de derecho y no estaban protegidos por las leyes. Eran a su vez, el grupo más numeroso. Con respecto a la organización política, puede resultar un poco más difícil.

El estado espartano estaba dirigido por una monarquía, o mejor dicho diarquía, pues existían dos reyes. Eran de ascendencia noble y sobre ellos reposaba todo el poder político, militar y religioso de Esparta. A continuación tenemos el Senado o Gerusia, un organismo compuesto por ancianos, 28 en total de carácter vitalicio y que tenían que ser mayores de sesenta años. Estos tenían el poder de dictar leyes, elegir al rey y dirigir las relaciones exteriores. De vez en cuando podían juzgar delitos graves. El Eforado era otro organismo compuesto por cinco magistrados los cuales controlaban al rey y al senado y se encargaban de decidir la guerra y la paz. Más allá de ser otra institución del aparato estatal, se podría decir que sobre sus hombros reposaba la vigilancia de toda Esparta, desde las órdenes a los jefes militares, pasando por la supervisión de las finanzas, hasta llegar a una inspección cuidadosa de la agricultura, comercio y otras actividades.

Finalmente,  tenemos a la Asamblea popular o Apella, integrada por espartanos mayores de treinta años que también podían nombrar al Senado y a los éforos. En conclusión podemos decir que a pesar de que la figura del rey era muy respetada y se le tomaba como gran autoridad, definitivamente, el Estado espartano tenía distintos órganos que se controlaban el uno al otro. De este modo se evitaban las dictaduras, aunque a decir verdad, debido a lo rígida que era la sociedad, los espartanos no estaban muy lejos de esa idea.

La vida cotidiana bajo este régimen

Desde el mismo momento del nacimiento, los espartanos debían pasar por una prueba. Así entonces,  un niño recién nacido era minuciosamente examinado a los pocos momentos de nacer por los ancianos de la tribu correspondiente en un lugar llamado Lerché. De no cumplir con los requisitos físicos, se le arrojaba desde el monte Taigeto. Si la caída no los mataba, entonces lo haría tarde o temprano la misma naturaleza. Las mujeres pasaban por la misma revisión, pues ellas debían también ser aptas para dar a luz más varones sanos que se encargarían en un futuro de proteger el Estado. Hasta los siete años de edad, los varones espartanos podían vivir con su familia, pues luego eran desprendidos de sus hogares para ser criados por el mismo Estado.

En el aspecto intelectual, los niños, púberes y adolescentes eran inculcados en el amor a la patria, la subordinación a la autoridad y a respetar los valores culturales de su ciudad-estado. Pero eso era lo mínimo, pues, las mayores inclemencias venían con las exigencias físicas. Así, los jóvenes eran abandonados a la deriva para sobrevivir ante determinadas situaciones extremas, para usar tanto la fuerza como la inteligencia, en el sentido que debían racionar alimentos, soportar frío, no generar lazos de cariño por sus parientes y sencillamente tener la sensación de que no podían confiar más que en sí mismos. Si es que pasaban esta prueba entonces el varón espartano podía convertirse en un ciudadano y en hoplita, es decir un soldado, algo que sucedía alrededor de los veinte años.

Las mujeres recibían también un entrenamiento físico aunque no tan estricto, y el resto del tiempo las exigencias de la educación estatal se complementaban con determinadas normas que ellas debían cumplir en el hogar, una vez fuesen esposas, listas para dar a luz a los hombres más fuertes de Grecia. Este factor, les dio, aunque suene paradójico, una mejor situación social que en otras polis griegas, donde era consideradas meros instrumentos para tener hijos. Los diez años próximos de los varones, luego de acabar las pruebas, significaban la posibilidad de volver a acercarse tenuemente a la familia, y hasta casarse, pero al menos hasta los treinta años debía residir en un cuartel. Cuando hubo pasado esta última prueba, recién allí entonces se cree podía disponer de todos los derechos ciudadanos que merecía. Hasta los sesenta años, los espartanos quedaban sujetos a las normas del estado.

Prácticamente se podría decir que toda la vida cotidiana de un espartano, sea hombre o mujer, estaba basada en la educación. Es decir, la existencia de ellos, no podían mirar más allá de o bien ser un militar, una mujer encargada de cuidar a sus familias, o un futuro funcionario de estado. Otras dedicaciones como la filosofía, arte o viajes quedaban restringidas a muy pocas personas o eran de práctica casi nula. De todas maneras con el tiempo la sociedad espartana se fue abriendo un tanto a sus hermanas polis griegas y dentro de sí misma. Por tal efecto, se admitió ilotas en el Ejército y algunos atenienses, ciudad enemiga declarada de Esparta, se educaron en esta última urbe.

Algunos hechos de la ciudad

Hay muchos espartanos en la lista de nombres históricos. Desde el célebre legislador Licurgo, considerados por algunos un personaje mítico, hasta el rey Leónidas, quien se dice salvó a Grecia y posiblemente hasta occidente por varios siglos, de la dominación persa en la batalla de las Termopilas dentro del marco de las Guerras Médicas. Aunque es verdad que Esparta fue saqueada, y no sólo en esta, sino en varios ocasiones, su preponderancia sobre la Hélade gracias a su Ejército, sólo pudo ser contrarrestada por la Marina ateniense. Así estalló la Guerra del Peloponeso, en la cual Esparta venció gracias a generales como Lisandro. De todas maneras Pausanias, el otro rey, estuvo allí para generar la división y la traición.

El hecho es que luego de haber sido el Estado fuerte y el máximo escudo contra Persia, Esparta, por cuestiones políticas, se mostraría muy pasiva con el imperio de los aqueménidas. Después vino la Guerra de Corinto y la paz con griegos y persas. Pero tras varias décadas de prácticamente guerrear sin descanso, se debilitó a Esparta, y por si fuera poco a Atenas incluida. Pronto, a inicios del siglo III a.n.e., ambas ciudades se percataron que los tebanos estaban cobrando fuerza y podía amenazarlos. No se equivocaron, y ante el intento espartano de someter a Tebas, la historia dejó patente que su gloria había quedado atrás, pues los descendientes de Leónidas fueron rechazados y derrotados, poniendo fin así a la hegemonía de esta polis sobre el mundo griego. Luego vino Alejandro Magno y después los romanos; ya para estas épocas, tanto Esparta como Atenas, hicieron sus esfuerzos, en medio de sus eternas alianzas y disidencias políticas con otras polis, para tratar de mantener la libertad.

Con Roma lo conseguirían, así como extraordinaria calma, no obstante a costa del sometimiento político. Toda revelación contra el poder itálico era absolutamente inútil. Esparta pasó a ser una ciudad más de Grecia, con una gran historia, y eso es todo. Su educación continuó siendo la misma, rígida y muy conocida en la región por ello, pero nada más. En ocasiones tanto para defender la ciudad como para nutrir las legiones romanas, aunque no era necesariamente algo cotidiano. De más está decir que tuvo que pagar un tributo a Roma. Así permaneció durante varios siglos, y con los Balcanes siendo saqueados por varias hordas bárbaras, Esparta no pudo ser la excepción; hasta que finalmente en el año 395 los visigodos la destruyeron. No mucho después, la parte occidental del Imperio cayó y Esparta no fue reconstruida sino hasta cuando el Imperio Bizantino, aquel rezago viviente de la Roma clásica, pudo rescatarla del olvido, reconstruyendo la ciudad muy cerca de la zona donde antiguamente se erigió. Actualmente urbe sigue existiendo bajo el mismo nombre no tan lejos de su antepasado clásico.

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