Batalla de Yorktown

Posted by admin on Sep 20, 2010 in Batallas del mundo |
   

La última gran batalla

La Guerra de Independencia Americana, el primer experimento político de tal tipo, fue una revolución costosa y larga.  En aquel lapso de tiempo se vivieron un sinfín de penurias, actos injustos y genocidio perpetrados por ambos bandos, pero al final una causa parecía más noble que la otra y fue la que finalmente  se impuso. Lo que los colonos americanos trataron de hacer no estuvo claro desde un inicio, lo que es más,  estuvo lleno de complicaciones y se perdieron muchas batallas contra los ingleses, aunque más que por falta de ánimos y entusiasmo, fue por falta de logística. Poco a poco los estadounidenses crearon su bandera, obtuvieron cañones y su ejército pasó de ser una milicia improvisada a profesionales condecorados y experimentados. Para el año de 1781 las cosas no dejaban de estar mal, tanto para colonos como para ingleses. La campaña se había tornado prolongada y exhaustiva, por lo que  era de esperarse que una batalla decisiva se acercaba. Washington y el general Rochambeau entonces, creen que el año decisivo era el que estaba en curso y enterados de una fuerte guarnición de casi 10 mil soldados británicos sobre el actual Nueva York, acuerdan conveniente expulsarlos del lugar.

Sin embargo,  el célebre general francés, Lafayette, trajo información al cuartel colono: resultaba que lord Cornwallis se había establecido  y acampaba en Yorktown cerca del río York en el estado de Virginia, contaba además con una nada despreciable cantidad de 7500 casacas rojas. Allí estaba mucho más seguro y tenía además la ventaja de contar con la Royal Navy por la cercanía. Para el mes de junio Washington moviliza su inteligencia  y para julio ya conoce el lugar exacto de los ingleses, rogando que estos no se moviesen de lugar pues planeaba un silencioso movimiento que plantara cara a los británicos, reuniendo tropas estadounidenses y francesas. Estas no estarían solas  pues la Armada Francesa al mando de otro héroe francés para Estados Unidos, el almirante de Grasse, estaba en camino con casi noventa barcos, los que  se encargarían de prestar combate en el mar, equilibrando la batalla. Así,  se puede deducir que para uno y otro bando las cosas estaban en similar estado, la victoria era algo que nadie podían cantar antes de tiempo. Un gran enfrentamiento naval y terrestre, se preveía.


Preparativos

George Washington lideró la marcha rumbo a Yorktown, acompañado de Rochambeau, otro francés en sus líneas. Iniciado el 19 de agosto, iban casi 4 mil franceses y 3 mil americanos desde Newport en Rhode Island. Washington quiso generar este avance, como dijimos ya, en el más absoluto secreto, y durante el camino se dedicó a enviar espías así como falsos mensajeros que demostrasen a los ingleses que el ataque verdadero se llevaría a cabo en Nueva York, como inicialmente se planeó. Hubo algunos inconvenientes en las filas patriotas cuando se negaron a continuar si no se les daba su paga, petición aprobada por el Congreso Continental. En el camino también hubieran buenas noticias, pues se enteraron que Grasse había llegado con la flota y los soldados de éste fueron enviados a unirse a los de Lafayette. La llegada de la flota no fue desapercibida   por los británicos  quienes envían la Royal Navy a acabarla, pero no tuvieron muy buena información con respecto a la cantidad y la potencia de la flota y los británicos sufrieron una aplastante derrota en la denominada batalla de Chesapeake, obligándolos a regresar, con bajas claro está, hacia Nueva York, librando a las tropas en tierra de un peligroso bloqueo o martillero naval.

El 14 de septiembre,  Washington llegaba a Williamsburg en Virginia. El 26 de aquel mes llegaba la artillería, soldados y suministros franceses, incrementando el poder del ejército rebelde. Ya para entonces su número ascendía a casi unos 19 mil soldados, una cantidad temeraria. Dos días más tarde Washington empezaba a rodear Yorktown, tomando los franceses el flanco izquierdo y los americanos el derecho. Las baterías se ajustaron desde posiciones clave, pues Washington creía que podría rendir a los británicos sólo con el bombardeo.

El inicio de la batalla por la independencia

El 29 el ejército aliado estaba a la vista de unos sorprendidos ingleses quienes empezaron a bombardearlos aunque sin ocasionar grandes bajas, luego se intercambiaron algunos disparos entre ambos bandos. Desde un inicio los británicos presionaron alrededor del pueblo y trataron de aprovechar todos los terraplenes construidos Cornwallis ordenó retroceder hasta la llegada de los refuerzos prometidos por Clinton. Estos metros fueron aprovechados por los aliados quienes ocuparon algunos puntos defensivos y colocaron allí sus baterías, construyendo trincheras y más terraplenes. El 30 de septiembre hubo también muchos intercambios de disparos y los franceses se llevaron esta vez la peor parte en bajas. En el bando inglés las cosas no iban para nada bien, a sabiendas de que en el mar estaban enfrentándose a una poderosa flota y que los aliados los superaban en número, comenzaron a existir desertores, que se pasaron al bando aliado informando la posición.
Narraron detalles, como la falta de suministros, de comida y sobre todo agua, muchos caballos murieron de sed en aquel otoño. Los británicos, para disimular sólo lanzaban un discreto fuego sobre sus enemigos, mientras estos se preparaban para la batalla. Quizá ya sabían su destino, que la batalla estaba decidida de antemano, y esto también resulta anecdótico pues el fuego inglés se incrementó un tanto con el pasar de las horas, ¿estaban acaso presas de la desesperación? El 2 de octubre su artillería intentó cubrir un golpe de la caballería inglesa pero fue totalmente desbaratado y estos retrocedieron dejando sobre el campo a cincuenta muertos. Las defensas aliadas estuvieron listas el 5 de octubre y Washington dio la orden de atacar al día siguiente.

El castigo a la monarquía

El 6 de octubre los aliados, incluido el propio Washington cavaban una trinchera cerca a las líneas británicas, pues la neblina y un clima lluvioso taparon totalmente la visión enemiga. Al final fue una trinchera de unos 1800 metros que iba desde parte de Yorktown hasta el río York. La mitad de ella sería cubierta por soldados americanos, la otra por franceses y a estos correspondió la tarea de distraer a los ingleses para bombardear sus barcos en el río, pero esto intento se vio frustrado por un desertor y los franceses en esta parte de la trinchera fueron torturados por los ingleses. Pero nada pudo detener los planes y tres días después los aliados tenían toda la batería colocada en las trincheras, y a las 3 de la tarde la artillería francesa abrió fuego contra la fragata británica HMS Guadeloupe, la que fue hundida para que se evite su captura.

A esto, dos horas más tarde siguió el bombardeo estadounidense, el primero de los proyectiles cayó sobre una mesa de los militares ingleses, quienes estaban comiendo. La artillería aliada en su conjunto supuso un gran problema que desmoralizó a los ingleses. Y así, sin descanso se torturó a los ingleses durante toda la noche, para evitar que tuviesen algún tipo de descanso, estos no hicieron ningún disparo, lo que es más, muchos se dispersaron y desertaron. En el puerto algunas otras naves fueron bombardeadas y dañadas. El 10 de octubre los americanos encontraron una casa grande y llamativa en Yorktown y creyendo que allí estaban sus enemigos la derribaron destruyéndola, en el puerto ya eran casi una docena las naves hundidas y muchas otras estaban siendo perjudicadas por el fuego de las dañadas. Cornwallis advirtió que lo restante de la flota partiría de allí el 12 como máximo, en cuanto a él, deseaba que Clinton llegase cuando pudiese pues no podría resistir mucho más.

Al día siguiente, 11 los aliados intentaron cavar una trinchera mucho más cerca de las líneas británicas, casi a 400 metros, pero los británicos les impidieron completarla. Cornawallis tampoco advirtió la extensión de esta nueva línea y para el 12 de octubre recién se percató la cercanía de los aliados. El 14 de octubre las trincheras estaban cerca de los británicos y se ordenó un nuevo ataque de artillería que acabe con los británicos durante la noche. Los reductos nueve y diez serían atacados por los franceses y americanos respectivamente. El 14 de octubre a las 6:30 empezó un ataque de distracción mientras que se preparaba el asalto sobre Yorktown, y con las bayonetas listas los americanos acabaron con toda resistencia en el reducto 10.

La lucha fue feroz por donde se la vea y los británicos se vieron obligados a rendirse, a los americanos les costó sólo 9 muertos y 25 heridos. Los franceses tuvieron también éxito a pesar del fuego artillero enemigo y lograron sobrepasar a los alemanes aliados de los ingleses. Con esto Washington tenía su artillería cerca del pueblo y desde tres direcciones. Los británicos intentaron un contraataque pero se vio frustrado, todas las armas que dañaron fueron reparadas después de que los franceses llegasen para socorrer a los americanos.

El 16 de octubre los británicos se despertaron con la sensación de que el mundo se partía en dos, pues el fuego artillero aliado les cayó intensamente por lo cual Cornwallis intentó evacuar sus tropas desde el río York hasta Gloucester, allí podrían romper el cerco aliado y dirigirse a Nueva York. Sin embargo esto se hizo imposible y luego de consultar con sus cercanos, Cornwallis decide rendirse.

Epílogo

El 17 de octubre se acercó un oficial británico con una bandera blanca a las líneas aliadas, el fuego cesó y el 18 las negociaciones ya eran abiertas. Al día siguiente, el 19 de octubre de 1781 los representantes de Cornwallis firmaron la rendición incondicional, sus hombres fueron considerados prisioneros de guerra. Eran en total 8 mil con más de 200 piezas de artillería y 24 navíos. Un humillado Cornwallis rechazó reunirse con Washington ni tampoco acudió a la ceremonia pues se declaró enfermo. Envío a su general Charles O´Hara con su espada para rendirse ante Rochambeau. Se dice que los prisioneros de guerra británicos, iban entre los americanos y los franceses, cabizbajos y humillados, eran los casacas rojas, ahora los vencidos y el inicio de la historia de un nuevo país y una gran nación.

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